El mes patrio ha sido el tiempo idóneo para acompañar fraternalmente en sus graduaciones a decenas de egresados y egresadas de la Universidad Pedagógica Nacional en las tres sedes que tiene nuestra institución en el estado: Mérida, Valladolid y Peto.

En mis largos años de trabajo en la UPN he tenido el privilegio de estar en incontables ceremonias académicas, especialmente en eventos de graduación que siempre están impregnados de intensas emociones y de grandes sentimientos de gratitud.

No es para menos. Entregar sus Cartas de Pasantes a los jóvenes que han concluido sus estudios de licenciatura reviste singular relevancia y trascendencia, toda vez que estos documentos representan el fruto exitoso de grandes esfuerzos realizados por los egresados, sus familiares y el personal docente que contribuyó de manera determinante en su formación como nuevos profesionales de la educación.

Para todos los involucrados en los procesos formativos del nuevo capital humano que se entrega año con año a la sociedad, las tardes y noches de graduación son tiempos de exaltación y pleno goce del espíritu; son momentos de celebración festiva para alzar la copa y brindar con alegría; momentos más que propicios para compartir solidariamente el pan y la sal; tiempo de las emociones encendidas por la meta lograda; instantes inolvidables donde los afectos y las nostalgias están a flor de piel; son tiempos de gratitud a la vida, a nuestros formadores y a nuestros amados familiares.

Para los egresados y egresadas estas ceremonias son ocasiones propicias para hacer un alto en el camino y reflexionar profundamente sobre las vicisitudes que han tenido que sortear para llegar a este punto culminante de sus vidas, especialmente las enormes adversidades que se tuvieron que afrontar durante los dos largos y tenebrosos años de la horrenda pandemia que todos padecimos.

Uno de los aspectos sensibles que más afloran en estos eventos está constituido por las múltiples expresiones de gratitud de los egresados y egresadas hacia sus familiares, ya que sin su apoyo incondicional —tanto en lo económico como en lo afectivo— aquéllos no hubiesen podido llegar a la meta tan anhelada de concluir sus carreras de Licenciados en Intervención Educativa, Licenciados en Educación para el Medio Indígena y Licenciados en Pedagogía. (También tuvimos maestros y maestras en servicio egresados de la Maestría en Educación Básica).

Después de la graduación, que a decir verdad fue un sueño hecho realidad, los nuevos profesionales deberán dar una nueva batalla por lograr otro sueño: el de lograr su inserción en el ámbito laboral, que es sumamente competitivo en un mundo globalizado, excluyente, desigual y en constante transformación.

Reflejando mis propias experiencias en mi dilatada vida de casi siete décadas, les decía a los y las jóvenes que había llegado el momento de abandonar el asiento de atrás en el que estuvieron viajando durante muchos años: ahora tendrán que pasar pronto al volante para tomar el control de sus vidas y adoptar las más grandes decisiones que darán contenido, sentido y rumbo a sus existencias.

En el mes patrio que enciende vivamente nuestro sentido de pertenencia a una nación libre, soberana, democrática y multicultural, la UPN ha entregado a la sociedad yucateca más de cien profesionales de la educación en los niveles de Licenciatura y de Posgrado.

Sin duda alguna, nuestros egresados y egresadas son frutos auténticos del espíritu de la Universidad Pedagógica Nacional, institución en la que, desde su fundación en 1978, se forja el pensamiento autónomo, crítico, reflexivo, analítico y propositivo.

Por eso ocurre que no pocas veces incomodamos a las estructuras del poder establecido —sea éste de carácter político, económico, ideológico o religioso—, pues donde quiera que haya un upeniano o una upeniana habrá siempre una voz crítica e independiente que cuestione sin ambages situaciones de inequidad, de desigualdad, de abuso, de discriminación, de intolerancia o de exclusión.

Concluyo dándole voz al joven José Alejandro Chulim Dzib, pasante de Licenciado en Intervención Educativa de la UPN Subsede de Valladolid, que a nombre de su generación expresó lo siguiente: “Es importante agradecer a nuestros profesores por su gran esfuerzo y dedicación, porque muchos de ellos no sólo nos brindaron sus enseñanzas sino también su confianza, sus consejos y cariño; porque la educación no solo se refleja con una buena nota sino con la capacidad de combatir los problemas que se nos presenten día con día, y hoy al salir de aquí saldremos al mundo, pero no indefensos sino revestidos con una armadura de acero que son nuestros valores y conocimientos adquiridos”.

Expreso de nuevo mis cálidas felicitaciones y deseo mucho éxito a los nuevos profesionales de la educación. ¡Enhorabuena!— Mérida, Yucatán.

canek_1999@yahoo.com.mx

Doctor en Educación. Director de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán.

 

 

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