La situación del país es mucho mejor que cuando gobernaron los prianistas. Por más que sus corifeos pregonen que a México le está yendo “muy mal”, la realidad los desmiente.

Los números son fríos y a la vez elocuentes: con el dolor de su corazón, después de las tragedias que ocasionaron, la situación del país va mejorando y lo único que les queda —a ellos y a sus “expertos”— es decir: “Sí, la economía va bien” pero no se va a sostener”, con la esperanza de que ocurra el milagro y puedan regresar al poder.

Veamos que pasó en la larga noche del neoliberalismo presidido por gobernantes que no se tentaban el corazón para tomar medidas que aunque favorecían a la élite económica para la que gobernaban, condenaban al pueblo a sufrir sus efectos nefastos.

¿Quién no se acuerda que Ernesto Zedillo como presidente priista y Felipe Calderón como presidente del PAN se pusieron de acuerdo y aprobaron en el Congreso de la Unión un rescate a banqueros y muy grandes empresarios que implicó una enorme deuda que el pueblo está pagando y por la que, a pesar de haber pagado ya miles de millones de pesos, debe todavía un billón más y le queden muchos años por pagar?

Desde diciembre de 1998, durante 24 años, los mexicanos hemos estado pagando la gigantesca deuda que nos endilgó el PRIAN con Ernesto Zedillo a la cabeza y Calderón como su cómplice, manejando a su rebaño en el Congreso.

El 12 de diciembre de ese año, mientras los mexicanos expresaban su fervor por la Virgen de Guadalupe, sus atracadores, los mismos que hoy pretenden volver al timón, se aprovechaban y, haciendo caso omiso del daño que iban a causar, les hincaban el diente para desangrarlos.

Lo peor es que quienes lo hicieron y quienes los acompañaron, pues militaban en esos partidos, no se asumen como responsables del suceso. No sólo de éste, de ninguno otro de los muchos atropellos que sus respectivas organizaciones cometieron a lo largo de los años en que se alternaron en el poder.

Ninguno de los políticos —que hoy se presentan ante la opinión pública como “blancas palomitas”, y dan versiones falsas de sus actuaciones en aquellos tiempos— reconoce lo deleznable de su conducta, tanto en éste como en otros episodios.

Aquella mafia convirtió las deudas privadas en deuda pública; las deudas de los bancos que, supuestamente, estaban quebrados, y las de grandes empresas que decían que tampoco podían pagar sus débitos, en una enorme carga que ha pesado sobre generaciones. Quebraron los bancos, pero no los banqueros: bancos quebrados pero banqueros ricos.

Fue un atraco descomunal que implicó un gran engaño: dijeron sus autores que el monto a pagar para redimirla sería de sólo 125 mil millones de pesos. Sin embargo, con el paso del tiempo creció hasta llegar a dos billones 500 mil millones.

Con los recursos destinados a aquel rescate pudieron haberse edificado miles de escuelas, hospitales, carreteras, obras de drenaje, becas para estudiantes, etc., en cambio se destinaron a engrosar las fortunas de unos cuantos —entre los cuales, es obvio, estaban los políticos que pugnaron por aquel atraco, a los cuales les tocó tajada—.

Es mucho el cinismo de quienes siendo miembros destacados de esos partidos cuando los hechos, pontifican hoy desde tronos que para sí mismos se fabrican, como sumos sacerdotes de lo que nuestra sociedad debe hacer o dejar de hacer, pero callan sucesos como éste.

Quienes lo hicieron dejaron al país bien atado porque a pesar de haber transcurrido más de veinte años de estar pagando no es posible dejar de hacerlo pues ello significaría un conflicto para México dado que la deuda fue convertida a bonos, en manos de inversionistas de distintas nacionalidades.

Eso significa que el pago de la misma se prolongará por muchos años más, hay quienes auguran que terminará de pagarse hasta el año 2070, dentro de 47, cuando buena parte de los mexicanos actualmente vivos, hayamos desaparecido.

Asimismo mostraron para quiénes gobernaban porque si a un pequeño comerciante, a un pequeño empresario, a una familia de clase media, a un obrero, le va mal, ¿quién lo rescata?

Si en una familia humilde se enferma alguien y no tienen para pagar su atención médica, ¿quién la rescata? Si a un tendero le va mal, un abarrotero, ¿quién lo rescata? ¿Por qué rescatar a los de arriba? Más aún. Dejaron preparado el escenario para entregar los bancos, una vez saneados, a costa de los mexicanos, a capitales extranjeros. Hoy sólo hay un banco mexicano, Banorte, todos los demás son de otros países.

Contrariamente a lo hecho por aquellos gobernantes, durante el gobierno actual no sólo no se ha contratado más deuda sino que sin aumentar impuestos ni tarifas, se ha hecho mucho más obra y mejorado las condiciones de vida de los mexicanos, como no ocurrió en ninguno de los gobiernos anteriores.

Las cifras de organismos oficiales y no oficiales lo muestran. Más aún: ha creado condiciones para que el gobierno siguiente pague, en su primer año, en 2025, una cantidad mucho menor por el servicio de la deuda que la que pagaría si el actual no se hubiera preocupado que así fuera.

La Secretaría de Hacienda y Crédito Público acaba de restructurar el pago del servicio de la deuda de México de tal modo que en 2025, el país pagará la mitad de los intereses anuales que tendría que cubrir si no fuera por dicha gestión.

Una política diametralmente opuesta a la que practicaron los gobernantes del prianato, de la cual sus antiguos miembros no hablan. Si fueran leales la defenderían, pero no, prefieren callar, les da pena recordarla.

Los mexicanos tenemos que cuidar que lo que se ha logrado se consolide para que no volvamos a tener gobiernos que engañan con promesas que jamás cumplen.

Gobiernos enemigos de la rendición de cuentas, que apuestan a la desmemoria como única estrategia de campaña, que, en las condiciones actuales es obvio que les fallará. Ya lo veremos pronto.— Mérida, Yucatán.

fipica@prodigy.net.mx

Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa

 

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