A tres años del gobierno de López Obrador

El presidente Andrés Manuel López Obrador empieza la segunda mitad del sexenio en olor de popularidad (entre 58 y 68% de aceptación) y en medio de una denostación continua y descarnada de sus adversarios, que con frecuencia ensombrecen la crítica sensata y razonada, necesaria en toda democracia.

AMLO es un presidente atípico en muchos sentidos: reivindicador de causas de las mayorías poblacionales, crítico de élites económicas e intelectuales y némesis de periodistas antes complacientes y receptores de ilegítimos contratos millonarios, aunque lamentablemente también descalifica a periodistas y medios profesionales y críticos del hoy y del ayer.

La gestión lopezobradorista ofrece muchos ángulos de análisis, pero creo conveniente detenerme en uno de aristas múltiples: la violencia que se exacerbó en este siglo.

La violencia terrible que azota a México y que desde hace años es imparable, trágica, socialmente desestabilizadora y de índole varia. Incluye los colgados en puentes, los feminicidios infames, los enfrentamientos entre cárteles y también el drama de los desaparecidos y el dolor sin cuento de sus familiares que los buscan.

Los que mandan

Hay jirones de territorio donde es evidente que no rige el Estado de derecho porque quienes mandan son los delincuentes, directamente o mediante la infiltración de cuerpos policiales y gobiernos municipales y quizá estatales.

A muchos nos preocupa el poder que están concentrando en México los militares y muchos tenemos dudas sobre su eficacia en el combate a la delincuencia organizada. Comoquiera, es indiscutible que el Ejército y la Marina son las instituciones públicas en quienes más confía la sociedad.

Sin embargo, su efectividad sólo podrá lograrse si va acompañada de otras políticas públicas. En este rubro no hay recetas únicas, pero resulta ingenuo suponer que una lucha antidelictiva exitosa puede circunscribirse a la persecución y encarcelamiento de capos.

Apunto sucintamente algunos rubros que juzgo imprescindibles para una estrategia exitosa:

Dinero y patrimonio: Más importante que la persecución física de la delincuencia organizada es la acción eficaz contra sus principales armas: el dinero, las inversiones y el patrimonio inmobiliario de los cárteles y los capos. Aunque los banqueros suelen ser renuentes a aceptarlo, el dinero del crimen organizado circula por arterias bancarias y financieras.

He ahí un asunto que reclama prioridad de la Fiscalía General de la República y de la Unidad de Inteligencia Financiera, ahora a cargo de Pablo Gómez Álvarez, un político de larga trayectoria que posee aptitudes suficientes para dar importantes servicios a la nación.

Si dinero, inversiones y patrimonio de delincuentes son detectados y se ejercen acciones legales sobre ellos, se estará afectando la línea de flotación de los cárteles.

Profesionalización de policías locales: Urge profesionalizar y fortalecer a las policías locales, así como insuflarles una mística de servicio y compromiso que evite o frene su complicidad con las mafias delictivas.

Esta es una tarea enorme que debiera ser impulsada por el gobierno federal y en la cual resulta indispensable la colaboración de los gobernadores, independientemente de su partido de origen.

Si las corporaciones policiacas de estados y municipios no son eficaces contra la delincuencia, ésta tendrá muchas posibilidades de continuar en la impunidad y seguir obteniendo ganancias exorbitantes.

Regulación de drogas: En buena hora, los tres Poderes de la Unión han dado pasos importantes en el caso de la mariguana, pero es necesario avanzar en la regulación de otras drogas hoy consideradas ilícitas.

Frente a la irracionalidad del prohibicionismo, el avance innegable en cuanto al cannabis se ve tímido. La regulación despenalizadora requiere continuidad y ampliación, no sólo porque así lo exige el libre desarrollo de la personalidad, sino también porque la prohibición no disuade el consumo y, en cambio, incentiva el trasiego subterráneo y la acumulación creciente de caudales que empoderan al crimen organizado. Conviene celebrar, por lo pronto, la campaña de radio y tv que exhibe los males derivados del consumo de drogas.

La lucha antidelincuencial debe ser prioridad del Estado mexicano. Si se perpetúa la violencia, como ha dicho el presidente, no se podrá “acreditar históricamente” a su gobierno.— Ciudad de México.

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@EduardoRHuchim

Periodista

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