Acento de Mujer

Por Lourdes Casares de Félix

Los Juegos Olímpicos de Tokio nos trajeron optimismo y esperanza en el sentido de que existe la posibilidad de continuar con actividades que habían sido canceladas debido a la pandemia y hoy se han retomado.

Así en los avances de la socialización, hay varias actitudes que tendremos que cambiar para poder adaptarnos al ritmo que la vida actual exige y reducir los riesgos de contagio de la forma más efectiva.

El miedo a contagiarse debe tomarse con tranquilidad, ya que será una motivación para adaptarse a esta contemporaneidad. Ya no le quiero llamar nueva normalidad porque es ya una forma de vivir y convivir que durará mucho tiempo, y más vale adaptarnos pronto y aprender a sobrevivir.

El miedo al contagio causa ansiedad y desconfianza hacia otros. La obligada distancia provoca vacío, tristeza y soledad. ¿Cómo sustituir los abrazos y besos como saludo, como expresión de afecto, como reconocimiento al otro? El contacto físico puede sustituirse con palabras; expresar ese cariño, ese amor, esa amistad diciéndolo sinceramente. Algunos abrazos y besos ya se daban en automático y no significaban lo que ahora se puede expresar verbalmente con gestos y emociones.

El afecto

Dedicar tiempo a tus seres queridos es una gran manifestación de afecto. Hacer una llamada, una reunión en línea, tomar un café o comida al aire libre para charlar un poco, compartir momentos y hacerlos especiales. La compañía es muy beneficiosa entre tantas restricciones. Transmite energía y una sensación de bienestar.

Desarrollar la creatividad enviando detalles a nuestras amistades acerca a las personas y les hace sentir queridas y estimadas.

En este trayecto de vivir y convivir cabe la posibilidad de toparse con personas que piensen diferente y no quieran acatar las normas de prevención establecidas por la Secretaría de Salud. Ya sea que se rehúsen a usar el cubre-bocas correctamente o no guarden la distancia especificada.

¿Qué hacer? ¿Quedarse callado y aguantar? ¿Armar un “pancho”? No podemos caer en ningún extremo, pero si podemos exteriorizar nuestra inconformidad con respeto. Unas personas se relajan más que otras y tienen distinta percepción de la gravedad y riesgo al que se exponen y arriesgan a los demás.

Estamos en el aquí y el ahora y hay que aprender a vivir y convivir, no es posible permanecer en encierro siempre.

Esto no significa salir con imprudencia al acecho del peligro corriendo riesgos inútiles. Estamos viviendo experiencias nuevas y hay que disfrutar nuestra evolución a este aprendizaje de adaptación.

Vivamos el futuro con optimismo y serenidad esforzándonos cada día según se vaya presentando.— León, Guanajuato.

acentodemujer@hotmail.com

Activista y escritora

 

 

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán