Fuego cívico en el corazón

A Miguel Ángel, el menor rescatado del incendio, quien falleció hace unas horas.

Padre e hijo sin pensarlo tanto intentan cruzar las cortinas de fuego para salvar a los menores de la casa envuelta en llamas en la colonia Emiliano Zapata Sur III. Dos intentos realizaron, según narran, pues el humo y lo ardiente del fuego lo impedían. Al tercero se internan en el infierno y rescatan a un menor discapacitado.

Rafael Alejandro Cruz, de 37 años, y Heider Alexander Cruz, de 18, realizaron un acto heroico para salvar la vida de menores atrapados en la vivienda, al igual que el señor Anastasio Fernández, de 71 años, que rescató a una niña entre las llamas y otro vecino.

Generaciones diversas de personas que, sin medir las consecuencias, se lanzaron a una odisea infernal, en donde estaban en juego la vida de varios pequeños. Y esto es plausible en momentos complejos en donde los individuos, en general, ven más las cuestiones personales y los beneficios materiales que brindar ayuda desinteresada a los demás.

Estos personajes de diferentes edades actuaron decididos para salvar vidas. Uno es joven y arriesgado, el otro maduro y padre de familia y el otro con una larga vida recorrida. Hay que aplaudirles esta acción, pues arriesgaron su integridad física por salvar a otros.

No importa la edad para apoyar y auxiliar a alguien en momentos de peligro. Hay que hacerlo y sacar de las llamas, en sentido figurado, al amigo, al vecino, al familiar, incluso, al desconocido.

Arriesgan la vida

Son personas que arriesgaron la vida sin pensar en recompensa alguna o algún interés malsano. Vieron el peligro que se cernía sobre los niños y optaron por ayudar más allá de su seguridad y arriesgando todo.

Y no se consideran héroes a pesar del acto heroico. El joven declaró al Diario: “No soy un héroe, yo creo que cualquier persona haría eso por ayudar a otra”. Declaración de un joven optimista, que deseamos nunca se le termine esa inquietud de apoyar a los demás.

El padre del joven, emocionado todavía por lo vivido, compartió en sus declaraciones la estrujante experiencia vivida: ”Me estaba viendo, me miraba y me decía: ¡ayúdame, por favor!, jamás lo voy a olvidar”. Y luego, entre lágrimas, señaló: ”Un niño vale oro, ¿cómo lo voy a dejar ahí?”.

En momentos en que lamentablemente nos deshumanizamos más ante la vorágine de acumular bienes materiales o riqueza monetaria y olvidamos convivir con las personas y las pequeñas cosas hermosas que nos rodean, estas acciones deben ser ejemplo para mirar la riqueza interna de los otros, lo majestuoso de la vida.

Somos multimillonarios si tenemos salud, familiares, amigos, conocidos y las bondades de la naturaleza. ¿Por qué no ser empáticos y convivir en plenitud con los demás sin envidias y egoísmos, con sencillez y humildad sin querer ser más que el amigo o familiar, sin hacer distinciones ni clasificaciones por lo que se tiene en monedas?

Si todos nos lanzáramos a las llamas, en sentido figurado, para rescatar del fuego a quienes nos necesitan, otra situación de convivencia y empatía prevaleciera en nuestro entorno familiar, de trabajo, de amistad, en el vecindario.

Muchas veces el familiar o amigo necesita solamente ser escuchado, apreciado, recibir una palabra de aliento. Sin embargo, darle la espalda en esos momentos a quien pide ayuda, no interesarnos en sus problemas por egoísmo o vanidades, sería enviarlo a la tristeza, a la decepción, incluso a la depresión.

Una sonrisa y unas palabras comprensivas pueden ser bálsamo para quien sufre, una llamada de apoyo por un problema que se tenga puede ser el salvavidas que haga la diferencia. Es tiempo, más que dinero, lo que muchas personas necesitan y requieren de alguien.

Pero absortos en acumular bienes materiales, más como presunción y vanidad que por necesidad, nos cegamos y no vemos los gritos de ayuda de los demás. Queremos más, incluso a costa de los demás.

Héroes

Las personas que rescataron a los niños en la Emiliano Zapata Sur III son héroes sin capa, individuos de carne y hueso pero con un corazón noble, valeroso. Dos de los tres héroes y los pequeños fueron internados ante las quemaduras. Lamentablemente, uno de los menores rescatados, Miguel Ángel C.M., no pudo ganar la batalla ante las múltiples quemaduras en el cuerpo.

Ahora las autoridades están apoyando y debe haber continuidad en esta labor para reconstruir las viviendas que se consumieron entre las llamas. También reconocer el valor cívico y heroico de estas personas.

Hay que encender nuestro corazón con un fuego cívico que nos haga mejores personas y ciudadanos. Que esas llamas iluminen el camino y veamos todo lo hermoso que está cerca de nosotros y a nuestro alrededor: Los familiares, los amigos, los compañeros, el vecino, las mascotas, la naturaleza, y escuchemos sus palabras y llamados de auxilio. Si todos fuéramos héroes sin capa nuestro mundo sería mejor.— Mérida. marpero53@yahoo.com.mx

Profesor

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