“Eugenia”

El Macay en la cultura

María Teresa Mézquita Méndez

Desde la publicación en 1919 de su edición príncipe, que fuera financiada por su autor, hasta sus posteriores apariciones, tanto físicas como digitales (entre ellas Uady, 1976 y 2019; Premià, 1982; UNAM, 2006 y 2019, y Universidad José Martí, 2019), el libro “Eugenia”, esbozo novelesco de costumbres futuras, escrito por el doctor Eduardo Urzaiz Rodríguez, ha llamado poderosamente la atención de sus lectores y sorprendido con su naturaleza particular, su original propuesta de un mundo utópico y su condición, hasta donde se sabe, de ser la primera novela de ciencia ficción en Latinoamérica.

Material para abundantes ensayos, para conversatorios, mesas de diálogo y hasta publicaciones de booktubers, “Eugenia”… no deja de ser una obra reveladora que reta al lector con la propuesta de una polémica eugenesia hoy ya superada, al igual que otros argumentos que hoy no están exentos de controversias, pero que entrevera en su relato numerosas idealidades que a 100 años de su publicación se convierten sorprendentemente en realidades tangibles de nuestra contemporaneidad.

Todo esto se escuchó en la presentación de la obra que se realizó en la Filey en línea del 23 de abril al 2 de mayo y en la que participaron el director de la feria y editor de la publicación de la Uady de la novela, Enrique Martín Briceño; la investigadora Celia Rosado Avilés, y la artista visual Sofía Rodríguez Sosa, quien tuvo a su cargo imaginar el mundo utópico del año 2218 en el que suceden los acontecimientos del relato para crear las ilustraciones de esta nueva edición.

Ante todas las lecturas realizadas de esta original pieza, e incluyendo las referencias hechas, por ejemplo, por Alberto Arceo sobre la interesante portada de la primera edición, realizada por Leopoldo Quijano con influencia estética del Art Nouveau, amén de las ilustraciones interiores obra del mismo autor, pensamos que desde la perspectiva artística es posible también hacer una lectura de las referencias a la plástica y en general al mundo del arte como era conocido hasta los tiempos del doctor Urzaiz.

Más aún, nos parece encontrar, intercalados en los relatos de la novela, en las descripciones de sus personajes y las discusiones entre ellos, retazos del museo personal del intelectual cubano yucateco, primer rector de la Uady y destacado psiquiatra y obstetra de nuestra entidad, quien es autor también, como se sabe, en la primera edición de la Enciclopedia Yucatanense (1944) del capítulo “Historia del dibujo, la pintura y la escultura”.

Por ejemplo, al describir físicamente a Ernesto, el protagonista, el autor anota “de estatura más que mediana, tenía las proporciones exactas, el relieve perfecto de todos los músculos y la robustez armónica del Doríforo de Policleto, algo más afinado, su rostro se asemejaba bastante al del Mercurio de Praxíteles, pero con esa expresión de alta intelectualidad que la fisonomía humana ha adquirido tras muchos siglos de civilización”. Más adelante el personaje de Miguel se revela como un avezado caricaturista: “Su lápiz era una potencia política y social y en más de una ocasión una caricatura suya fue suficiente para derribar alguno de esos falsos prestigios logrados por no supiérase qué manejos y combinaciones”.

Pero Urzaiz va más allá y pone en boca de Miguel una opinión contundente sobre los críticos de arte de ese siglo XXIII que son, se lee “…tan brutos como los del siglo XX: habláis de técnicas y procedimientos, como si eso fuese todo, y olvidáis o no podéis ver con vuestros ojos de topo la parte de alma, la propia visión de la naturaleza, que el artista, cuando lo es de veras, pone en su obra”.

El texto continúa con otras comparaciones y descripciones que invitamos al lector a descubrir en la novela: “…ella parecía una pastora de Watteau […] paisajes y desnudos de ideal belleza, que revelaban un dominio absoluto de la técnica cubista y una visión rica y exacta del color. En un ángulo de la estancia, una Venus de mármol ostentaba la casta euritmia de sus formas; en un caballete de ébano, veíase un gran lienzo cubierto de manchones, en los cuales se empezaban a plasmar un cielo tempestuoso y un mar irritado”.

Con éstas y otras citas semejantes descubrimos en “Eugenia…” la voluntad explícita del Dr. Urzaiz en dejar constancia que aun en un mundo futuro en el cual mucho de lo que hoy nos mantiene ocupados ya se encuentra resuelto no es posible eximirse de la pertinencia del arte —la protagonista, Celiana, es una pianista consumada—, de su necesidad y su forzosa imbricación en la vida humana. Tema de gran relevancia para profundizar en el conocimiento de sus aportaciones y un motivo más para leer la novela.

Y quizá pueda servirnos de colofón citar nuevamente un pensamiento del doctor Urzaiz en la primera edición de la Enciclopedia Yucatanense que hoy día mantiene incólume su elocuencia: “Triste es, como dije antes, el panorama actual del arte entre nosotros, mas no debemos perder las esperanzas de presenciar (o de que otros presencien) un nuevo florecimiento. Que la enseñanza de las artes plásticas siga teniendo la atención de los gobernantes; que se les asigne un presupuesto suficiente; que se traiga de donde los haya, maestros competentes y entusiastas que enseñen las técnicas esenciales y dejen a los alumnos en libertad para desenvolverse según sus inclinaciones y temperamentos…”.

 

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