¡Mezquino!
Ernesto Arévalo Galindo (*)
“Y cuando cese el canto del quetzal, y el jaguar deje de rugir, el pueblo del maíz comprenderá que nunca debió herir a la tierra con una ciencia que era incapaz de comprender. Y entonces, cuando el cenzontle emita su última nota, ya será tarde”.— Daniel Abrego
Ante la pandemia por el Covid-19 que estamos padeciendo en el ámbito mundial. Ante los miles de muertos en el mundo, más de mil contagiados y las primeras muertes en nuestro territorio. Ante la nulidad de un servicio de salud pública eficaz en tiempos normales, ya no digamos en esta situación de emergencia. Ante la recesión económica que afecta a millones de ciudadanos. Ante la pérdida de empleo. Ante la falta de alimento en cientos, miles y millones de hogares. Ante el miedo que representa pensar en el futuro inmediato. Ante la crisis humanitaria, Andrés Manuel López Obrador dijo que “nos vino como anillo al dedo para afianzar el propósito de la transformación”.
Pregunta: ¿qué tipo de ser humano se atreve a decir esto? Respuesta: el presidente de México. El mismo que no se incomunica como lo han hecho otros líderes, verdaderos líderes mundiales, porque piensa que los conservadores quieren que se aísle para que haya un vacío de poder. El mismo que no ha suspendido sus giras de trabajo para no dejar de estar cerca de su “pueblo bueno y sabio”. El mismo que saludó de mano, a pesar de los millones de pesos gastados para promocionar la sana distancia, a la madre de uno de los narcotraficantes más sanguinarios en la historia de América Latina. El mismo que con su actitud ha sido pésimo ejemplo en el orbe para contrarrestar, con mayor éxito posible, el coronavirus.
Este es el México feo. El México de Andrés Manuel López Obrador y su Cuarta Transformación insolentes. Burlones del padecimiento de millones de seres humanos. No olvidar que los diputados federales de Morena aprobaron el proyecto de decreto para establecer reformas a las leyes generales de Instituciones y Procedimientos Electorales y de Partidos Políticos, para su reelección; lo anterior, en plena pandemia. Porque para ellos no hay ni habrá recesión, ni pérdida de empleo, ni falta de alimentos y ni miedo sobre el futuro inmediato. Tampoco no hay ni habrá, en ellos, una pizca de humanismo. ¡Miserables!
Este es el México feo. El México de Andrés Manuel López Obrador y secretarios de Estado, en su gran mayoría inexpertos, obsoletos e ineficientes para el ejercicio del servicio público como lo es Olga Sánchez Cordero, la que trabaja en Gobernación.
La que gana su sueldo transmitiendo su agenda de trabajo por tuit; mientras que, en el país, la ola de robos y asesinatos no desciende, y las madres de miles de desaparecidos continúan la búsqueda de sus seres queridos en una postura de reto contra el virus porque no hay ni habrá justicia, clavando un clavo más a la dolida sociedad mexicana.
“Hambriento”
Este es el México feo. El México de Andrés Manuel López Obrador y de Ricardo Salinas Pliego, el empresario típico “hambriento”, quien arremetió contra el aislamiento de las personas y la paralización de la economía, solicitud emitida por la Organización Mundial de la Salud (OMS), porque la gente de México morirá de hambre y no por el Covid-19. ¡El virus existe, éste no es mortal! Las crisis son propicias para incrementar las fortunas.
Este es el México feo. El México de Andrés Manuel López Obrador y su “pueblo bueno y sabio” que en el estado de Morelos amenazó con quemar un hospital si atienden a un paciente por coronavirus. El mismo “pueblo bueno y sabio” que en el estado de Jalisco agredió a médicos y enfermeras por temor a ser contagiados, cuando en otros países están siendo tratados como héroes. El mismo “pueblo bueno y sabio” que agrede a la sociedad, porque su “mesías” es agresivo. El mismo “pueblo bueno y sabio” que no acata las instrucciones del Sector Salud, ignorando el distanciamiento social, porque su “mesías” hace lo mismo.
Este es el México feo. El México de Andrés Manuel López Obrador con su pensamiento reducido a un punto ruin.
Este es el México feo. El México de un “pueblo bueno y sabio” falto de sentimientos nobles, generosidad y educación.
Y cuando cese el canto del quetzal, y el jaguar deje de rugir, el pueblo del maíz comprenderá que nunca debió herir a la tierra con una ciencia que era incapaz de comprender. Y entonces, cuando el cenzontle emita su última nota, ya será tarde.
Llegó el tiempo.
En el México feo.
¡Mezquino!— Cozumel, Quintana Roo.
arevalo61@yahoo.com.mx
Periodista
