La estación

Pedro Cabrera Quijano (*)

Hoy es un jueves especial, es el Día del Cartero, una efeméride que activa los recuerdos, despierta el romanticismo y nos invita, irremediablemente, a reflexionar sobre el papel de la tecnología en la comunicación con la familia y con la sociedad.

¿Quién no recuerda ese silbato en la puerta, un sonido que anunciaba la llegada de cartas y documentos desde tierras remotas, la primera lección de la importancia de escribir y del poder de la palabra?

Gracias al correo aprendimos que escribir es una gran práctica para cultivar un estado de salud mental positivo.

Escribir es hablar: se percibe como una actividad silenciosa pero expresa quiénes somos, cómo nos sentimos. Además, activa el cerebro, mejora la ortografía, ejercita la memoria, organiza las ideas. En síntesis, como leí en alguna ocasión, “lo más bello de la escritura es la música de la palabra”.

La palabra correo tiene su origen en “el que corre”, ya que los primeros mensajeros, como el griego Filípides que inspiró al moderno maratón, eran corredores fuertes y rápidos que llevaron los mensajes lo más pronto y seguro posible.

En México, antes de la llegada de los españoles, fue indispensable el servicio de postas, a cargo de fuertes, rápidos y valerosos corredores de largas distancias, que llevaban noticias y mercancías de un tlatoani o rey a otro.

La historia nos indica que en el país se celebra el Día del Cartero desde el 12 de noviembre de 1931, en memoria de mensajeros que salvaron la correspondencia de un tren lleno de dinamita por los revolucionarios y de otro que prefirió mojarse para cubrir la correspondencia con su gorra y su saco.

En 2015 se realizaron algunas modificaciones a la Ley del Servicio Postal Mexicano, en las que se estableció el uso de las tecnologías de la información y comunicación para gestionar nuevos productos y servicios con el fin de agilizar la recepción, transportación y entrega de correspondencia.

Hoy, los carteros se han transformado en empresas nacionales e internacionales especializados en servicios de mensajería, entrega de pedidos por internet, estados de cuentas bancarias, propaganda, publicidad, correspondencia comercial y suscripciones.

Sin embargo, a estas alturas del siglo XXI, las cartas se mantienen como el único modo de comunicación eficiente para muchos yucatecos excluidos del progreso; ellos las entregan todos los días, sin olvidar nuestras raíces, tradiciones y vocación de un servicio público.

Juegan un rol de vital importancia, pues aún son pieza clave en el desarrollo económico y social pues, insisto, en muchas comunidades locales, la mensajería se mantiene como sobreviviente de un oficio que atiende las comunidades donde los medios electrónicos y el internet aún no llegan.

El uso de herramientas digitales se extiende a pasos acelerados. En su Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática reveló en las páginas de Diario de Yucatán el pasado 12 de febrero que siete de cada diez yucatecos utilizan los sistemas de mensajería instantánea y conversaciones electrónicas como su vía de comunicación.

Ahora todo es más ágil a través de los correos electrónicos, WhatsApp y Facebook, que dan inmediatez a la comunicación, pero el cartero es un personaje relevante y cercano a la población. Comienza su jornada ordenando la correspondencia por colonias, calles y domicilios, con el fin de hacer más dinámica la entrega y no perder mucho tiempo localizando los destinos. Es indispensable que conozcan el rumbo y ruta a seguir, para no perder el tiempo en dar muchas vueltas. Un cartero se encarga, aproximadamente, de seis a nueve colonias y entrega de 200 a 300 piezas al día.Por último, una anécdota internacional de los festejados de hoy: cuando el escritor estadounidense de novela negra James M. Cain escribió la historia de un mecánico que se enamora de la esposa del dueño de un restaurante, barajó como títulos “Bar-B-Q” y “The devil’s chekbook”, pero la plática con un amigo, el guionista y dramaturgo Vincent Lawrence, lo iluminó.

Lawrence le reveló que padecía de ansiedad con los carteros, pues temía a las respuestas de rechazo de los productores o empresarios teatrales a quienes les enviaba sus textos. Así, intentaba evitar que los mensajeros avisaran su llegada pero terminaba alargando su ansiedad porque los carteros de Estados Unidos tenían la costumbre de tocar el timbre dos veces, por si el destinatario estaba distraído o en el baño.

La novela de Cain no tenía como protagonista o personaje a ningún cartero, simplemente esa anécdota le pareció una metáfora de su historia, de nuestro destino inevitable, pues todos tenemos un destino fijado y, aunque intentemos evitarla, siempre llamará a nuestra puerta.

Así nació la mundialmente conocida “El cartero llama dos veces”. ¡Muchas felicidades a los mensajeros de ayer y de hoy!— Mérida, Yucatán

pedrocabreraq@hotmail.com

Empresario

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán