Para que logre consolidarse una auténtica cohesión social, es fundamental que los individuos trabajen en la construcción de consensos y sean capaces de crear fórmulas de convivencia respetuosa a pesar de los disensos.
Cuando existe una integración exitosa del tejido social, el desarrollo comunitario se detona y se vuelve más viable solucionar los retos comunes.
Una de las principales virtudes presentes dentro de una sociedad civilizada es la solidaridad.
En ocasiones, ocurre que una persona o sector de la población, se torna vulnerable ante la adversidad o la catástrofe. Ejemplo de esto se da con la llegada de desastres naturales tales como los terremotos o los huracanes.
En medio de crisis devastadoras, el pueblo de México y de Yucatán se ha mostrado solidario, tendiendo una mano firme a los afectados por la desgracia.
La disposición para brindar ayuda humanitaria cuando esta se requiere, refleja la generosidad y el espíritu de colaboración de la gente de la comunidad.
Ahora bien, no solo es posible ejercer la solidaridad en momentos críticos. Son muchos los grupos poblacionales que se hallan en condiciones difíciles y es indispensable que sus necesidades sean visibilizadas para despertar conciencia entre los ciudadanos sobre el deber de apoyar sus causas.
Hay cientos de fundaciones y asociaciones civiles cuyo trabajo solidario ha mejorado la vida de personas con discapacidad, comunidades indígenas o mujeres violentadas, por citar algunos ejemplos.
Para ser solidarios, hay que desarrollar sensibilidad humana y contar con la determinación para sumarse a proyectos sociales de trascendencia, o bien, crear estrategias novedosas de acción para ayudar a quienes más lo necesitan.

