Por Gizeh Martínez López*

La gran mayoría de los humanos, sin necesidad de entrar en debate (aunque quizá con pequeñas diferencias), podemos identificar y discernir las características generales que debería poseer una persona para ser considerada buena en todos los sentidos que le podrían corresponder: un buen ciudadano, un buen estudiante, un buen trabajador, etc.


Gizeh Martínez López, estudiante

Por lo general, se puede concluir que, a grandes rasgos, lo ideal es que las personas busquemos el bien común; es decir, que nos preocupemos de manera genuina por proteger las condiciones necesarias para que todos podamos desarrollarnos dignamente (y que esa preocupación se vea reflejada en acciones y conductas tangibles).

No obstante, todos, en alguna ocasión, hemos elegido la opción que, en apariencia, era la más sencilla, conveniente o fructífera para nuestra propia persona, aunque no fuese necesariamente la que más velara por el bien común.

Todos, en algún punto, nos hemos desviado, en mayor o menor medida, del camino que mejor conduce al buen desarrollo de nuestra sociedad. O más simple aún: todos, consciente o inconscientemente, hemos elegido “el mal” en algún momento de nuestras vidas, muchas veces, incluso, a sabiendas de qué era lo correcto en realidad.

Sin embargo, se podría decir que, hasta cierto punto, obrar “mal” es normal. Nunca ha existido alguna persona perfecta, y lo más probable es que tampoco llegue a existir.

.Nuestra misma naturaleza humana nos lleva a equivocarnos, pero tampoco nos determina de forma absoluta, es decir, tenemos el poder de utilizar nuestros aprendizajes empíricos para transformarnos.

Aquí es donde radica, precisamente, la cualidad que distingue a las buenas personas de las demás: la preocupación mostrada por sus errores cometidos con anterioridad y la manera en la que éstas buscan mejorar, no sólo para sí mismas, sino para preservar la dignidad humana en sí.

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Por otra parte, podemos destacar un problema que amenaza esta distinción, y es que nosotros mismos, como sociedad, promovemos cada vez menos la protección del bien común.

Sin ir más lejos, en nuestro lenguaje (que es también parte de nuestra cultura) pueden identificarse frases como “el que no tranza no avanza” o “te hace falta malicia”, cuyos significados hacen referencia a que, mientras más se piense en uno mismo y menos en los demás, mejores resultados a largo plazo se obtendrán.

Pese a ello, lo más importante es recordar que, aunque erremos una o diez veces, tenemos la tarea de hacer todo lo posible por proteger aquello que, a la larga, nos protege a nosotros mismos: el bien común.

*Estudiante de Psicología en la Universidad Anáhuac Mayab,gizeh_m14@hotmail.com

Instagram: @gizeh_m

Jessica E. Ruiz Rubio es licenciada en Periodismo y maestra en Gestión de la Mercadotecnia. Comenzó su carrera periodística en 2004, año en que ingresó a Grupo Megamedia. Se especializa en trabajos especiales, análisis de tendencias digitales, temas locales y gestión de redes sociales.