Mi punto de vista

Diciembre es quizás el mes más hermoso en el almanaque. Mes de festejos, de reuniones con la familia, con amigos, con compañeros de estudios o de trabajo; y con esto llegan las compras —algunas necesarias, otras no tanto—, las vueltas a almacenes.

De alguna manera es un mes con mucho ajetreo, pero aún así es maravilloso por todo lo que trae.

Desde la colocación del árbol en los hogares sin faltar el Nacimiento, anunciando la llegada del Niño Jesús. Es un mes hermoso para mí porque llegan los recuerdos de mi niñez, la alegría de las reuniones en la casa familiar. Las posadas con su piñata elaborada con un jarro de barro y en forma de estrella, con siete picos (no cinco) que representan los siete pecados capitales.

A la hora de romperla, íbamos pasando hasta que alguien tenía la fuerza suficiente o la suerte y el jarro se rompía dejando caer la colación que en su interior había. Cacahuates, mandarinas, caña, dulces. En fin, la alegría a todo lo que da.

Todos contentos con lo que había obtenido del “botín”. Algún pequeñito lloraba porque no había alcanzado nada, pero no se iba con las manos vacías porque siempre había alguien que compartía lo suyo. El llanto del pequeño desaparecía y su carita se iluminaba cuando venía la persona encargada de repartir las bolsitas repletas de cosas ricas que a cualquier niño le agradan.

¡Cuánta alegría! La misma que hoy siento al recordar tiempos idos, muy lejanos pero vivos aún en la memoria, gracias a Dios.

Sí, gracias a Dios siempre, porque a pesar de los momentos difíciles que haya habido en los hogares, El ha estado presente en cada uno.

Prisas, compras para la cena y los regalitos; aunque sea un detallito. Todo implica salidas de último momento. Nos encontramos con gente que va presurosa por todos lados, en las tiendas largas filas para pagar; no se encuentra ya nada de lo que se desea, el ánimo se modifica.

Difícilmente se hace presente la comprensión porque todos deseamos ser atendidos con prontitud.

Comprensión, tolerancia y respeto se van ausentando ¿Qué sucede? Incidentes por cuestiones de tráfico, rebasan, no se respeta la luz del semáforo en rojo. En la fila de cajas, ni se diga, personas impacientes porque tardan mucho para avanzar y pagar su mercancía.

¿Ha cambiado el comportamiento humano? ¿Nos hemos vuelto más desesperados y algunos hasta groseros?

Ahora se están viendo discusiones en cualquier parte, ya sea porque alguien le ganó a la “brava” a otro el espacio para estacionarse o en la fila. Parecería que ya nadie respeta a nadie. Es lamentable porque con esas actitudes, se observa que la educación y los buenos modales, se han ido perdiendo.

Lo más lamentable cuando se utilizan palabras agresivas o burlas que se convierten en provocación y al subir de tono se encienden los ánimos para llegar a los golpes.

Celebrar algún acontecimiento importante para alguien no significa que se deba invadir la privacidad de otros o molestarlos de alguna manera.

Algunas personas me han comentado situaciones difíciles que viven en su colonia con vecinos que no respetan horarios; gente que festeja por todo en fin de semana, cuando el cuerpo pide a gritos se le permita descansar.

La diversión a todo lo que da y no termina hasta que al anfitrión se le da la gana; lo que ocurre entre 5 y 6 de la mañana del domingo. Han intentado dialogar con el vecino incómodo, pero no es posible. Por respuesta obtienen “estoy en mi casa y puedo hacer lo que quiera” ¡Órale! Aunque se llame a la policía, nunca responden y si reciben la queja no amonestan al causante del desorden.

¡Qué falta de respeto y consideración hacia los demás! ¿No se dan cuenta que el sonido elevadísimo de las bocinas puede causar un daño irreversible en la audición? ¿Saben que los animales sufren terriblemente cuando escuchan ruidos extremos?

Las mascotas en casa, por ejemplo, están listas para recibir a su dueño. Esperan verlo llegar y de alguna manera “avisan” a los demás miembros de la familia. ¿Nos hemos preguntado por qué saben que alguien conocido va a llegar? Porque perciben el ruido ya sea del motor del carro o del vehículo de las personas de casa.

Se asegura que la audición de los animales es mayor que la de los humanos. Si a las personas nos molestan los ruidos excesivos que pueden causar ansiedad, imaginemos lo que están sufriendo los pobrecitos animales en casa o en situación de calle.

Celebremos con alegría nuestras reuniones, pero con consideración y respeto hacia los demás. Nada se gana con acelerarnos y mucho se pierde por un comportamiento erróneo.— Piedras Negras, Coahuila.

cholyngarza@yahoo.com

Periodista

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