Escuchar, reflexionar y cambiar

Por Guillermo Fournier Ramos

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Existen, sin duda, oportunidades que invitan a la reflexión. Los seres humanos contamos con esta importante capacidad de pensar, evaluar y actuar en consecuencia; el ejercicio del pensamiento crítico es fundamental para crecer como personas y mejorar como sociedad.

Pues bien, el Día Internacional de la Mujer y las legítimas protestas del género femenino alrededor de esta fecha nos mueven al replanteamiento de diversas conductas, modelos de pensamiento, y dinámicas que aún lastiman los derechos de las mujeres e impiden una auténtica igualdad de género.

La indignación es manifiesta; los números son desgarradores: diariamente once mujeres son asesinadas en México; las denuncias de violencia familiar han aumentado a lo largo de estos meses de pandemia; las mujeres son las más afectadas ante las crisis económicas.

Rasgos culturales

Desde luego, los casos de violencia física y marcada discriminación, son expresiones de rasgos culturales y de patrones de conducta que se reproducen constantemente en los diferentes ámbitos de la convivencia social.

Claro que la impunidad y las fisuras del estado de derecho contribuyen a que se perpetúe la violencia de género, pero, la educación y la concienciación son las herramientas más poderosas para erradicar este terrible lastre a mediano y largo plazo.

En ese sentido, los distintos movimientos feministas llevan al cabo una labor trascendente para hacer visibles las asignaturas pendientes en materia de género. El primer paso para comenzar a revertir problemáticas sociales es, precisamente, la discusión profunda y racional respecto de determinados temas.

Innegablemente, la lucha por el reconocimiento de los derechos de las mujeres no es de reciente creación, sino que ha persistido por múltiples generaciones. A su vez, debe decirse que los progresos han sido significativos. El derecho al voto, las cuotas de género, la obtención de posiciones de liderazgo, entre otros: todos logros impulsados por feministas de diferentes épocas.

Es evidente que queda camino por avanzar y por ello tantas niñas, jóvenes y mujeres adultas alzan la voz y se organizan para emprender una lucha simbólica, a la par que material.

En mi opinión, ante las justas demandas de las mujeres para que se respeten sus derechos, a los hombres nos toca escuchar y cambiar para mejorar. El género masculino también tiene un papel que desempeñar con sensibilidad; en un marco ideal de igualdad, hombres y mujeres deberán trabajar en conjunto para crear oportunidades para todos y todas, y combatir cualquier indicio de violencia.

La construcción de entornos de no violencia, espacios de promoción de paz, y foros de inclusión donde la discriminación no tenga cabida, es un proceso que toma tiempo, esfuerzo y perseverancia.

La desigualdad es quizá el peor de los males que aqueja a nuestro país, y las más perjudicadas por esta desigualdad, tienden a ser las mujeres. Es posible revertir esta realidad, si nos empeñamos en ello. La empatía, la solidaridad y la colaboración serán las claves. Como hombres, nos toca escuchar, reflexionar y cambiar.— Mérida, Yucatán.

fournier1993@hotmail.com

Licenciado en Derecho, maestro en Administración

 

 

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