Ver, oír y contar

—Entonces, dígame, don Polo. ¿Ya hizo su lista de regalos para esta Navidad? —Ángel Trinidad se esmeraba en devorar un omelette de jamón y queso acompañado de pan francés. Cada bocado dificultaba a su amigo entender sus palabras.

—¿Mi lista de regalos, dijiste?

—Mjm —tomó un trago de café para pasarse el bocado.

Don Polo tenía frente a sí un omelette de claras, con espinacas. Le gustaba el que servían en ese pequeño café del norte de la ciudad. Lo comía con sobriedad. Cada bocado era pequeño y bien masticado.

—He decidido que este año regalaré muchas cosas —respondió al terminar la porción—. Daré juguetes a los niños y…

—¿Niños? ¿Cuáles niños? ¿Sus nietos?

—No tienen que ser mis parientes para que les obsequie algo que los haga felices. Hay agrupaciones, iglesias y otros organismos que hacen colectas de regalos para niños de albergues. Es una buena oportunidad para darse a otros. Deberías probar de vez en cuando.

—¿Qué pasó, don Polo? Yo me porto bien con el prójimo.

—Lo sé, lo sé. De hecho, una buena forma de demostrarlo es que hoy tú pagues la cuenta.

Ángel Trinidad abrió los ojos y solo movió la cabeza. “Ya me vacunó”.

—Volviendo a los regalos —prosiguió don Polo—, aquí tengo la lista de los que compraré a los niños.

Extrajo de un bolsillo de su guayabera la pequeña libreta negra con sus anotaciones.

—“Una pequeña libreta es el mejor aliado de la memoria” —exclamó Ángel Trinidad parafraseando a su amigo.

—Y que lo digas. Mira, aquí está —le mostró la lista y su amigo quedó perplejo al leerla. Poco faltó para que se atragantara con el omelette.

La lista decía: un Exin west, la tricicleta salvaje, una Avalancha, la Scalextrix, el Fabuloso Fred, un Triciclo Apache, el Chutagol, juguetes Plastimarx, un camión Tonka, Lagrimitas Lili Ledy, una cajita de juguetes Mi alegría, el Aventurero con agarre kung fu, el hombre elástico, el monstruo elástico, un yoyo Duncan…

—No la amuele, don Polo… Esto, esto… —Ángel Trinidad no pudo articular palabra en parte por el bocado y en parte por la sorpresa. Siguió leyendo:

…un trompo, un balero, un view master, una moto Impala de juguete, el kid acero, un juego de química Lili Ledy, el nenuco, un nené Cabbage Patch, el horno mágico, el hombre nuclear, Rosita fresita, un tira papas…

—Oiga, don Polo. Creo que ahora sí anda usted divagando feo. ¿Se siente bien? Son puros juguetes viejos. Si no estoy mal, de los años setentas.

—Por supuesto. De acuerdo con la época. Por qué vamos a dejar las acciones retrógradas solo al líder de la 4T. Debemos aprovechar estas fechas de dar y repartir para estar a tono con el regreso al pasado, el impulso a los combustibles fósiles, el engrosamiento del aparato estatal, el acarreo masivo a los actos oficiales, el agigantamiento del Ejecutivo que convierte en una caricatura la separación de poderes, las obras faraónicas con manejo discrecional de los recursos…

Ángel Trinidad quiso decir algo pero prefirió no interrumpir la prédica de su amigo.

—…el carácter irreductible del jefe de la nación, la figura insuperable, intocable. Hemos vuelto los años setentas, mi querido amigo. Es menester que los regalos para los niños vayan de acuerdo con la realidad actual.

—Pues, si usted lo dice, don Polo —su amigo no salía de su estupor—. A ver dónde los consigue.

—Ya veremos, ya veremos. ¿Y tú? ¿Qué piensas regalar esta navidad?

—No tengo la menor idea…

—Pues un libro siempre es un excelente obsequio. Es la última semana del año, muchos están de vacaciones. Es un tiempo ideal para alejarse de la rutina y leer un poco.

—No suena mal. Pero mejor no le pregunto qué me recomienda porque me va a salir con puros libros viejos, como los juguetes.

—Los libros, amigo mío, jamás envejecen —sentenció.— Mérida, Yucatán.

olegario.moguel@megamedia.com.mx

@olegariomoguel

Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia

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