Editorial

Mi punto de vista

Cholyn Garza (*)

Aún no nos reponíamos de los hechos violentos en Culiacán cuando el ataque a miembros de la familia LeBarón nos volvió a estremecer.

Lo sucedido aquel jueves de octubre aún permanece fresco en nuestra memoria y en el corazón de quienes, gracias a Dios, aún tenemos sensibilidad y no estamos de acuerdo con la violencia que se ha desatado en el país.

Si bien es cierto que ha habido enfrentamientos, ataques a ciudadanos a poblados donde el crimen organizado pretende posicionarse o se ha posicionado ya, no menos cierto es que Ejército y Marina han dado la batalla con honor y valor.

Por eso nos parece inaceptable que haya habido un operativo, a todas luces mal planeado, para detener a Ovidio Guzmán, cuando tenía todos los elementos para que fuera exitoso. Y debió haberlo sido, si hubiera existido una buena estrategia.

Por más que trate de explicar Alfonso Durazo lo sucedido en Culiacán, la duda está presente en lo que a la decisión de liberar a Ovidio se refiere. Después de ver el vídeo de la supuesta aprehensión y liberación del delincuente, quedan más dudas que justificaciones.

La guerra contra el narco ha costado muchas vidas; nadie lo puede negar. Vidas de mexicanos que luchan día a día por devolvernos la tranquilidad que hoy añoramos. Miembros del Ejército y la Marina, unidos en un esfuerzo de paz. Esa paz que se escapó de nuestras manos por el exceso de tolerancia a delincuentes.

Quizás nunca se pensó en que la violencia no llegaría a la sociedad, de la manera que la estamos viviendo. El riesgo es para todos, no solo para un sector. Ha rebasado los límites tolerables.

Hoy, nos vemos angustiados, acompañados por la impotencia de no ver la luz que nos indique un futuro prometedor para las nuevas generaciones.

El ataque artero y cobarde a la familia LeBarón es una muestra más del enorme riesgo que representan individuos convertidos en enemigos no solo del gobierno, sino de nuestro amado México.

Individuos que no respetan nada ni a nadie. Individuos que llevan tatuada la maldad en el corazón, en el alma.

Quien se atreve a atacar a los ciudadanos como lo están haciendo las bandas criminales, no merecen consideración alguna.

La sola presencia de individuos convertidos en delincuentes es una ofensa a la sociedad. Los robos, asaltos, secuestros, entre otros, son parte de la forma de vida que han elegido los maleantes. No es por necesidad sino por falta de respeto a los demás. No les importa agredir y lo hacen porque se sienten de alguna manera protegidos por la interpretación que se les da a las leyes.

Lo que es abominable y por ningún motivo justificable, es la agresión despiadada y cruel con que actuó un grupo delictivo en contra de mujeres y niños.

Algo verdaderamente imperdonable y que no debe quedar sin castigo.

La situación de violencia que vive el país debe atacarse con medidas bien planeadas, con una buena organización y estrategia.

¡Ya basta! de contemplaciones y acuerdos con criminales. Ya basta de permitir que se apoderen de territorios y humillen a nuestras fuerzas armadas. Ya no más tolerancia a quienes están matando a nuestros jóvenes a través de la droga al convertirlos en adictos o de las armas al reclutarlos.

¿Por qué tener consideraciones con criminales? No son víctimas ¡Por favor! Son verdaderos asesinos que no respetan la vida de nadie. Quedó demostrado en el ataque a la familia LeBarón, que una vez más se ve envuelta en la tragedia.

Al ver las escenas donde aparecen vehículos calcinados, sin que sus ocupantes pudieran escapar. La angustia vivida por la menor que caminó horas para pedir auxilio, me pregunto con horror: ¿es éste el México que vamos a heredar a las futuras generaciones?

Nadie debería permanecer indiferente ante estos actos de terror y de horror. Si atentar contra la vida de cualquier ser humano es ya un acto reprochable, hacerlo contra niños es imperdonable.

¿Qué país queremos para nuestros hijos y nietos? Sin duda no el de la barbarie. Urge recuperar el país que un día tuvimos y que se dejó escapar por diversas razones. No debemos dejar que a México lo gobierne la delincuencia. Es tiempo de unirnos en el esfuerzo.— Piedras Negras, Coahuila.

cholyngarza@yahoo.com

Periodista

Hoy, nos vemos angustiados, acompañados por la impotencia de no ver la luz que nos indique un futuro prometedor

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