Los recientes anuncios tanto en Estados Unidos como en México sobre el alza de las tasas de interés en los mercados de dinero representan noticias preocupantes para los ciudadanos de ambos países y del mundo. Las tasas de interés más altas que se traducirán en un mayor costo del financiamiento para las empresas, muchas de las cuales optarán por detener sus planes de expansión, lo que traería menor nivel de producción y mayores presiones al incremento de precios.
Por eso muchos señalan este principio como un círculo vicioso de deterioro económico gradual y de largo plazo, hasta que baje el crecimiento de los precios a un nivel razonable y entonces nuevamente bajarán las tasas de interés. Desafortunadamente esto no sucede en el corto plazo ni carece de efectos sociales.
La globalización amplifica los detonantes de este tipo de crisis (alta inflación, bajo crecimiento) pero también puede ser su solución, con provisión de bienes escasos desde otras partes del mundo. Sin embargo, la pandemia, la guerra y los apoyos sociales , son elementos que no ayudan a equilibrar los bienes y servicios. Así como en materia de salud se habla de COVID largo, a esos efectos que duran meses después de haber contraído la enfermedad, para las economías los efectos de esta pandemia también dejan desajustes de largo alcance y de costos sociales mayores.
En poco tiempo esto también repercutirá en los ingresos fiscales, que pondrá de nuevo en aprietos los servicios públicos para la sociedad, agravando aún más los costos para los mexicanos. Muy probablemente repercuta en la educación y los servicios de salud, de por si bastante deficientes.El dilema es cómo impulsar la economía con el menor costo: por medio del gasto público o por medio del sector privado. Las experiencias previas han demostrado que el sector público es un pésimo productor de bienes y oferente de servicios, que se ha prestado a la corrupción y enriquecimiento de funcionarios públicos, así como de ciertos grupos de empresarios que guían estos esfuerzos cercanamente.
Por el otro lado, cuando el esfuerzo es guiado por la iniciativa privada con recursos públicos, se acusa recurrentemente de falta de compromiso de parte de empresarios, dejando que sean los recursos públicos lo que asuman los riesgos ante la incertidumbre. Incluso también se acusa de aprovechar esos recursos para beneficio propio sin que repercuta positivamente hacia la sociedad.
Sin embargo, también pueden hacerse esfuerzos conjuntos entre ambas partes para canalizar recursos desde ambos sectores a proyectos estratégicos, pero para ello se requiere comunicación, colaboración, compromiso y un reconocimiento del valor del sector privado para solucionar los problemas de la sociedad.
Lamentablemente, no hemos visto estos acuerdos en los casi 4 años de gobierno, lo que implica que entonces esta opción tiene menos posibilidades de llevarse a la práctica, aunque, como diversas experiencias mundiales lo señalan, la inversión pública debe anteceder a la privada para impulsar esta segunda y así tener efectos positivos de mediano y largo plazo.— Mérida
Profesor investigador del departamento de Contabilidad y Finanzas del Tecnológico de Monterrey
