Polvos de “Rápido y furioso”
Eduardo R. Huchim (*)
El número de muertes que causará en México el coronavirus oscilará, si bien nos va, entre 30,000 y 35,000. Esta dolorosa cifra es menor, pero se acerca a los 36,685 asesinatos cometidos en México en 2018 (Inegi).
Igual que la pandemia, la violencia demencial que padece este país no tiene cura ni vacuna efectiva hasta ahora. Es probable que los medicamentos y/o la vacuna contra el coronavirus que causa la enfermedad Covid-19 pronto estén disponibles, pero resulta sumamente difícil que los gobiernos de la República —federal y locales— puedan frenar el alud de homicidios dolosos que año tras año enlutan a miles de familias y cercenan millares de vidas jóvenes que podrían ser motores de desarrollo.
Muchas de esas muertes son causadas por armas llegadas de Estados Unidos y así se da la crudelísima ironía de que mientras México exporta sustancias para el divertimento de los estadounidenses, Estados Unidos exporta armas que matan a miles de mexicanos.
Anoto esta reflexión porque informaciones recientes dan actualidad a las operaciones impulsadas años atrás por EE.UU. para permitir el trasiego “controlado” de armas que, entregadas a narcotraficantes mexicanos, han causado muchas muertes incluso de ciudadanos de Estados Unidos. La más conocida operación de este tipo fue “Rápido y furioso”, que en su momento puso en predicamento al entonces fiscal estadounidense Eric Holder.
La operación fue iniciada en 2009 por la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF, por sus siglas en inglés) de EE.UU., para vender armas —2,500 rifles y pistolas— a presuntos criminales y dejarlas pasar la frontera mexicana con el fin de rastrearlas e identificar, así como capturar a los responsables del tráfico y a sus destinatarios. El objetivo no se logró.
El gobierno del entonces presidente Felipe Calderón ha negado haberse enterado de esa operación, pero hay evidencia documental de que no sólo sabía del tráfico “controlado” de armas, sino que instaló en México, con ayuda y supervisión de la Drug Enforcement Administration (DEA), un sistema de espionaje sobre mexicanos (Jesús Esquivel, “Proceso” 2276, 14/06/20).
El nombre del expresidente está asociado también con otro escándalo, el de Genaro García Luna, otrora poderoso secretario de Seguridad y actualmente recluido en una prisión en Estados Unidos. Testigo importante contra García Luna es el narcotraficante Edgar Valdez Villarreal, “La Barbie”, de quien ahora se sabe que era informante de la DEA y el FBI estadounidenses. Este hecho, revelado por la periodista Anabel Hernández en el programa de Carmen Aristegui en Radio Centro, hizo recordar una carta que el propio narco ahora procesado en EE.UU. envió a la periodista y en la cual “La Barbie” involucra directamente a Calderón.
El narcotraficante atribuía al entonces Presidente su detención por negarse “a formar parte del acuerdo que el señor Calderón Hinojosa deseaba tener con todos los grupos de la delincuencia organizada, para lo cual él personalmente realizó varias juntas para tener pláticas con grupos de delincuencia organizada” (“Reforma”, 28/11/12).
La semana pasada, el 10 de junio, Javier Schütte, integrante de Desarma México —organización fundada por el recordado Gonzalo Aguilar Zínser y Sergio Aguayo Quezada—, presentó un escrito ante la Fiscalía General de la República (FGR) para darle seguimiento a una querella interpuesta en 2014 en la entonces PGR, sobre la operación “Rápido y furioso” y la participación en ella de funcionarios de la administración de Calderón. Por su parte, el canciller Marcelo Ebrard ha solicitado información sobre este asunto al gobierno estadounidense.
Sin mengua de la presunción de inocencia a la que tiene derecho Felipe Calderón, resulta necesario que la Fiscalía General de la República, a cargo de Alejandro Gertz Manero, realice una indagación profunda sobre “Rápido y furioso” y sobre la vinculación Calderón-García Luna, no sólo por razones de justicia, sino también porque uno de los supuestos involucrados, Calderón, participa actualmente en el proceso para constituir un nuevo partido.
“Rápido y furioso” ha sido como un fantasma que recurrentemente aparece en el escenario político mexicano y en cada aparición se materializa más. Es preciso que la justicia lo exorcice.— Ciudad de México.
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@EduardoRHuchim
Periodista
