En la política nuestra es muy común marginar la experiencia, el perfil, la profesión, el espíritu de servicio y la proyección en la comunidad y darle prioridad al amiguismo, el compadrazgo y los premios de campaña en el nombramiento de funcionarios.
Por eso los políticos se convierten en poco tiempo en todólogos, que van de un puesto a otro, incluso ajenos a su perfil y experiencia profesional.
No es raro ver a alguien en el Issste un par de años y luego pasar a la SEP, después de un tiempo a la Secretaria de Gobernación, a Hacienda u otro puesto en un sexenio o dos, y luego repetir el proceso en otras dependencias, además de poder ser diputado, senador y, posteriormente, continuar el recorrido en otros cargos.
Más que servir a la comunidad la mayoría de esos funcionarios y políticos buscan vivir del presupuesto, crearse un futuro y hacer de la política un modus vivendi para el logro de beneficios personales y familiares.
Recientemente, con el nombramiento de Leticia Ramírez Amaya como titular de la Secretaría de Educación del gobierno federal han surgido diversas críticas en contra, aunque hay también a favor.
Se le cuestiona a la nueva titular de la SEP su liderazgo en el pasado dentro de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de Educación, un organismo contrario al SNTE y su creación se debió al entreguismo y abusos que había en esta organización.
Sin embargo, la nueva secretaria, de acuerdo con su perfil académico, es profesora, trabajó en escuelas y estudió en la Escuela Nacional de Maestros. Además, ha ocupado diversos cargos en donde ha tenido contacto con los ciudadanos.
La misma Elba Esther Gordillo Morales, exlideresa del SNTE y acusada de abusos y enriquecimiento con las cuotas de los mentores, ha criticado este nombramiento. Es natural, pues la exdirigente aspiró durante varios sexenios a esa Secretaría y fue impugnada por sus excesos por la Coordinadora, la CNTE.
Los opositores, ahora, exageran en estas críticas, pues varios personajes mencionan que es “una burla a la nación”, cuando en sexenios pasados han surgido secretarios de Educación sin el perfil adecuado y con graves perjuicios a la educación por su desempeño.
Ahora bien, si es criticada duramente alguien quien tiene el perfil académico, qué decir de una persona que no tiene los estudios suficientes y puede ocupar el puesto de secretario de Educación. Nos referimos al titular de la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado de Yucatán, Liborio Vidal Aguilar.
El señor Liborio es un próspero comerciante, con bachillerato como grado máximo de estudios y que incursionó en la política, defendiendo los colores del PRI. Fue presidente del comité municipal por este partido, alcalde de Valladolid y legislador estatal y federal.
Sin embargo, con Mauricio Vila, como candidato del PAN a la gubernatura, Liborio Vidal vio otro futuro político y cambió de camiseta partidista.
Fue operador político en el Oriente del estado para buscar sufragios para el candidato panista y tuvo reuniones con profesores y ciudadanos en general. Su precandidatura a diputado federal fue impugnada, porque esa posición la merecían personas indígenas.
Sin embargo, por el trabajo realizado y su entrega en la campaña política, el ya gobernador Mauricio Vila Dosal lo nombró secretario de Educación en la entidad. Y las críticas surgieron por su falta de perfil académico y experiencia en el sistema educativo.
No era posible que alguien que solo terminó el bachillerato y sin visión en la educación fuera titular de esa dependencia educativa. Como próspero comerciante y hábil en operativos políticos y en acciones para buscar sufragios, se le hubiera premiado con otro puesto, pero no uno de gran importancia como el educativo.
Además, como titular de la Segey firmaría títulos de licenciatura, maestría y doctorados de los profesores, cuando el Secretario de la dependencia solamente tiene el bachillerato. ¿No es acaso una incongruencia, cuando a los mentores se les exige la superación académica?
Pero el gobernador justificó el nombramiento al señalar que la normatividad y los reglamentos de la dependencia educativa no exigen ningún título, ni preparación académica para ocupar el puesto respectivo.
Así se redactan las normatividades en las dependencias para que cualquier persona pueda ocupar el cargo; de lo contrario, ante las exigencias de un perfil académico de acuerdo con el cargo, sería un obstáculo para los amigos, compadres y familiares del gobernante en turno.
Y en la política de la entidad, lamentablemente, muchos gobernadores, alcaldes y funcionarios reparten los puestos, el considerado botín político, de esta manera, entre el amiguismo y el compadrazgo.
En nuestra entidad, el nombramiento del comerciante y bachiller Liborio Vidal Aguilar para ocupar la titularidad de la Segey fue un golpe inesperado, una burla a la educación.— Mérida, Yucatán.
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Profesor
