El viajero llega a La Paz, en Baja California, y escucha una leyenda.

Un pescador de perlas, cumplida su jornada de trabajo, dijo: —Voy a bajar una vez más. Si hallo una perla será para la Virgen. Descendió y encontró la perla más grande y más hermosa que se había visto.

Otro pescador, envidioso del hallazgo, dijo: —También yo voy a bajar. Si hallo una perla será para el demonio. Bajó, y no volvió a salir. Su cadáver jamás fue recuperado.

Ahora en esa parte del mar se forma un remolino, y las azules aguas se pintan de negro. Es la cabellera del ahogado, del que quiso buscar una perla para el diablo.

¿Es cierta esa leyenda? No lo sé. Y no importa. Las leyendas no tienen que ser ciertas para ser verdad.— Saltillo, Coahuila.

 

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