Diputados Vs. matrimonio igualitario
Marcelo Pérez Rodríguez (*)
Una vez más los diputados locales dijeron no al matrimonio igualitario y dieron un golpe a los derechos humanos de muchas personas.
¿A qué le temen los legisladores yucatecos que se niegan a aceptar que las parejas del mismo sexo legalicen su unión? ¿Hay alguna consigna de alguna autoridad? ¿Qué móvil los lleva a una obcecada cerrazón, a votar contra el amor de dos individuos?
Es cierto que el matrimonio entre dos personas del mismo sexo es un tema polémico, con muchas aristas para discutir, pero en otras entidades y países el matrimonio igualitario está aprobado y legalizado. No es nada de otro mundo ni nada que escandalice en el presente siglo.
¿Acaso les asusta que dos personas del mismo sexo se amen, vivan juntas, sean pareja legalmente, formen así una familia y vivan felices? ¿No el amor es un sentimiento universal de los seres humanos y se busca que se manifieste sin cortapisas para humanizarnos más cada día? ¿No somos iguales como individuos y tenemos los mismos derechos sin importar color de piel, religión, ideología, sexo, cultura y preferencias?
Nadie puede prohibir ni evitar que una persona ame a otra. Los sentimientos son personales e íntimos que nadie debería encadenar, pero hay quienes prohíben y obstaculizan el amor y esto obliga en muchos casos a formar parejas frustradas, infelices, sin sueños ni ideales. Aquí, hablando de cualquier pareja sin importar el sexo.
Hay muchas parejas del mismo sexo que se aman y son felices, como hay muchas parejas de hombres y mujeres que son infelices y solo están juntos por conveniencia u obligación. Es decir, el amor se da en parejas igualitarias o de diferente sexo.
Creo que el amor y los sentimientos no discriminan cuando son sinceros y buscan esa ansiada armonía emocional en una pareja.
¿Es obligación entonces enamorarse y amar a alguien de otro sexo, aunque los sentimientos, emociones y amor se dirigen a alguien del mismo sexo? ¿Quién dice y ordena esto? El amor es libre, personal y sublima al ser humano.
No estamos en la Edad Media ni en el oscurantismo para discriminar esas relaciones igualitarias y negarles a los individuos el derecho que tienen de legalizar su amor de pareja.
No olvidemos que vivimos en una época diferente, en donde el pensamiento evolucionó y se supone que nosotros también.
Es reprobable e inaudito que unos legisladores voten contra el matrimonio igualitario, además en secreto y en lo oscurito.
En otros países y en el nuestro hay gobernantes, funcionarios y políticos que aman a alguien de su mismo sexo e incluso forman pareja legalmente.
¿Por qué asustarse, señores diputados? ¿Por qué esa cerrazón para negar esos derechos en la entidad?
¿A qué le tienen miedo los legisladores que votaron en contra y por qué el temor de hacerlo abierto?
Si están seguros de lo que hacen y es parte de su forma de pensar e ideología, entonces no tienen por qué ocultarse, es alzar la mano a la vista de todos y argumentar los motivos.
¿Son tan fuertes las ideologías y creencias para ir contra los derechos de muchas personas o simplemente votaron por alguna consigna o presión?
Todas las personas tienen los mismos derechos. Todos somos iguales ante la ley. Si hay creencias en cuanto a que las parejas para amarse y unirse legalmente deben ser de diferente sexo, entonces discriminamos, obstaculizamos derechos y ponemos diques al amor.
Los diputados locales tuvieron una oportunidad más para hacer valer los derechos de muchas personas, pero los ignoraron y volvieron a actuar sin tomar en cuenta los más elementales derechos humanos.
Quedaron mal ante una parte de la sociedad estos legisladores por una acción que lesiona los derechos de muchos.
Este segundo voto es un golpe a las preferencias de los individuos y el derecho que tienen a legalizar su amor.
Nadie puede ponerle una tacha a los sentimientos, emociones, amor y preferencias de las personas, 15 diputados lo hicieron.
Pusieron candados en el clóset para que el amor, el matrimonio igualitario estén atrapados, sin respeto a sus derechos.
Se erigieron en una inquisición, actuaron como alumnos de Torquemada; ya habrá tiempo de cobrarles la factura.— Mérida, Yucatán.
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Profesor
