Más allá de los festejos de agosto que anualmente celebran en el barrio de San Sebastián para honrar a la Virgen de la Asunción, capaces de reunir a más de 1,500 personas, entre vecinos y visitantes, se puede caminar con tranquilidad por las calles de ese barrio al caer la tarde, en cualquier época del año.

Se siente seguridad, no sólo por la ausencia de amenazas sino por la cordialidad de las señoras que preservan la costumbre de sentarse a conversar a las puertas de su hogar, meciéndose en sus sillones de petatillo, con la certeza de que no pasará nada.

Y es que al referirnos a la seguridad de este antiguo barrio, acaso pudiéramos señalar que la situación parece extenderse por casi toda la capital yucateca —con asegunes que confirman la regla— y por muchísimas localidades en interior del estado, insistiendo en que al ilustrar el asunto con las fiestas de San Sebastián, hacemos hincapié en la seguridad pública que se goza en Yucatán.

El Estado probablemente sea dueño de las cifras más bajas en homicidios, con apenas el 0.39 casos por cada 100 mil habitantes, en tanto el índice nacional ronda los 3.05. En otras afrentas delictivas nuestras cifras oscilan entre los 27.55 casos por cada 100 mil habitantes, un porcentaje casi nueve veces menor que el índice nacional cuya gravedad puede alcanzar los 244.69 casos.

El ejemplo traído a cuento no solo se refiere a la falta de peligro al circular por las calles yucatecas, o a la confianza del bajo riesgo que se tiene de recibir daños sobre nuestros bienes materiales, vía robos o asaltos, sino más bien apunta a un modelo de seguridad eficaz que se ha desarrollado durante más de tres lustros el Estado de Yucatán, con el objetivo de garantizar la indemnidad de los ciudadanos, indemnidad que toca por igual al comercio, a la industria local y en general a las inversiones, como en pocas partes del país.

Un vistazo al estado de las cosas resulta revelador, ya que conforme a cifras federales, como resultado de una estrategia policiaca sostenida durante largos años, con gobiernos de distinto signo partidario, Yucatán se situó en el primer lugar con la menor tasa de incidencia delictiva durante los dos primeros meses del año en curso.

Se asume, por tanto, que nadie en su sano juicio desearía echar por la borda los esfuerzos de capacitación e inversiones que en esta materia se han hecho, y que desde luego se deberán seguir practicando, independientemente del partido que gobierne en el futuro.

¿Podría mejorarse la calidad de la seguridad pública? Desde luego que sí, dado que nadie puede cerrar los ojos ante la violencia intrafamiliar o de cara a la agresión sufrida por mujeres en sonados casos de feminicidios aún sin resolver.

Tampoco se pueden dejar de lado los bochornosos actos autoritarios de la policía local en enero de 2020. Sin embargo, estas expresiones que rompen el sentido profundo de la seguridad, son asuntos que se tendrán que colocar a corto plazo en las primeras líneas de la agenda de quienes procuran justicia y equidad.

De cualquier manera, la firme seguridad pública de Yucatán contrapuesta a lo que acontece en otras partes del país, ha sido reconocida por el propio presidente Andrés Manuel López Obrador en varias oportunidades.

El 20 de septiembre de 2019, por ejemplo, después de que el secretario de la Defensa Nacional, Luis Crescencio Sandoval, afirmó que la tendencia en la incidencia delictiva en Yucatán había ido a la baja, entre 2018 y 2019, sin homicidios dolosos vinculados a la delincuencia organizada, el presidente declaró que en nuestro estado prácticamente “…no hay violencia ni inseguridad; (y) es un ejemplo a seguir”.

Y en octubre de 2022, López Obrador fue más directo, al hacer mención desde el Palacio Nacional del comandante Luis Felipe Saidén Ojeda a manera de ejemplo del buen desempeño policiaco, recordando que ha ocupado el cargo de secretario durante tres gobiernos: dos emanados del Partido Revolucionario Institucional (PRI), con Ivonne Ortega Pacheco y Rolando Zapata Bello, y uno del Partido Acción Nacional (PAN), con Mauricio Vila Dosal, actual gobernador de la entidad. En ese sentido López Obrador subrayó que Saidén Ojeda ha ocupado la titularidad de la SSP durante 18 años y ha desempeñado un ejemplar trabajo.

Al respecto, Eduardo Guerrero Gutiérrez escribió que en los pasados tres lustros, “a medida que la violencia criminal ha crecido y se ha expandido a lo largo del país, Yucatán ha llamado la atención como un remanso de paz que reporta de forma consistente niveles de homicidios similares a los de países europeos”.

El propio autor continuó diciendo que algunas hipótesis para explicar ese “excepcionismo yucateco” es el resultado del relativo aislamiento geográfico y por la tanto no puede replicarse en otros estados.

Pero aunque la geografía y otros factores contribuyen a ese ese “excepcionismo, la clave para darle lectura a la seguridad en Yucatán debe buscarse en otras razones. Diríamos en principio que el tejido social yucateco guarda con celo su cultura de denuncia frente a casos extraños, pero también se debe recalcar que ha imperado una suerte de consenso entre las fuerzas políticas yucatecas cuyos acuerdos tácitos —pero que se pueden hacer explícitos— apuntan a un compromiso por mantener los esquemas de seguridad imperantes, así como a sus figuras más destacadas, aun en los próximos comicios estatales de 2024 que colocará a nuevos y antiguos actores políticos ante el imperativo de conservar la seguridad como patrimonio de todos.— Mérida, Yucatán.

maceo89@hotmail.com

Exdirector de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Uady y exrector de la Universidad de Oriente en Valladolid

 

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