Editorial

Los torneos de lazo

Edgardo Arredondo (*)

La estridente música retumbaba en un coso armado con palos y sogas, eso sí: con palco de honor incluido. Casi mil personas reunidas.

Son las fiestas de la Virgen patrona del pueblo; abundan las familias con niños, algunos muy pequeños. Muchos de los varones están atrapados por Baco, con dos o más “caguamas” encima. Al centro un sujeto, micrófono en mano, da la bienvenida al “Gran torneo de lazos”. Anuncia a media docena de jinetes, como Jimmy Lennon Jr. presentando a los boxeadores en el Caesars Palace de Las Vegas.

Empieza el espectáculo. Uno de los vaqueros inicia el paseíllo, da una vuelta; de botas, pantalón de mezclilla, camisa a cuadros y sombrero tejano; el caballo solo lleva de aditamento la silla de montar. Después de recibir los aplausos del respetable, hace su aparición el rival en turno: otro jinete que da la vuelta y cosecha más chiflidos que aplausos. Se colocan uno frente al otro, con la reata preparada.

Después de un más que desafinado toque de trompeta, la puerta hecha de tablones permite la entrada de un toro, bien logrado en carnes, casi media tonelada; el animal pronto arremete contra uno de los jinetes que logra esquivarlo al igual que el astado lo hace con el lazo, tomando vuelo de nuevo, pero sorpresivamente cambia de objetivo: se va directo contra el otro jinete, es evidente que el blanco es el equino, el cual recibe de lleno la fuerza de uno de los pitones que perfora sin ninguna resistencia la pared abdominal, ocasionando una brutal herida de 40 cms., a través de la cual, sin impedimento alguno, brotan las vísceras al mismo tiempo que la bestia suelta un lastimoso quejido e inicia la huida.

El caballo es perseguido por el toro que esta vez embiste en la grupa; el asta derecha ha seccionado libremente la arteria iliaca abriéndose paso un poco por arriba del anca levantando al animal, en tanto que el despavorido vaquero se baja y huye cobardemente, mientras el corcel logra zafarse después de tres arremetidas más, corriendo, mientras las tripas colgantes se empapan de tierra y sangre dejando un rastro sinuoso.

En ese momento, los gritos de la gente ahogan al presentador que toma el micrófono para vociferar: “estos son los riesgos de nuestra fiesta”; parece que nadie lo toma en cuenta. Tres sujetos alejan al toro, dos de ellos con capotes y el otro con un garrote. El público delirante estalla en júbilo, sobre todo los más jóvenes que no desaprovechan, celular en mano, para tomar un video, una buena imagen, incluyendo de pilón una selfie teniendo de fondo al caballo agonizante que solo logra mantenerse erguido cinco minutos, antes que la sangre que sale a modo de un aspersor de la arteria seccionada ocasione que el animal se desplome en la arena.

La gente aplaude frenéticamente y desde muy lejos, en un retablo de iglesia unas lágrimas brotan de los ojos de la imagen de la virgen homenajeada.

Esto no es la narración de una película de terror, ojalá lo fuera. Aquí en Yucatán, en la tierra donde no pasa nada, donde presumimos de la seguridad, de tener el menor índice de homicidios; aquí donde cada vez más gente de fuera viene a vivir con nosotros, huyendo de la violencia de otros estados; aquí donde nos caracterizamos por el trato amable, aquí tierra de poetas y cantantes; aquí la tierra del faisán y el venado, donde orgullosos presumimos nuestras tradiciones, aquí tenemos que soportar el estúpido accionar del hombre, convertido en la bestia más bestia de las bestias.

Hace 15 años esto era parte de una fiesta tradicional: nada parecido con lo de ahora. Se lazaban vaquillas… ¿Qué fue lo que pasó?, ¿cuándo degeneramos para permitir esta barbarie? Ahora son llamados: “torneos de lazos”. Solo hay que navegar en internet para toparse con asombro y tristeza que somos el único lugar ya no del país… ¡del mundo entero!, donde ocurre esta salvaje práctica.

En las redes sociales abundan videos con títulos como: “El Español-Cornea a un caballo y Muere”-Torneo de lazo 2017, con más de 612,408 vistas; “El ausente-Cornea dos caballos”-Torneo de lazo Sotuta Yucatán 2017, con 142,421 vistas o este que dice: “Mejores Destripadas -Torneo de Lazo”, con 107,185 vistas y donde el creador escribe: “este es un video de destripadas, espero que les de tristeza jajajajaja”.

Pero lo más grave: ¿Qué estamos haciendo para proteger a nuestros niños, a nuestros futuros adultos? Lo más parecido a este inhumano espectáculo es la corrida de toros, la cual palidece ante este acto de horror. La fiesta brava es catalogada para los que son fanáticos como un arte; la pintura abstracta, no la entiendo, no me gusta, es arte… pero no hace daño.

Sé que mis amigos taurófilos y los que no son mis amigos me llevarán a la hoguera por compararla con este espectáculo de circo romano, pero quiero, guardando las debidas proporciones, señalar que hay estados del país donde se han prohibido, aunque hay otros donde se considera patrimonio cultural.

En España ya no se televisan en señal abierta, e incluso ciudades como Barcelona las han censurado. Algunos hispanos estudiosos del tema, sostienen que la fiesta brava en los niños produce un efecto perturbador, inhiben la sensación de compasión hacia el sufrimiento de los animales; les genera incongruencia porque les enseñamos primero a querer a sus mascotas, mientras permitimos que observen a los adultos disfrutar de la muerte brutal de un animal y finalmente las actos violentos pueden generar conductas violentas en la edad adulta. De tal manera que si ya es tema en México impedir la entrada de los niños a las corridas: ¿qué será con este rupestre espectáculo?

Indignado me dije: “esta salvajada debe de prohibirse”. Me llevé la sorpresa cuando descubrí que ya se ha legislado y… ya se prohibieron, pero al parecer, una vez más: ¡la impunidad, la maldita impunidad!…esto es letra muerta.

La fiesta ha terminado. La gente abandona el ruedo. Algunos adultos alcoholizados hacen portento de equilibrio para no caerse. Dos niños emocionados revisan en un celular el video tomado por su hermana mayor, justo en el momento en que un par de perros les ladra; uno de ellos les arroja una piedra…, el otro solo exclamó sonriendo: “Deberíamos lazarlos”.— Mérida, Yucatán.

arredondo61@prodigy.net.mx

Médico y escritor

Me llevé la sorpresa cuando descubrí que ya se ha legislado y… ya se prohibieron, pero al parecer, una vez más: ¡la impunidad!…

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