Desde hace décadas, la obsolescencia programada ha sido un tema de reflexión cuando se habla de la innovación tecnológica. Pareciera que este concepto frena la innovación, a las nuevas tecnologías y al progreso.La obsolescencia programada es un concepto que se acuñó a partir de observar que muchos productos tecnológicos redujeron su vida útil, volviéndose como coloquialmente decimos, desechables. Pasó con los teléfonos móviles (pregunten a Apple sobre demandas en este sentido), impresoras, computadoras y electrodomésticos. Pero esto también pudiera haber alcanzado a la industria automotriz.

Una vuelta por Cuba permite apreciar que vehículos de hace 50 años siguen rodando. Aquellos grandes autos, pesados, con motores contaminantes, inseguros, siguen funcionando. No es magia, es inversión lo que permite mantenerlos operando, pero también son límites que esa sociedad ha enfrentado a la renovación de su parque vehicular ante el bloqueo y las limitadas inversiones en la isla.

Pero también deja ver que esos límites han despertado otras capacidades de innovación en la sociedad, aquellas necesarias para mantenerlos funcionando, probablemente con bienes reciclados, con recursos de desecho que se habilitan para reparar sus fallas y desgastes.

Hoy la industria automotriz enfrenta severos problemas de abastecimiento por la falta de semiconductores y problemas de transporte, las ventas de vehículos nuevos han descendido drásticamente, los precios se han elevado para nuevos y usados y los tiempos de espera se cuentan en meses. Esto ha llevado a la sociedad a invertir en mantenimiento para extender su vida útil del auto ante la incertidumbre.

Esto comienza a cuestionar la obsolescencia programada que se tenía en la industria automotriz, que en pocos años desechaba vehículos y busca reemplazarlos bajo argumentos de seguridad y contaminación. En 2018 se produjeron más de 95 millones de autos en el mundo, resulta preocupante la cantidad de vehículos que hay en circulación, cifra que sigue al alza.

¿Dónde caben tantos autos? La respuesta es que ya no caben. Tras la reactivación económica, lo que ahora vemos es tráfico nuevamente. Vías de comunicación repletas generando mucha contaminación. Lo que no habíamos visto ya en estos últimos dos años.

Ahora más que nunca, podríamos comenzar a debatir sobre la economía circular para pensar en la manera de alargar la vida de los autos sin la necesidad de tener que reemplazarlos a corto plazo. También tenemos claro que la manera de resolver estos problemas de transporte no es con vehículos privados sino públicos, pero también sabemos que se debe pensar en reorganizar las ciudades, lo que es aún complicado porque toma un plazo más largo.

Así, bien podemos pensar que las primeras acciones hacia esa dirección sería impulsar la economía circular en este sector tan importante.— Mérida

Titular de la Cátedra Elías Landsmanas Dymensztejn – Anáhuac en niños migrantes no acompañados

 

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán