Las raíces de los migrantes
Ricardo Alberto Gutiérrez López (*)
Mi tía Eva nació alrededor de 1898. Vivía en la colonia Chuminópolis junto con la abuela Conchita y sus hermanas: la tía Amada y la tía Nona.
En 1917 cuando la tía Eva tenía alrededor de diecinueve años, ocurrió que en el campo de aviación del Fénix (terreno que hoy ocupa la Escuela Preparatoria uno) una aeronave aterrizó. Ello propició que los vecinos, incluyendo a mi abuela y tía Eva, salieran de sus hogares para observar el artefacto volador que por aquellos entonces era todo un acontecimiento. El piloto del avión se llamaba Richard Venegas.
Mi abuela me contó que Richard Venegas descendió del avión, se dirigió hacia ellas llamándole la atención especialmente mi tía Eva, con quien entabló una relación que culminaría con el matrimonio de ambos. La pareja se mudó a la ciudad de Chicago, hogar de Richard.
Ambos procrearon siete hijos: seis hombres y una mujer. Cinco de los hombres pelearon en la segunda guerra mundial. Dos como pilotos de aviación y tres como soldados de infantería de marina. De todos ellos, solo conocí a Ricardo y Merry cuando, durante la década de los sesenta vinieron junto con la tía de visita a Mérida; siendo los únicos de la familia que lo hicieron.
Me imagino que el señor Venegas habrá muerto antes de la década de los cincuenta. Recuerdo haber estado con ellos en la casa de mis padres que se encuentra enfrente del Hotel Fiesta Americana en la calle 33, entre la glorieta de San Fernando y el Paseo de Montejo, a la altura del monumento a Justo Sierra.
Costumbres
Un fenómeno social que me parece interesante es cómo las personas, al migrar de un lado a otro y más aún de un país a otro, absorben las costumbres del lugar que les da acogida olvidando muchas veces sus propias raíces. Es decir, se vuelven parte del país al cual migran.
Y con mayor razón los descendientes de migrantes que nacen en tierras lejanas carecen muchas veces de amor por la tierra de sus ancestros; les parece extraña y llegan a sentirla totalmente ajena.
Con el pasar de los años y enterándose de que Merry se mudó a Los Ángeles, mi madre pensó que era una buena ocasión para visitarla. A manera de recuerdo y pensando que sería un detalle agradable para Merry dado el origen de su madre, mi mamá le llevó artesanías típicas de Yucatán con la intención de regalárselas. Pero, al preguntarle si se sentía cómoda en su nuevo hogar, ella le respondió que se sentía cómoda con la casa, pero que le molestaba que cerca vivieran “puros mexicanos asquerosos”.
Al escuchar semejante comentario, mi mamá obviamente no quiso dejarle aquel regalo que con tanto cariño le compró.
¿Será que Merry había olvidado sus orígenes para opinar de tal forma de sus vecinos? ¿Se sentía mexicana? ¿Hablaba español? Muy probablemente no. Y es que al nacer y haber vivido toda su vida allá, el contacto con la familia de su madre era prácticamente nulo, enajenándola de ese origen. Este fenómeno se da muy frecuentemente entre la descendencia de los inmigrantes.
En la Prepa México tengo una foto que muestra a toda la familia de mi tía Eva en algún lugar de Chicago. Mantengo esa foto conmigo sabiendo que nunca los conoceré. Ellos lamentablemente no se sienten parte de la familia, ni saben de nuestra existencia.— Mérida, Yucatán.
leconser@yahoo.com
Exdiputado y expresidente del Congreso del Estado
