Las mentes mezquinas se divierten con mezquindades, Doris Lessing
En un evento gris, tan gris como el desempeño de esta 4T en materia de salud, así fue la ceremonia para la entrega de la medalla “Belisario Domínguez” el pasado 18 de octubre, por cierto, en Paseo de Reforma en el recinto legislativo actual y no en la antigua sede, la hermosa casona en Xicoténcatl (el lugar tal vez sería lo de menos).
En los tiempos de Adolfo Ruiz Cortines, a propuesta suya, se creó esta presea, para ser exactos el 28 de enero de 1953, la cual entregaría a partir de esa fecha el Senado de la República, con el fin de, y cito textual: “Premiar a los hombres y mujeres mexicanos que se hayan distinguido por su ciencia o su virtud en grado eminente, como servidores de nuestra Patria o de la Humanidad”.
La medalla (también se otorga un diploma) cuenta en el anverso con el Escudo Nacional, la leyenda: Estados Unidos Mexicanos. H. Cámara de Senadores 1952-1958, y al reverso la imagen de Belisario Domínguez Palencia, con la frase “Ennobleció a la Patria”.
De esta manera honra la memoria de este personaje, senador por el estado de Chiapas, que pagó con su vida su férrea oposición a Victoriano Huerta.
Una comisión especial del Senado recibe la propuesta, se dictamina y es sometida en el pleno para su aprobación. Lo anterior ocurre cada mes de marzo y se otorga en octubre.
Desde su creación se ha entregado aproximadamente a 70 personas: artistas, intelectuales, médicos, científicos, políticos, servidores públicos están incrustados en este bagaje un tanto heterogéneo.
Destacan figuras como: Salvador Zubirán Anchondo, Gerardo Murillo (Dr. Atl), Jaime Torres Bodet, Jesús Silva Herzog, Rufino Tamayo, Jaime Sabines Gutiérrez, Heberto Castillo, Carlos Fuentes, Jesús Kumate Rodríguez, Carlos Castillo Peraza, Manuel Gómez Morín y Rosario Ibarra de Piedra, entre otros.
El lema: “Ennobleció a la Patria” no puede ser más exacto para el recipiendario de la edición en 2020: los Integrantes del Sistema Nacional de Salud, por su labor en la pandemia por el Covid-19. Pero, no sé si alguno de los que recibieron antes la presea dieron literalmente su vida por México, porque tengo la certeza que en esta ocasión, en un sentido más que estricto, muchos pagaron con la vida su desempeño en esta reciente pesadilla, donde los responsables del manejo de la pandemia actuaron con solaz impericia y brutal negligencia, a tal grado, de convertir a México en el país con más muertes de personal sanitario a nivel mundial. En síntesis, una distinción más que merecida.
Es bien sabido que a la negativa del propio Senado para que Hugo López Gatell fuera el encargado de recibir la “Belisario Domínguez”, Andrés Manuel López Obrador respondió con un contumaz berrinche, no solo no asistiendo como testigo de honor como se estila, tampoco mandó a un solo representante del Poder Ejecutivo en su lugar. Pero además se le entregó al alcalde de Comitán, Chiapas, Mario Antonio Guillén Domínguez, que ni siquiera es médico, para donarlo a la Casa Museo doctor Belisario Domínguez Palencia.
¿Así o más mezquindad?
La medalla bien pudo haber sido recibida por el presidente del Colegio Médico de México. A.C., o de alguna de las Federaciones, Asociaciones y Colegios de Medicina; incluso el secretario general del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Salud, y tenerla en el local respectivo, o hacerle un espacio en cualquiera de los hospitales emblemáticos que hay en México.
El coraje del presidente parte del hecho de que su lacayo fue rechazado. Paradójico, sino fuera por lo patético del hecho de mandar al responsable de una gestión tan mala a recibir este reconocimiento. Un sujeto que tarde o temprano deberá ser enjuiciado por crímenes de lesa humanidad. Pero se evitó un auténtico “beso del diablo”.
El presidente puede argumentar junto con sus alfiles que tampoco asistió a la entrega anterior. Pero no, es claro que lo único que queda de manifiesto es el menosprecio que le ha tenido al gremio médico, desaire que solo es superado por la frustración de no haber cumplido sus utópicas promesas de tener el mejor sistema de salud. Así es el señor presidente. En lo peor de la tragedia: el personal de salud… los héroes…, minutos de silencio, reconocimientos fatuos… y ahora el arrogante y soberbio desdén. No me gusta usar expresiones de otras personas, en particular del presidente, pero nosotros los médicos que hemos sido tildados de clasistas, aspiracionistas, egoístas y un largo etcétera, se otorga un reconocimiento para luego denostarlo…, solo me pregunto: ¿de qué lado queda ahora la hipocresía? Una más de la Medicina en los tiempos de la 4T.— Mérida, Yucatán
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Médico y escritor
