Marzo 8, 2019
Macedonio Martín Hu (*)
En 1975, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estableció el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. El propósito que llevó a la ONU a reconocer los derechos fundamentales de las mujeres fue ponderar el valor de las féminas y hacerles justicia.
Pasaron años para que finalmente se reconocieran los derechos de las mujeres. Es inconcebible que muchos siglos se mantuvo la supremacía del hombre frente a la mujer, ese ser tan sensible que por su naturaleza ha contribuido a la preservación de la especie humana.
Por las leyes de la naturaleza existe una diferencia entre la estructura física del hombre y la mujer; algunos atributos de las mujeres difieren de los del hombre; empero, en cuanto a los derechos, no debe haber ninguna desigualdad. En los pueblos de la antigüedad existieron prácticas que marcaban diferencias entre las mujeres y los hombres, como la construcción de obras materiales, los combates militares, el ejercicio del poder, etcétera, sólo que había una confusión entre la debilidad física, porque en cuanto a inteligencia, capacidades y habilidades las mujeres siempre han sido iguales con los hombres.
La educación es el medio idóneo para que las mujeres incursionen en actividades que antes se creía un coto de los hombres, entre ellos el estudio, la política y los negocios. En comunidades rurales de Yucatán, hasta hoy muchas mujeres no tienen acceso a la educación, viven marginadas y desconocen sus derechos fundamentales. Ese problema las obliga a aceptar con resignación la explotación de su fuerza de trabajo, maltrato y vejaciones físicas.
Es triste reconocer que en pleno siglo XXI en muchas comunidades rurales que están alejadas de las zonas urbanas los hombres tratan a las mujeres sólo como objetos de sus emociones y las obligan a creer, algunas veces con la complicidad de instituciones religiosas, que están resignadas a tener los hijos que la divinidad les mande. Además, las mujeres que no asistieron a las escuelas o no concluyeron sus estudios básicos, creen que están obligadas a las exigencias y humillaciones de los hombres.
Como referencia histórica respecto a la lucha de las mujeres para defender su dignidad y sus derechos, se tiene que, el 8 de marzo de 1857, en una fábrica de textiles de Nueva York, Estados Unidos (EE.UU.), un grupo de obreras salieron a marchar para exigir que sus salarios sean iguales a los de los hombres, porque les pagaban la mitad del salario que devengaban los hombres por el mismo trabajo; la manifestación de las mujeres fue brutalmente reprimida y en la masacre más de 100 mujeres perdieron la vida. Por fortuna, la lucha de esas mujeres no fue inútil, porque a los pocos años se fundó el primer sindicato femenino.
A partir de esos movimientos de organizaciones femeniles, éstas empezaron a ser más participantes en las luchas sociales. En 1975, la ONU declaró el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer.
En las comunidades rurales de nuestro país, muchas mujeres continúan padeciendo la marginación y el maltrato de los hombres; para combatir y erradicar ese flagelo, es imprescindible fortalecer el sistema educativo para que las mujeres reconozcan sus derechos y no permitan la presunta supremacía de los hombres. En las zonas urbanas existe una sistemática violación a los derechos fundamentales de las mujeres y la violencia intrafamiliar es un mal que todavía priva en hogares yucatecos. Por ello, en este Día Internacional de la Mujer, que no sólo sirva para la realización de actos protocolarios y discursos demagógicos, que luego se lo lleva el viento; urge la aplicación de políticas de Estado, que convierta en realidad el respeto a los derechos de las mujeres, consagrados en la Constitución de México. ¡Felicidades a las mujeres en su día!— Mérida, Yucatán.
chilambalam945@hotmail.com
Maestro de la Universidad Pedagógica Nacional
