Ayer jueves apareció en el obituario del Diario la noticia sobre el viaje eterno emprendido por el profesor Juan Guillermo Ramírez Navarrete, nuestro apreciado maestro de Educación Cívica en la Escuela Técnica, Industrial y Comercial 105 (ETIC).

Como ley inexorable, poco a poco van diciendo adiós nuestros maestros y maestras de aquel centro educativo de secundaria, que inauguró sus actividades en septiembre de 1968, contando con magníficas aulas y funcionales talleres en la colonia Industrial de esta capital, muy cerca de la gran clínica del IMSS conocida hasta ahora como “la T1”.

Cientos de alumnos y alumnas tuvimos el enorme privilegio de ser formados en la ETIC 105, plantel que hoy continúa funcionando en el mismo sitio bajo la denominación de Escuela Secundaria Técnica número 1 “Silvio Zavala Vallado”, la cual es dirigida actualmente por el maestro Pedro Alcocer Alcocer.

Una auténtica pléyade de mentores tuvimos los alumnos fundadores de la ETIC 105 y los que pertenecieron a las numerosas generaciones subsiguientes. Todos estos docentes se caracterizaron no sólo por inculcarnos los conocimientos de los campos que dominaban ampliamente; también se esforzaron porque adquiriésemos valores y hábitos como el respeto, la honestidad, la responsabilidad, la gratitud, la higiene, el orden y la disciplina.

Huelga decir que nuestros profesores y profesoras predicaban con el ejemplo, asistiendo a las aulas con puntualidad inglesa, impecablemente vestidos y siempre con la clase debidamente preparada, razones por las cuales la mayoría de nosotros esperaba las cátedras con gran expectativa.

El fallecido profesor Ramírez Navarrete fue un excelente maestro de Civismo, materia que impartía con un entusiasmo jovial que nunca podremos olvidar. Pero en esta asignatura también descolló Juan Apolo Durán Castillo, cuya seriedad no se contraponía a la profundidad de los conocimientos que impartía.

Siguiendo con estas evocaciones sobre nuestro paso por la secundaria, habría que referirse a docentes como Jorge Urcelay Gutiérrez —quien era extraordinariamente alegre y empático con los alumnos—, José Luis Ongay Lara, Wílliam Ocampo Ramírez y Federico Granja Ricalde (estos tres últimos ya fallecidos), cuyas clases sobre una materia tan abstracta como las Matemáticas se volvían una delicia pedagógica para los discentes.

En las cátedras de Español y Literatura es justo destacar la fecunda labor realizada durante muchos años por Filiberto Pinelo Sansores, Andrés Zentella González, el siempre enjundioso Iván Santos Escobar y el apasible Enrique Aguilar Castillo, estos dos últimos también ya fallecidos.

Muchísimos de nosotros aprendimos aspectos fundamentales de Geografía en los planos mundial, latinoamericano y nacional —tales como ríos, cadenas montañosas, grandes lagos, océanos, cascadas, continentes, países y sus capitales, etcétera— gracias a la paciente e inconmensurable labor que desplegaron sobre nuestras inquietas mentes la maestra Landy Zaldívar Ricalde y Héctor Bojórquez Bojórquez.

Me comentan mis compañeros de la ETIC 105 que la maestra Zaldívar Ricalde acude a misa a la iglesia de Santa Ana y que el profesor Bojórquez ha viajado al infinito.

La pléyade de docentes es muy extensa y resulta difícil mencionarlos a todos y a todas: Mónica Cortázar Benítez y Juan Navarro Lacayo (Inglés), Eduardo Tello Solís y Camilo Otero Maldonado (Biología), Leticia Rozo Krauss y Ligia y Leticia López Méndez (Educación Artística), Felipa Castillo (mecanografía), Benito Alonzo (me asesoró en el arte de la oratoria), Gonzalo Madera, José Marín Álvarez, Francisco Vargas, Juan Bojórquez, Raúl Lizarraga, Luis Burgos y Omar Gómez (talleres de electricidad, soldadura y mecánica), Vicenta Patrón (Química), José del Rayo (Física), Alfredo Vidal y Eleázar Medina (Dibujo Técnico).

Me comentan mis compañeros de aula que se encuentra muy delicado de salud el maestro maya hablante Roque Castro González —expresidente del Congreso del Estado—, quien impartía electrizantes cátedras de historia nacional, con una enjundia tal que te transportaba mentalmente al escenario mismo de los sucesos, los cuales narraba con una alta dosis de persuasión que hasta ahora nos resulta difícil olvidar.

Sin duda alguna, nuestros maestros y maestras de la ETIC 105 —sin dejar de mencionar a los directivos de aquellos tiempos como Jorge Albertos Solís, Jorge Tenreiro Cardeña y Carlos Rejón Peraza, quienes por fortuna aún viven— han dejado una huella indeleble en las numerosas generaciones que a lo largo de más de medio siglo hemos pasado por las aulas de nuestra benemérita escuela.

Por este invaluable legado, podemos afirmar con plena convicción que cuando ellos desaparecen físicamente, si bien una parte de sus espíritus se funde armoniosamente con la infinita energía del Universo, otra parte esencial queda anidada en nosotros, los y las adolescentes que fuimos formados al amparo de sus grandes enseñanzas.

Aunque suene paradójico decirlo, el lamentable deceso del maestro Ramírez Navarrete nos ha dado grandes motivos para expresar una vez más nuestra gratitud a todos los maestros y maestras que en la ETIC 105 nos brindaron generosamente sus conocimientos y contribuyeron en buena medida a forjar nuestro carácter, aspectos esenciales que hoy por hoy nos permiten asumir importantes responsabilidades ante nuestras familias y ante la sociedad en general. Honrar, honra.— Mérida, Yucatán.

canek_1999@yahoo.com.mx

Doctor en Educación. Director de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán.

 

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