Editorial

Acento de Mujer

Lourdes Casares de Félix (*)

La disciplina salvó a China, la indisciplina ahogó a Italia, la arrogancia está matando a Estados Unidos; esperemos que la ignorancia no mate a México.

Este comparativo de países que me enviaron respecto al manejo internacional del coronavirus lo veo cada vez más cercano a nuestro país, como si fuera profecía.

Nuestro pueblo es percibido como ignorante en algunos lugares del mundo y así ha sido catalogado según diversas encuestas. Por desgracia, en muchas ocasiones, el desarrollo educativo de las y los mexicanos se ve frenado por diferentes factores, entre los que destacan las condiciones socioeconómicas del hogar y el rezago educativo de los padres.

La combinación de éstos y otros factores influyen en el nivel educativo de la ciudadanía. Nuestra gente lee poco y se pasa muchas horas viendo televisión o internet, en entretenimiento o redes sociales.

El sistema educativo que tenemos no está centrado en otorgar a la población un sentido común cívico apegado al respeto a las normas sociales que evite las conductas agresivas para resolver los problemas de convivencia. Esta falta de educación, que en ocasiones se manifiesta como una falta de civilización, está en el origen de toda una serie de comportamientos y actitudes de las personas, por ejemplo en las circunstancias sanitarias que vivimos hoy día. Hay gente que no atiende ni escucha indicaciones como la de usar tapabocas (aunque sea uno casero), le faltan al respeto a los vecinos, al servicio médico o a los agentes de la policía, y no se quedan en sus casas.

La ignorancia conlleva también a un desinterés en lo que ocurre y a una falta de responsabilidad social. Son sorprendentes las respuestas de algunas personas al no usar tapabocas, tenemos: la fatalidad, si me va a dar me dará; la incredulidad, el tapabocas no sirve para nada; la mala información, es sólo para quien está enfermo (ignoran que deben protegerse y proteger en caso de que sean asintomáticos, como bien se ha explicado); la indiferencia, a mí me molesta esa cosa y no me deja respirar; la vanidad, me siento ridículo con eso; la inmunidad, para qué el tapabocas? Eso sólo les da a ricos.

La ignorancia tiene que ver con lo diferente, lo inesperado o desconocido y tiende a que las cosas se vean como algo peligroso y amenazante, genera tensiones y miedo. La ignorancia responde con discriminación y agresiones. Hemos visto ataques al personal de salud, como la amenaza de quemar un hospital si se atendía a pacientes con Covid-19. Una enfermera del Hospital de San Francisco en Bahía de Banderas, el pasado10 de abril, es expulsada de su comunidad por ser considerada un foco de infección. Las autoridades municipales apoyaron la petición de los vecinos y la acompañaron a su hogar para sacar sus cosas.

Personal médico es agredido en el transporte público… y así varias historias preocupantes cuando en otros países son aplaudidos y reconocidos como héroes nacionales por estar arriesgando su vida por la salud del prójimo.

Es de entender el miedo a infectarse cuando se ha escuchado en las noticias la falta de insumos básicos como tapabocas y otros aditamentos que reclama el personal médico y de enfermería. Es obvio que quienes atienden enfermos de coronavirus deben tener atuendos especiales para no contaminarse y no llevar el virus a sus hogares y a su vecindario; sin embargo, si salen del hospital con la misma ropa con la que trabajaron existe un gran riesgo de contaminar. El rechazo al personal sanitario podría explicarse, en parte, por el hecho de que el gobierno federal no les proporciona los insumos necesarios, y esta desprotección les hace objeto de discriminación.

Se requiere entender que el uso del tapabocas, la sana distancia, el lavado de manos y demás medidas de protección son necesarios para evitar el contagio, pero sobre todo que la gente entienda que si uno no se cuida, afecta a todos los que le rodean y sus familiares quedan expuestos al riesgo. Si no lo haces por ti, hazlo por ellos.— León, Guanajuato.

acentodemujer@hotmail.com

Activista y escritora