Enseñanzas de una temporada de remontadas
Ángel Noh Estrada (*)
Sin duda fue una gran temporada la de los Leones edición 2019. Aunque no se consiguió la preciada corona de la Liga Mexicana de Béisbol, un balance objetivo nos arroja muchos puntos positivos que llevaron a una euforia que yo no veía desde hacía muchos años.
Sin embargo, eso no impide que veamos con frialdad lo ocurrido en la recta final. Después de acabar con Guerreros de Oaxaca en cinco juegos y de barrer en cuatro a los poderosos Diablos Rojos, obtener el trofeo de la Liga parecía más una realidad cercana que un sueño. Los resultados de los primeros cinco juegos alimentaron esa esperanza, hasta que llegaron los partidos seis y siete en Monclova.
¿Qué pasó? La fortaleza del pitcheo se desmoronó. Y no me refiero al pitcheo abridor. En esos encuentros finales Yoanner Negrín y José Samayoa estuvieron siempre sobre un polvorín, pero cumplieron. Ni Manny Parra ni Miguel Peña, quienes los relevaron en ese orden, pudieron contener el bateo de Acereros y cuando ambos dejaron la loma ya el daño estaba hecho. Para colmo, los bateadores melenudos quedaron maniatados por el relevo de la “furia azul”.
Es un hecho que, salvo algunas honrosas excepciones, el bateo de Leones dejó mucho que desear en esos partidos decisivos.
Es en este punto en que nos seguimos preguntando por qué no se sacó de la banca a gente como José Juan Aguilar y Humberto Sosa, por citar sólo dos ejemplos, para sustituir a Xavier Scruggs y Art Charles, que nunca hicieron honor en la Serie del Rey a su condición de refuerzos. Los chispazos de ambos estadounidenses ante Oaxaca y Diablos fueron eso: simples chispazos.
“Casarse” con ellos y con el segunda base Walter Ibarra en esos momentos de definición es algo cuestionable para el mánager Gerónimo Gil. A menos que sea algo propio de la novatez, uno no se explica por qué sostenerlos en el campo de juego y no echar mano de una banca que pudo hacerlo mejor.
El manejo del pitcheo de relevo tampoco fue adecuado, no ante una artillería poderosa como la de Acereros. Se antoja una sacudida en el bulpén para la temporada 2020, pues se requieren lanzadores que den continuidad al trabajo de los abridores. Y aquí asoma una pregunta: ¿por qué en el partido siete no se echó mano de Dustin Crenshaw para relevar a Samayoa en lugar de Peña, cuyos números en la temporada no son nada para presumir? Sus razones habrá tenido el piloto Gil.
En fin, la directiva del club tendrá que hacer un análisis muy frío para decidir quiénes se quedan y quiénes se van en la próxima temporada. Queremos seguir viendo a jugadores que son toda entrega, como son César Valdez y Negrín en el pitcheo y Alex Liddi, Jonathan Jones, J.J. Aguilar, Jorge Flores, Sebastián Valle, Leo Heras y Luis Juárez en el orden al bate. No más esperanzas frustradas como las que encarnaron Charles, Scruggs, Parra, Peña, Ibarra y otros.
No quiero parecer pesimista. Con todo y las debilidades ya señaladas, aun con una primera mitad para olvidar, los Leones nos regalaron una gran campaña, de grandes emociones y satisfacciones. Y eso se agradece. Son unos dignos campeones de la Zona Sur que cayeron ante un gran equipo como es Acereros.
