Olegario M. Moguel Bernal (*)
Un tweet afortunado me condujo a la que, después supe, es una de las obras cumbre de la literatura del África subsahariana: “Todo se desmorona”, de Chinua Achebe (Debolsillo, 2011).
Escrita en 1958, “Todo se desmorona” nos brinda un amplio y severo panorama de la vida en comunidades de costumbres primitivas africanas. La obra no lo patentiza, pero el origen del autor nos hace suponer que la trama se desarrolla en Nigeria. Aunque el carácter universal del tema en cuestión, la conquista y sus efectos inmediatos, hace irrelevante situar en forma geográfica el punto de la acción.
Con el empleo de un lenguaje de asombrosa sencillez, por momentos casi de cuento infantil, Chinua Achebe desgrana momento a momento, pensamiento a pensamiento y superstición a superstición la historia del valeroso Okonkwo, hombre curtido en las más obstinadas idolatrías, cuya personalidad seria e incansable embona a la perfección con su imponente y fornido físico y su exigencia obsesiva para consigo mismo y los suyos.
La vida de Okonkwo, quien se gana el respeto de la tribu por derrotar en combate limpio al hasta entonces luchador invicto —un hecho que marca su personalidad al distanciarlo de la patética vida de su padre—, se extrapola en espiral ascendente a la historia de su aldea y su idiosincrasia, la de las aldeas primitivas del bajo Níger y la de la llegada y colonización de los ingleses que arrasaron con las costumbres, primero con la zanahoria y después con el garrote. Es también la historia de todas las colonizaciones de occidente.
A lo largo de la lectura de “Todo se desmorona” es inevitable pensar en la colonización en nuestro país, en el Mayab, las ciudades, aldeas y en las vidas individuales de la población maya, cuya pureza de costumbres y tradiciones se diluyó al ritmo del avance de las tropas del hombre blanco.
Al desgranar la vida de Okonkwo, en la aldea Umuofia, se nos plantea una realidad que representa la historia evolutiva (¿involutiva?) de los pueblos. Se plasma esta realidad en unas cuantas páginas, a través de los ojos de un personaje que ve cómo se desmoronan sus tradiciones, costumbres, creencias, sistema de gobierno y hasta sus dioses.
La obra no se sitúa en un momento específico de la historia, pero dada la referencia a la colonización se trataría del último tercio del siglo XIX.
Salpicada de anécdotas y costumbres, algunas con alto grado de crueldad, la historia nos revela la vida de un pueblo dedicado al trabajo, con poca disposición al ocio y a la diversión. Aun en medio de esa rudeza, Okonkwo destaca por ser uno de los más severos y ásperos en el trato a sus hijos y a sus tres esposas.
También destacable es la veneración que todos en la aldea prodigan al concilio de sabios. Las decisiones que toman son inapelables y ¡ay, de aquel que las desobedezca! La furia de una diosa caerá sobre él y su familia. El relato así lo confirma.
Achebe nos transmite un frescor grato al tomar sus referencias metafóricas de la naturaleza: “volaba como el halcón”, “un silencio tenso como el que se produce entre dos rayos…”, y al enseñarnos la importancia del ñame en la vida de las tribus.
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Me condujo a este libro un tweet de Barak Obama, en julio pasado, con motivo de su visita a África para participar en los homenajes por los 100 años del natalicio de Nelson Mandela. En ese contexto, el ex presidente de EE.UU. recomendó varias obras de literatura africana.
Es una lectura muy recomendable para conocer sobre África y sus costumbres, más allá de las nada despreciables visiones periodística de Kapuszinzky y novelística de Vargas Llosa.
Una opción ideal para empezar el año leyendo.
Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia. @olegariomoguel
“Todo se desmorona”, de Chinua Achebe (Debolsillo, 2011) se encuentra disponible a la venta a través de internet
