Es preocupante que la violencia contra las mujeres siga en aumento. Acoso cotidiano, agresiones físicas y verbales y desapariciones son noticias que sacuden al país y atemorizan a muchas mujeres.

A diario leemos por la prensa, en las redes sociales o escuchamos en las noticias televisivas la violencia y muertes de mujeres a manos de las parejas sentimentales o por personas que fueron rechazadas por el acoso y las insinuaciones que realizaban.

Recientemente, una joven mujer supuestamente se lanzó de un taxi en movimiento porque el conductor la acosaba y no quiso detener el vehículo a petición de la pasajera. Lamentablemente, Lidia Gabriela murió al caer y golpearse la cabeza contra el pavimento.

En Tuxtla Gutiérrez es localizada sin vida la joven Estefanía, estudiante de enfermería, de 22 años quien trabajaba en una tienda de ropa para pagar sus estudios.

En una carretera del estado de Morelos encuentran sin vida a Ariadna Fernanda, joven de 27 años, quien abordó un taxi en la Condesa, en Ciudad de México, y apareció sin vida en ese estado. Este caso ha tenido resonancia nacional porque el Fiscal General de Morelos, Uriel Carmona, señaló que de acuerdo con un análisis “científico” la jovencita falleció por “intoxicación alcohólica”.

Sin embargo, los familiares pidieron la intervención de la Fiscalía de Ciudad de México y al realizar la necropsia descubrieron que la muerte de la joven fue por traumatismo múltiple. Ante esto, las autoridades de CDMX señalaron al fiscal como responsable de encubrir el feminicidio. Además, salió a relucir que uno de los presuntos culpables, Rautel N., es empresario y tiene negocios en Morelos, el otro implicado en este crimen es su pareja sentimental, Vanessa N.

Lamentablemente, hay móviles absurdos y machistas que llevan a cometer violencias contra las mujeres, incluso asesinarlas. Muchas veces por el rechazo de la mujer, algunos hombres le quitan la vida. Jovencitas que no aceptan las propuestas o caprichos de algunos quedan en peligro latente. Otros acosan, persiguen y violentan la dignidad de las mujeres por ese machismo enfermizo. Empero, además del abuso contra ellas se deciden por el crimen.

Las discusiones de pareja son también escenarios propicios para que el machismo salga a flote, pues hay muchos casos en que, en vez de llegar a acuerdos para solucionar problemas, surge la ira, y de las ofensas verbales se pasa a la agresión con arma blanca o de fuego.

Estamos enfrentando en el país una constante violencia contra las mujeres. No es posible que las jovencitas salgan con temor a una fiesta, a un restaurante o a un bar. Tampoco es razonable que estén encerradas en las casas sin salir a las calles o a reuniones recreativas por miedo.

La justicia también se resquebraja ante determinados feminicidios cuando surgen los favoritismos, el dinero o el influyentismo. El escándalo suscitado en el estado de Morelos deja entrever la fragilidad de algunos jueces para torcer las investigaciones, resultados de la autopsia y favorecer a los agresores.

La situación se agrava porque no solamente las mujeres tienen que afrontar las situaciones de peligro, sino también la negligencia, tortuguismo y corrupción de algunas autoridades encargadas de impartir la justicia en contra de los agresores y feminicidas.

Se requiere una educación desde los hogares y las escuelas que fortalezcan la igualdad de género, la no discriminación y el respeto a todas las personas. Una educación de igualdad que debilite el machismo. Así como reeducarnos todos para luchar contra nuestro machismo interior.

Los feminicidios lastiman a todas las mujeres. Son heridas que dejan hondas cicatrices y causan dolor en las familias de las víctimas. Hay que actuar con rapidez ante una desaparición y con honradez y ética frente a las mujeres agredidas.

Ya no más feminicidios, ni acoso, ni violencia física, ni verbal. Es el grito de las mujeres, que desean respeto, ser valoradas y vistas como personas importantes en el avance de la sociedad.— Mérida, Yucatán

marpero53@yahoo.com.mx

Profesor

 

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