Ayer fue un día muy interesante que encaja en muchas narrativas de lo que vivimos los seres humanos.
Esta tarde vi a una señora en el supermercado cargando a una criatura que sin importarle nada, lo alimentaba con su pecho desnudo. Gestos caballerosos de algunas personas que pasaban por alto lo que para algunos era una situación un tanto penosa, pero para otros resultaba incómodo y movían su cabeza para descalificar el acto.
¿Qué puedo decir al respecto? Solo que la gente es dueña de sus acciones y no es necesario darle gusto a una sociedad dividida entre puritanos y liberales. A la orgullosa mamá no le importó el silente reclamo de los que pasaban en el pasillo del supermercado y eso es lo que cuenta.
Haz de este día, tu mejor día
El hombre de unos setenta años se apresuraba para empacar las mercancías que habíamos comprado; limpio como todos los que alcancé a ver, se entorpecía cuando se encontraba con un artículo que podía resquebrajarse, como un paquete de galletas frente a un tetra pack de leche.
La cajera experta en pasar por el lector los códigos de barras de las mercancías nos da el importe de lo comprado; al instante, me fijo en la reacción del señor que empacaba, arqueando la ceja, hace una mueca como diciendo “es un dineral”. En efecto, fue una cuenta muy cara que revela el alza generalizada en los precios entre un 20 y un 30 %.
De regreso a casa, volteo al cielo para ver una luna esplendorosa que me hace sentir confortable, a gusto y no sé por qué pero me da tranquilidad pensar que formamos parte de un universo que nos está mirando cada vez que se apaga el sol.
Alto obligatorio en la gasolinera. El aviso luminoso me hace la seña de que el litro está a $21.70, este precio se integra a lo rutinario del día y ni modo, hay que hacerle caso al medidor que solo marca dos rayitas de la reserva. Me asombra que todas las personas con las que me topé en este día hayan traído su cubrebocas, lo que pone de manifiesto el temor y la solidaridad con los demás, o será que ya se está volviendo una buena costumbre para alejarnos del virus que nos ha agobiado desde hace más de dos años, aunque habrá seguramente otros virus a los que tendremos que hacerles frente.
Son las ocho de la noche y normalmente trato de alejarme un poco del televisor con el libro en turno o revisar lo que mi amigo Memo me manda para enterarme de lo sobresaliente de las noticias en las redes sociales o algo que no haya visto en YouTube.
Noticias que inquietan
Los escándalos del hijo del Tlatoani de Palacio Nacional esperando que reviente, las reverberaciones de Lili Téllez en contra de lo que hizo el citado inquilino en contra de Carlos Loret de Mola. Las quejas de todos los opinómetros por la desgobernanza que aflige al país, el hartazgo de las “mañaneras”, la economía en picada, los desatinos de los tres caprichos del sexenio, inflación, pandemia, violencia, pobreza, narco, corrupción, asesinatos y amenazas a periodistas, la pausa de relaciones con España, mejor dicho… la cortina de humo y, de pilón, el deterioro de las relaciones con Estados Unidos y la desbandada de inversionistas.
Me pongo a pensar… todas son noticias que perjudican la salud del que quiere ver algo positivo. Mejor voy a tomar mi café con una concha que compré en “Corazón de Pan”, aquí cerca, en Temozón, y leer las últimas treinta paginas de “Mugre Rosa” de Fernanda Trías que después platicaré del interesante tema que aborda.
“El callejón de las almas perdidas”
Aunque un poco tarde, decidí ver en Netflix una de las películas con 12 nominaciones al Óscar, “El poder del perro” –una buena historia–; a propósito, les recomiendo: “El callejón de las almas perdidas” del mexicano y ganador de un Óscar Guillermo del Toro, también nominada este año a la mejor película. A mí me gustó y creo que tiene algunas posibilidades de ganar, por lo menos una de las cinco nominaciones que tiene.
El final de un día siempre debe ser apacible, irte a dormir con algo que no afecte tu realidad ni se vuelva cómplice de tu insomnio.
La próxima vez que salgas a la calle, a tomar un café, al cine, o al supermercado como lo hice yo, despierta tu conciencia y analiza a detalle lo que te rodea, experimentarás algo que posiblemente estaba ahí en tu subconsciente virtual.
Descubre a la gente que rodea tu camino: el que lava el coche, la señorita que te cobra lo que compraste, el niño en la carriola. Lo intrascendente se vuelve importante. Habrá una ocasión en que te despiertes después de muchos años encima y posiblemente dirás: ayer, fue un día muy interesante.— Mérida, Yucatán, 21 de febrero de 2002
Twitter: @Ydesdelabarrera
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