En el asunto de la revocación de mandato presidencial, no me cabe la menor duda de que la extraviada oposición política va de dislate en dislate.

Al parecer, los desatinos de la coalición derechista “Va por México” comenzaron cuando sus cúpulas dirigentes —que nos sus bases militantes— decidieron boicotear abiertamente el inédito e histórico ejercicio democrático de participación directa inaugurado el pasado 10 de abril.

Ante su incapacidad manifiesta de movilizar a sus militantes para que se pronunciaran masivamente por el retiro de la confianza al Presidente de la República, la alianza opositora a la 4T llamó descaradamente al abstencionismo: ¡Urnas vacías!, repetían una y otra vez de manera desesperada.

Ocurre que una parte de dicha coalición lanzó la irracional campaña “Terminas y te vas”, torpe imitación de la frase “Comes y te vas” con la que —en mala hora y con un miserable servilismo hacia el gobierno norteamericano— quiso intimidar Vicente Fox a un estadista de talla mundial como lo fue Fidel Castro, en un incidente diplomático internacional ocurrido con motivo de una reunión cumbre de las Naciones Unidas celebrada en Monterrey en marzo de 2002.

Pues bien, con el desafortunado montaje del “Terminas y te vas” sus nada brillantes impulsores y “estrategas” terminaron paradójicamente por posicionarse en favor de “Que siga AMLO”; como se dice popularmente, les salió el tiro por la culata.

Ante los resultados que arrojó el ejercicio de revocación de mandato, la oposición salió luego luego a expresar que ésta había sido un fracaso del Presidente y de la coalición política que lo respalda. Así, de manera simplista, tanto el PAN como el PRI y el casi extinto PRD aducen que el 82 por ciento de abstencionistas rechazaron o le dieron la espalda a AMLO.

Craso error de apreciación de la obnubilada oposición derechista. Como dirían los antiguos: no hay peor ciego que el que no quiere ver. Por elemental sentido común, es de entenderse que en ese 82 por ciento de ciudadanos que decidieron no acudir a las urnas están seguramente algunos millones que desean que se vaya AMLO; también se encuentran otros tantos millones que apoyan su permanencia en el cargo y que consideraron innecesario salir a votar; otro segmento importante seguramente lo conforman los indecisos y otro núcleo está constituido por los que mostraron ser totalmente indiferentes al ejercicio en comento.

Por lo demás, el elevado abstencionismo del pasado domingo 10 de abril puede explicarse por el influjo decidido de varios factores:

a) La incomprensión de una parte del electorado sobre la trascendencia histórica que tiene la instauración de un nuevo derecho constitucional, mediante el cual los ciudadanos pueden deponer a un gobernante al que, por su cuestionada actuación, le haya perdido la confianza.

b) El desgaste y el cansancio de los ciudadanos ante subsiguientes jornadas electorales en menos de cuatro años: la presidencial y concurrente de 2018, las legislativas y de gobernador de 2021, la consulta por el posible enjuiciamiento a los ex presidentes en agosto de 2021 y la de revocación de mandato del pasado 10 de abril.

c) La instalación de sólo un tercio de las casillas —57,000 de 160,000—, circunstancia que debilitó y mermó gravemente el dispositivo material y humano para facilitarle al mayor número posible de ciudadanos el ejercicio de sus derechos políticos.

d) La polarización misma que vive la sociedad y la decisión de abstenerse como posible válvula de escape o como mecanismo de catarsis social de algunos segmentos del electorado.

e) El inicio del periodo vacacional de Semana Santa, circunstancia que cambia la mentalidad de la gente y mueve el orden de prelación de sus decisiones personales y familiares.

f) La escasa difusión que se le dio al ejercicio por parte del INE, organismo que, a decir verdad, impulsó la jornada prácticamente a regañadientes.

Adicionalmente a lo ya expuesto, considero que existe otra manera de leer la revocación de mandato. Con todo lo bajo que pudiera parecer el 18 por ciento de participación respecto de la lista nominal de electores, esta consulta puede verse también como una especie de gran encuesta nacional cuyos resultados muestran la existencia de claras tendencias en el sentir de los ciudadanos, como lo puede explicar cualquier aprendiz de estadística.

Por lo demás, ya quisiera la oposición obtener en cualquier domingo los 15 millones de sufragios obtenido por el Ejecutivo federal en esta inédita jornada.

Como puede colegirse, la tesis de la coalición “Va por México” en el sentido de que el 82 por ciento del electorado “le dio la espalda o le expresó su rechazo a AMLO”, es una auténtica falacia y se cae en añicos ante un lectura más objetiva y crítica de la intensa realidad política que vive el país.

Concluyo estos comentarios señalando que, desde luego, no comparto el optimismo desbordado del Presidente y de la coalición política que lo apoya. En lugar de lanzar las campanas al vuelo y de mostrarse demasiado triunfalistas, AMLO y sus estrategas deben aprovechar los resultados favorables de la consulta para hacer un examen crítico de su desempeño a fin enmendar evidentes errores y la falta de resultados que se observan en distintos aspectos de la actual administración federal. Veremos.— Mérida, Yucatán.

canek_1999@yahoo.com.mx

Doctor en Educación. Director de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán.

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