En las ciencias económicas un polizón, gorrón o free rider es un individuo que saca provecho de los demás que sí cumplen las reglas y contribuyen con su esfuerzo, dinero y tiempo a lograr cierto objetivo para beneficio de todos, pero en donde el aludido decide pasar inadvertido, generalmente intentando mostrar desconocimiento sobre el asunto específico, para beneficiarse del mismo sin contribuir a sus construcción o sostenimiento.

Este polizón es el causante de por qué los bienes públicos son tan complejos de proveerse pues a nadie puede excluirse de su beneficio, de su disfrute, pero existen fuertes incentivos para no apoyarse en ellos. Piensa el individuo maximizador de sus beneficios personales, no así los colectivos, que si puede obtener un beneficio sin contribuir a ello será una posición evidentemente más ventajosa que si tiene que pagar por este bien o servicio. Sin embargo, al pensar generalizadamente de esta manera, nadie estaría contento por financiar el bien y no se ofrecería entonces. Por ello a menudo las soluciones para estas problemáticas se resuelven con la intervención del sector público que por mandato, por medio de reglas, leyes, normas, impuestos y otros recursos, obligan a la contribución de los ciudadanos para la provisión de estos bienes. A nadie nos gusta pagar impuestos, pero es un mecanismo para obligarnos a contribuir a la oferta de servicios que a todos nos beneficia, como es el caso de la seguridad, las vías de comunicación, la educación y, en estos tiempos muy importante, la salud pública.

A todos nos conviene pagar impuestos, porque una parte de ello se destina a los salarios del personal de salud de todo el país, a los medicamentos que se requieren en estas etapas de emergencia, a los materiales para cuidado personal de aquellos que están en la primera línea de batalla contra la pandemia. Si queremos que esto termine en algún momento con los menores daños posibles en vidas humanas, nos conviene cooperar económicamente a ello.

Pero para regocijo de algunos que piensan que pueden beneficiarse sin contribuir, es decir ser gorrones en la contribución económica a la lucha contra la pandemia, ahora pueden ayudar más sin más esfuerzo que mantenerse el mayor tiempo posible en casa y usar un cubrebocas cuando salgan de ella. Lamentablemente, a pesar de esta mínima solicitud para ellos, hay quien se empeña aún en no usarlo, argumentando un sinfín de pretextos.

Tristemente, esos son los peores gorrones de este país y del planeta, los que no ayudan ni siquiera con esta mínima solicitud. Peor aún si se trata de un funcionario público de primer nivel, Presidente incluso, o el director de un medio público de comunicación millonario a causa de innumerables negocios bajo el amparo del poder y aprovechándose por décadas de la necesidad e ignorancia de las personas, a las que por cierto ofrece contenidos llenos de basura. Ambos en el fondo desprecian los esfuerzos que hacemos todos por mantener a la sociedad lo más segura posible, se aprovechan de la lucha de todos para sacar beneficios personales, uno político y el otro económico.

Lamentable que se condicione el uso de cubrebocas a la eliminación de la corrupción, lo cual incluso llevaría a pensar en el fracaso de esta lucha, pues aún no se le ve usándolo. Lamentable que se exhiba el festejo de fin de año públicamente sin las mínimas medidas sanitarias, jactándose de que, mientras los demás se cuidan, nosotros aprovechamos, salimos y festejamos.

Si la enfermedad les llegara, estarán bajo cuidados inalcanzables por el resto de la sociedad. Por ello exijamos “jalar parejo” a todos en la lucha contra el Covid-19, a uno por la vía electoral, al otro por la vía económica, para que a ambos les quede claro.— Mérida

Titular de la Cátedra Elías Landsmanas Dymensztejn – Anáhuac en Niños migrantes sin acompañamiento

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