Hay palabras que suelen ponerse de moda; este es el caso del vocablo democracia.

Hoy, que se debate la propuesta de reforma electoral que impulsa Morena y el presidente Andrés Manuel López Obrador, tirios y troyanos recurren a esa palabra para justificar sus afanes.

Unos quieren destruir lo construido a pulso en años de lucha contra el totalitarismo para regresar el control de las elecciones a las manos del gobierno federal.

Otros defienden al Instituto Nacional Electoral, que es de los pocos organismos que realmente funcionan bien y cumplen cabalmente con realizar elecciones confiables.

Tan es así, que permitieron la transición política y el arribo de la izquierda al poder en 2018.

En los discursos, todos hablan de democracia como su bandera política, prometen defenderla y le juran fidelidad, cada facción desde su particular concepto.

Sin embargo, la democracia es más que eso, pues no solo debe existir en los desgastados discursos de los políticos y en su demagogia interminable, sino que es necesario incorporarla a nuestra vida cotidiana.

Aceptar la democracia como un estilo de vida implica respetar la dignidad de los demás y el derecho que tienen los otros a pensar y a expresar con libertad sus ideas.

Vivir en la democracia es practicar el pluralismo y la tolerancia en nuestras relaciones con los demás; en el hogar, en nuestro grupo de amigos, en la escuela y en el trabajo. Es aceptar que la opinión mayoritaria es la que prevalece, pero también que los derechos y puntos de vista de los grupos minoritarios u opositores se deben respetar e, incluso, tomar en cuenta.

Esto es algo elemental que nuestro presidente, el señor López Obrador, no pone en práctica, pues exhibe, condena y ataca a quienes piensan distinto que él. Entonces, no es un demócrata.

La democracia es una actitud y un estilo de vida capaz de conducirnos a una sociedad más justa e igualitaria, a un mundo sin guerras y sin infamias, pues donde impera el diálogo, reina la paz.

En tal sentido, el reto de nosotros, como ciudadanos, es rescatar a la democracia del discurso devaluado de aquellos que la han convertido en una falsa bandera.

¡Hagamos de la democracia un estilo de vida y defendamos a nuestras organizaciones electorales que han permitido las transiciones políticas y la democratización del país!

Quienes hoy se oponen al INE es porque saben que es una organización ciudadana, eficaz y efectiva para organizar las elecciones y que puede permitir en el 2024 una nueva transición en el poder. Lo dejo de tarea.— Mérida, Yucatán.

rogergonzalezh@hotmail.com

Profesor

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