El estanque de los cocodrilos

Jesús Retana Vivanco: El poder demoledor de la palabra Imbécil

“Mire jefe, las groserías se salen solitas sin que nos demos cuenta, son como los pedos después de comer unos tacos”
28/2/2022 · 00:10

Imbécil. Se escucha y se ve fuerte ¿verdad?  Es una palabra que provoca, que ofende, su uso es generalizado en cualquier conversación para denostar al referido; sin embargo, el significado original de la palabra nos dice otra cosa muy diferente.

Viene del latín imbecillis   que significa “con” y baculus “bastón”; en este caso los referidos eran aquellos que necesitaban un bastón para caminar. Este sentido se fue degradando con los años, y su  uso se aplicaba a la gente pusilánime, cobarde o poca cosa.

En el siglo XVII se decía que un imbecillis era alguien que tenia una debilidad mental, hasta llegar a convertirse en un insulto.  

La letra impresa

Una buena parte de la comunidad publicitaria se daba cita en el salón de eventos del hotel Fiesta Americana en ese 1977 para la cena de premiación al certamen de la “Letra Impresa” que organizaba cada año el periódico Novedades.

Un concurso que ponía de manifiesto la creatividad de las agencias de publicidad ante un tema seleccionado por el periódico y que involucraba siempre el papel de la letra impresa en distintos temas de actualidad. Los trabajos se publicaban en las páginas del periódico cada viernes.

Tuvimos la oportunidad de ganar tres veces el certamen, cuyo trofeo era la reproducción exacta en madera de la prensa plana que inventó Gutenberg en 1450 y además cinco planas gratis en el Novedades para promover los servicios de la agencia.  

Todo mundo vistiendo de etiqueta para la ceremonia que casi siempre amenizaba algún cantante de moda.

Se rompe el silencio y da comienzo la premiación. Cinco primeros lugares los que se otorgaban entre un total de más de cien participantes. Ya habían pasado los cuatro ganadores y al descubrir el último se muestra en la pantalla gigante del salón la plana completa del anuncio que con letras mayúsculas en bold tenía la palabra IMBÉCIL y un texto muy pequeño al margen inferior: “Se ve fuerte ¿verdad?, así es la letra impresa… señala, emociona, informa”.

El autor de esta genialidad fue la agencia de Carlos Arouesty, todo un personaje, ícono de la creatividad en los setenta, ganador recurrente de este concurso y de otros más, al cual admiré hasta el día en que lo mataron, cuentan que desnudo: huía por la calle del celoso marido de la mujer con la que lo sorprendieron.

Recuerdo un anuncio de un cuarto de plana que publicó para solicitar una secretaria ejecutiva con cinco requerimientos: Que fuera oriental de nacimiento, midiera no más de un metro sesenta, experiencia no necesaria, con sentido común y que no se rasurara las axilas. Así de extravagante. Según se supo, la consiguió de inmediato.  

Malas palabras

En nuestro decir diario encontramos algunas otras malas palabras cuya procedencia no nace de un insulto. Es el caso de IDIOTA, de origen griego y significa: la persona que se dedicaba a lo suyo, a lo privado, y que a través del tiempo se ha convertido en un insulto, pasando por torpe, ignorante o desinformado. Aunque el sentido actual de la palabra nos revela algo más que eso, también la forma en que se dice cuenta mucho para profundizar la ofensa.

Si hablamos de las groserías que no se pueden publicar en este editorial solo citaré la que se considera en internet como la máxima ofensa y es aquella que nos recuerda el 10 de mayo. Es la más popular en casi todos los idiomas.

Según estadísticas, las mujeres han incrementado su vocabulario incorporando “palabrotas” cuando hasta hace unos años era impensable que una mujer profiriera alguna y mucho menos en público. Las cosas han cambiado; el psiquiatra francés André Baudin en su último estudio del comportamiento humano, señala que la pandemia ha ocasionado un cambio radical en las expresiones de la mujer por el largo confinamiento al que se han sometido, casi igualando el léxico irreverente del hombre cuando se comunica con sus amigos.

A este respecto el estudio menciona que los hombres en América Latina entre los 15 y 25 años son los que dicen el mayor número de groserías en un día: 100 y más. Las mujeres, 60 y más. México es uno de los países, como dice el psiquiatra,… más mal hablados.

Definitivamente nos llevaríamos algunas medallas en albures y leperadas. Una vez, un bolero al estar comentando el tema mientras lustraba mis zapatos me dijo: “Mire jefe, las groserías se salen solitas sin que nos demos cuenta, son como los pedos después de comer unos tacos”. Una frase que ya forma parte de mi anecdotario.

Hay adjetivos que son más hirientes que una mala palabra

Retomando el insulto inicial, pienso que para todo hay un nivel si se quiere ofender a una persona, no necesariamente con malas expresiones sino con adjetivos calificativos que se pueden interpretar de la misma manera, como: farsante, fifí, mercenario, cínico, hampón, hipócrita, siniestro, pandillero, perverso, corruptazo, mugroso, chayotero, piltrafa.

Todos estos adjetivos son usados para denostar,  y la mayoría resultan más hirientes que un simple… Imbécil.— Mérida, Yucatán, 28 de febrero de 2022  Twitter:  @Ydesdelabarrera

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