Editorial

Políticas urbanas

Manuel J. Castillo Rendón (*)

De verdad, lamento ser reiterativo sobre los condominios que ya se están construyendo en el fraccionamiento Villas del Sol, a pesar de las múltiples observaciones con argumentos, hechas a las autoridades municipales y estatales, de acuerdo con los estudios, dictámenes, autorizaciones y licencias para dicho inmueble y a la evasiva del alcalde para reunirse a dialogar con los afectados directos, los ciudadanos que aquí habitamos, desde que se otorgó la primera licencia irregular para 56 departamentos en 2014.

Soy tercamente reiterativo, porque lo que nos está pasando denota menosprecio de la autoridad a los derechos humanos, a una forma de vida, al respeto a la propiedad patrimonial que cada familia define en alguna etapa de su vida y a las leyes, normas, reglamentos y programas que tienen que ver con el ordenamiento, conservación, mejoramiento y control en materia urbana, que el ayuntamiento tiene la obligación y responsabilidad de proteger. Y esta política de gobierno del Ayuntamiento ya se está replicando en otros rumbos de la ciudad, como un cáncer.

A pesar de las evasivas y mentiras, el 30 de agosto pasado el Ayuntamiento de Mérida otorgó la Licencia de Construcción para construir no 56, sino 72 departamentos, 5 niveles, 1 sótano (sic).

Todavía en el marco de lo formal, ahora preguntaría: ¿Cuál es la opinión de los regidores y, de manera especial, de los que integran la Comisión de Desarrollo Urbano y Obras? ¿Cuál es la opinión del Consejo Municipal de Desarrollo Urbano?, ¿aún existe? ¿Cuáles son las opiniones de los consejos instalados por la actual administración en materia urbana, de movilidad y ambiental?, ¿cuál es la opinión de la comisión de peritos?, ¿por qué no han averiguado qué está pasando? Y el Tribunal de lo Contencioso Administrativo del Ayuntamiento de Mérida, que de origen es parte y juez, ¿es un ente palero, encubridor de lo ilegal?

¿Cómo reaccionaría usted, lector de este artículo, si frente a su casa, ese patrimonio que decidió edificar en un área específica, colonia, calle, vecindario, su hogar familiar, resultado del trabajo y del esfuerzo, llego yo, compro 13 lotes, solicito y consigo del Ayuntamiento las licencias para la demolición de lo que está encima y construyo 72 departamentos?

Efectos

No se requiere ser un experto para imaginar lo que pasará con los servicios públicos para el suministro de agua y de la energía eléctrica, el incremento del tránsito vehicular, los problemas ambientales por el calor y gases expedidos por estos últimos, el depósito y la recolección de la basura generada por las 72 nuevas viviendas y, la saturación en el uso del suelo al incrementarse, en un solo punto, la superficie construida en un 553.8%; y qué decir, cuando se presente una simple reunión familiar o, las visitas de los amigos cuando se reúnan para un evento, ¿dónde van a parar sus vehículos? La verdad, se estacionarán en la calle, fastidiando a todos los vecinos y a quienes por ahí tengan la desgracia de pasar. Y, ¿quién es el responsable de este caos?

Vecinos de todo Mérida, dense cuenta de las contradicciones de la actual administración municipal. Cacarea que somos una ciudad sustentable, de calidad, incluyente, un modelo de desarrollo urbano, cuando lo único que les preocupa es una imagen, aunque sea de mentiras, porque solo atienden aquello que les produce imágenes mediáticas positivas. Le sacan a enfrentarse y resolver los problemas.

Definitivamente con las políticas urbanas que ahora se están manejado para darle cabida a otros modelos de desarrollo ajenos a nuestra forma de vida, quieren convertir a Mérida en otra Ciudad de México, Monterrey, o Guadalajara, por mencionar las tres ciudades más críticas y de donde están arribando fuertes capitales, porque han encontrado a unas autoridades laxas y una comunidad conformista.

Las inversiones inmobiliarias son muy buenas y necesarias, siempre y cuando estén ubicadas en donde deban de estar, y para eso sirven los Programas de Ordenamiento (¿Desarrollo?) Urbano en todas sus modalidades y escalas, en donde se conserva, consolida, protege y mejora la calidad de lo existente y tendiendo a garantizar los futuros asentamientos humanos. Todo es posible hacer, pero con orden.

Para concluir, permítanme citar un comentario del presidente del Consejo de Administración del Banco Mexicano Inmobiliario, en entrevista realizada por el Diario el 15 de septiembre sobre la violación a la reglamentación municipal: “… Esto ocurre porque lo permite el municipio. Usted no puede violar la Ley, si no se lo permiten…”(sic) “… Yo conozco a muchos presidentes municipales que dicen no y también a presidentes de al lado que dicen sí…” (sic)

Por lo que podemos ver en Mérida, al Ayuntamiento y a su presidente los podemos ubicar en los que dicen sí; ¿qué hay detrás?

Conciudadanos, tengamos cuidado, abramos los ojos y ante la realidad de los absurdo, actuemos. Todavía recuerdo aquellas declaraciones ofensivas de aquel inculto y grosero inversionista inmobiliario fuereño quien, con palabras más, palabras menos, declaró: “… vengo a invertir en Mérida por la calidad de vida en la ciudad, ya que gracias a mi empresa, la mejoraremos, para que deje de ser un pueblo”. —Mérida, Yucatán

Arquitecto, exfuncionario federal, estatal y municipal

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