Uno, dos, tres… por la adultez

Antonio Alonzo Ruiz(*)

El profeta me invitó a seguir muy de cerca sus pasos.

Utilizaba una vara de madera para asegurarse que cada paso fuera en firme.

Aunque para mí todo era nuevo y desconocido, me sentía seguro.

Él sabía cuál era, aunque resbaladiza, la forma segura para cruzar el río.

Cruzamos con éxito el Yarden.

¿Qué sigue ahora? Pregunté entusiasmado por seguir adelante.

Seguiremos la ribera del río, hacia Al-Kharrar, junto a Betábara, explicó.

Mientras caminábamos, con tono familiar y apacible, el profeta relató: “Recuerdo cuando mis padres, después de mi Bar Mitzvá, me llevaron a En-Gedi, sede de la hermandad nazarea, junto al mar Muerto”.

“Después de más de un año de discernimiento y oración, a mis catorce años fui solemnemente consagrado a HaShem como Nazir”.

“Debía regresar a Jerusalén para completar frente al templo las ofrendas requeridas a los consagrados, tal como lo habían hecho Sansón, Samuel y Elías, padre de los profetas, mis predecesores e ilustres nazareos”.

“Desde entonces entendí que no fui yo quien eligió a HaShem, Él me eligió para estar con Él y enviarme como la voz que clama en el desierto: ‘Preparen el camino, enderecen sus senderos’”.

“Regresé con mis padres y cuidé de las ovejas por 18 años”.

“Con gratitud recuerdo, avisado amigo, que fui progresando en sabiduría, en estatura y en gracia delante del Altísimo y de los hombres, hasta que una noche, recibí la señal esperada”.

Psicólogo clínico, UVHM. Manejo de Emociones y Envejecimiento. WhatsApp: 9993-46-62-06.

@delosabuelos

Antonio Alonzo

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