El 15 de abril de 2019 el mundo observó con estupor a través de las redes sociales y la televisión, a la Catedral de Notre Dame arder en llamas.

Con asombro e incredulidad, nos dolíamos por los incalculables daños patrimoniales que el incidente representaba.

Al enterarme ayer minutos después de las cuatro de la tarde sobre el incendio que ocurría en el teatro José Peón Contreras, centenario recinto cultural y catedral del arte de nuestra Mérida, no pude evitar el paralelismo.

Si bien al momento de redactar este artículo se desconoce el alcance de los daños en nuestro teatro, hemos conocido a través de la filtración de fotografías y fuentes extraoficiales que el daño no es tan leve como en un principio se manejó.

De acuerdo con la opinión expertos sobre las imágenes que pudieron observarse en redes sociales y que fueron difundidas por diferentes medios locales, reparar los deterioros causados por el fuego tomará mínimo un año o quizá más, dependiendo de las afectaciones a la estructura. Costará también, varios millones de pesos que tal vez, a través de una adecuada gestión sean cubiertos por la aseguradora.

Es triste tener que apelar a infortunios como este para llamar la atención sobre el descuido que nuestros teatros padecen bajo el argumento de falta de presupuesto, cuando en realidad de lo que sufren es de una falta de interés, la cual puede entenderse al observar la priorización del gasto público en relación con los sectores que deberían tener, guardando las debidas proporciones, igual peso, pero no lo tienen.

En múltiples ocasiones entre 2019 y 2020 la Sedeculta acudió tanto al gobernador como a la Secretaría de Administración y Finanzas con necesidades específicas y documentadas para la atención de los tres teatros de la ciudad de Mérida.

La pandemia llegó para finalmente poner fin a la discusión sobre el destino de los escasos recursos que llegaban de la federación; podría decirse que en lo relativo a los teatros y programas culturales, cayó “como anillo al dedo”.

Entre los meses de marzo y noviembre de 2020 se suscitaron eventos que evidenciaron el precario estado físico en el que se encuentra el teatro Peón Contreras; aun así, no se actuó con la urgencia que en mi opinión ameritaba y en cambio sí, a pesar de la pandemia, se realizaron sendas inversiones en atractivos y paradores turísticos como la Casa Museo Armando Manzanero en el centro comercial Paseo 60 (10 mdp) y el Museo del Meteorito en Progreso Yucatán (30 mdp aproximadamente).

Por supuesto, la inversión en turismo y entretenimiento es necesaria, pero no parece justo argumentar falta de presupuesto para la adecuada conservación de nuestro patrimonio cuando evidentemente hay dinero para otras cosas.

El teatro Peón Contreras ha documentado desde 2016 problemas eléctricos que aparentemente han sido resueltos desde entonces solo de forma superficial. Desde ese año, cuando Rolando Zapata entregó los trabajos integrales de remodelación realizados entonces, ningún gobernador ha encabezado inspección alguna de la infraestructura teatral, que, si bien sirve enormemente a la comunidad artística y al público de la ciudad, también tiene un gran valor en su calidad de patrimonio edificado de nuestro estado.

El gobernador Mauricio Vila Dosal ha acudido al teatro Peón Contreras en ocasiones que pueden contarse con los dedos de una mano; dos de ellas fueron, su toma de posesión en 2018 y una sesión fotográfica con el equipo de fútbol Venados de Yucatán en febrero de 2020. Ni siquiera el 13 de noviembre de ese año al desprenderse una moldura del techo del teatro precipitándose sobre la escalinata principal y el lobby, estando por fortuna cerrado, algún funcionario de alto nivel se apersonó a enterarse de los pormenores.

Apelando a la ciudadanía, es mi opinión que nos corresponde realizar las preguntas adecuadas ante acontecimientos como este: ¿qué trabajos se realizaron los 15 días de julio de este año en los que estuvo cerrado el teatro? ¿Cuál es el monto de la inversión que se realizó para éstos? ¿Cuánto se piensa invertir en total durante la administración en el mantenimiento de los teatros estatales? ¿Por qué, ya en franca recta final de la pandemia, el teatro Daniel Ayala Pérez permanece cerrado al público? ¿Cuál es el estado estructural que guardan estos y otros recintos culturales como el Centro Estatal de Bellas Artes o la Casa de la Cultura del Mayab?

Sí, la responsabilidad es del gobierno como protector de este patrimonio, pero también me parece que, al día de hoy, hemos fallado en formular las preguntas pertinentes en este miedo inacabable de cuestionar e incomodar a la autoridad.— Mérida, Yucatán

erica.millet@gmail.com

Escritora, exfuncionaria del Ayuntamiento de Mérida y del gobierno del estado

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