¡Era!
Ernesto Arévalo Galindo (*)
“No existe la libertad, sino la búsqueda de la libertad, y esa búsqueda es la que nos hace libres” —Carlos Fuentes, escritor mexicano
¡Se inició 2021!
Muchos finalizaron 2020 con la mirada baja, debido a la crisis, a la enfermedad, a la pérdida y a la muerte. Otros finalizaron 2020 con la mirada alta, debido a la permanencia, a la salud, a la abundancia y a la vida. Todos encerrados en un mismo mundo caótico, abatido y paralizado por la política, por los desastres naturales y por el cambio climático.
¡Por el SARS-CoV-2! Las lágrimas no dejaron de caer por los ojos para resbalarse por la cara. Unas no dolieron, porque se pudieron secar. La gran mayoría sí dolieron, producto del corazón hecho pedazos, porque resbalaron por el alma. Capítulos de la historia de la humanidad, cuyas varias lecciones no son aprendidas.
¡Silencio! Llegó el momento para respirar profundo, olvidándote del pasado y dejar de lado el futuro, porque hoy estamos vivos.
Abrázate a tí mismo sin que nadie te interrumpa para que, después, puedas salir al mundo a… ¡vivir! Esto no pretende ser una lección de superación personal, sino el exhorto a detenernos un poco en nuestro acelerado ritmo de vida para no evadir nuestra realidad, pero conociéndonos más a nosotros mismos, porque estamos viviendo en un mundo envuelto en las tinieblas.
Por supuesto que era esperado el nuevo año, pero si nosotros realmente no renovamos nuestra existencia, entonces será más de lo mismo. ¡O peor!
El mundo continúa su “guerra” contra el Covid-19, a pesar de la aparición de vacunas para exterminarlo, porque la pandemia está extendiendo nuevas ramificaciones para seguir aniquilando a los seres humanos, sin la más mínima compasión.
Las crisis sanitaria, política y económica han colapsado a las sociedades, cuyos ciudadanos están alterados por sus angustias; mientras los gobiernos, también evidencian estar “enfermos” porque la peste los contaminó. En unos, la “enfermedad” está controlada, pero en otros el “mal olor” está extendiéndose hasta pudrir todo lo que toca. Y, acto seguido, aniquilarlo.
México está “enfermo”. Al gobierno, le importa muy poco sus ciudadanos, porque está encabezado literalmente por un impostor que, después de más de dos décadas de estar realizando campañas políticas, llegó al poder para utilizar a los pobres a fin de consolidar su autoritarismo, teniendo en la crisis sanitaria un gran aliado para destruir hasta las raíces más profundas del orgullo nacional. El nombre de este “virus”: Andrés Manuel López Obrador.
El pasado: el PRI y el PAN, nos heredaron lo peor de lo peor de su clase política llamada, en el presente: Morena. La política mexicana está tan “enferma” que las tinieblas de la pobreza, el desempleo, la inseguridad, la violencia, la confrontación y la división son sus consecuencias; por tal motivo, la política no tiene rumbo y sin esperanza de una reorientación, en el marco de la peor crisis nacional.
Ante tanta peste, cómo vamos actuar. No basta contener la respiración, para no oler lo putrefacto, porque entonces moriríamos. Por supuesto que era esperado el nuevo año, pero si nosotros realmente no renovamos nuestra existencia, entonces será más de lo mismo. ¡O peor! No basta haber dicho o escrito “Feliz Año Nuevo 2021”, ya que durante los últimos años pasó de ser un verdadero sentimiento a una cuestión por “educación”, “costumbre” o “formalidad”.
El mayor reto será no luchar contra lo viejo, sino construir lo nuevo.
Y muchos de nosotros tendremos, primeramente, que empezar por nosotros mismos para después ofrecer lo mejor a los demás. Acto seguido, involucrarnos más en la vida nacional para que la pobreza, el desempleo, la inseguridad, la violencia, la confrontación y la división, no las veamos como parte de nuestra idiosincrasia.
No somos “prisioneros” del SARS-CoV-2. Somos prisioneros de una peor peste: la clase política. En nosotros está la verdadera transformación.
No existe la libertad, sino la búsqueda de la libertad, y esa búsqueda es la que nos hace libres.
No hay ayer, tampoco mañana, solamente hoy.
A nosotros nos toca escribir un nuevo capítulo de nuestra…
¡Era!— Cozumel, Quintana Roo.
Periodista
No somos “prisioneros” del SARS-CoV-2. Somos prisioneros de una peor peste: la clase política. En nosotros está la transformación
