La muerte sólo tiene importancia en la medida que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida —André Malraux

En estos días el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi) dio el reporte de las defunciones ocurridas durante el primer semestre de 2022. Este organismo público autónomo es responsable de normar y coordinar el Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica, así como de captar y difundir información de México en cuanto al territorio, los recursos, la población y economía, lo que permite dar a conocer las características de nuestro país y ayudar a la toma de decisiones.

Tal como puede leerse en su sitio en internet. Como suele ocurrir los datos aportados siguen siendo de lo más valioso; material preciso y precioso como dirían los puristas.

Pues respaldado en su gran credibilidad, tenemos a bien considerar que se reportaron de enero a junio de 2022 en México 439,878 defunciones, lo que representa un decremento de 144 mil 272 muertes respecto a las registradas en el mismo período de 2021, gran parte resultado del declive de la pandemia del Covid que pasó del primer puesto al cuarto dentro de las diez principales causas de fallecimientos.

Un dato revelador que, como a mexicanos en medio de este drama cotidiano, nos debe dar algo de esperanza es que se alcanzó una disminución de casi 11% de asesinatos de enero a junio de 2022, ello comparado con los registros detectados en el mismo periodo de 2021.

Con 15 mil 561 homicidios contabilizados en seis meses, la tasa semestral de casos en México descendió de 14 (en 2021) a 12 por cada 100 mil habitantes en la primera mitad de 2022. Sin ser pesimistas, habría que esperar lo que falta del segundo semestre, ya que se tiene la percepción de haber sido más violento.

Según el informe referido, las diez principales causas de muerte en orden ascendente de la primera a la última posición son: las enfermedades del corazón, diabetes mellitus, tumores malignos, Covid-19, enfermedades del hígado, enfermedades cerebrovasculares, accidentes, asesinatos/homicidios, influenza y neumonía; finalmente enfermedades pulmonares obstructivas crónicas.

Como podemos observar, la mayor expectativa de vida coloca hoy en día a las enfermedades cardiovasculares y metabólicas como la primera causa.

¿Pero de qué morían los mexicanos hace cien años y cómo ha cambiado esta especie de top ten? Nos dimos a la tarea de revisar el interesante trabajo publicado en 2005 de Gerardo Perdigón-Villaseñor y Sonia B. Fernández-Cantón en el Boletín del Hospital Infantil de México.

Las diez principales causas de muerte en 1922 fueron : neumonía, diarreas, fiebre y enfermedades palúdicas y tosferina ocupaban los primero cuatro lugares; la viruela el 5o. lugar, en el sexto puesto algo denominado debilidad congénita (suponemos que se trataba de enfermedades perinatales), en séptimo puesto: la tuberculosis, en el octavo las llamadas muertes violentas (ténganse en cuenta el estatus postrevolucionario), el noveno se menciona un muy genérico término de bronquitis.

Era interesante observar en el décimo lugar como mayor causa de muerte el rubro contemplado como “enfermedades seniles”, que abarcaban gran parte de los ahora llamados trastornos degenerativos.

De 1930 hasta 1970 los dos primeros puestos, alternándose el liderato, lo ocuparon la gripa y neumonía con las enteritis, colitis y enfermedades diarreicas. El paludismo contemplado con la fiebre amarilla en el 4o. puesto se mide por separado en 1940 donde estaba en el tercer lugar, pasando al 5o. en 1950 y bajando hasta el décimo en 1960 para al fin desaparecer, después del combate frontal a la erradicación del mosquito anopheles.

Enfermedades como el sarampión, la tosferina y la tuberculosis dejan de estar en los primeros sitios desde 1980 gracias a la vacunación. La viruela que ocupó el quinto lugar hasta 1930, sale de los diez primeros lugares para 1940 debido a las intensas campañas de inmunización, siendo México uno de los primeros países libre de este flagelo.

Las muertes violentas y accidentales se manejan en un solo rubro, aparecen en los diez primeros lugares ocupando el cuarto sitio desde 1940 a 1960; a partir de 1970 se miden por separado, los accidentes ocupan el 8o. puesto dando el salto en 1980 para ocupar el primer lugar, bajar al tercero en 1990 y caer dramáticamente al 8o. puesto en 2000.

Aquí valdría la pena tomar en cuenta dos fenómenos importantes: los progresos en ingeniería automotriz para proteger a los conductores y pasajeros, pero un dato que es sumamente revelador, del cómo la implementación del alcoholímetro redujo la mortalidad, en algunos estudios y con variantes por distintas zonas del país hasta en un 75%.

Antiguamente nuestros niños morían de catarros y diarreas. Todavía en mis épocas de estudiante, los relatos de mis maestros al respecto eran más que interesantes. Recuerdo las palabras del inolvidable Francisco Solís Aznar en su gran cruzada cuando se introdujo el agua potable en Mérida: “no es posible que nuestros chiquitos se estén muriendo de diarreas”, después de la ponzoñosa frase de Díaz Ordaz, “¡que los yucatecos sigan tomando caldo de microbios!”

Todavía a este respecto pude ver con la llegada de los sueros orales el abatimiento dramático de los ingresos de niños con deshidratación.

Un rubro interesante para analizar: los tumores malignos aparecen por vez primera en esta lista en 1960, ocupando el 5o. lugar, manteniéndose ahí hasta 1980, dando un brinco en 1990 al situarse en el segundo puesto y desaparecer de los diez primeros puestos desde el 2000 para, y hay que decirlo en forma preocupante, estar ocupando el tercer lugar actualmente; sí en efecto, el tercer puesto.

Hay que decir que al desaparecer el Seguro Popular se fueron los programas ya implementados para el combate a cinco de las neoplasias más comunes en el país: cáncer cervicouterino, de mama, próstata, pulmón y todas las neoplasias sanguíneas, agréguesele el tremendo efecto el desbasto en medicamentos oncológicos, no le veo otra explicación.

Si las enfermedades cardiovasculares y la diabetes ocupan los primeros puestos, es evidente que se asocia, como se dijo, a una mayor expectativa de vida, pero también es claro que la obesidad y una cultura absoluta de mala alimentación, sedentarismo y falta de prevención están contribuyendo en forma catastrófica.

El panorama ha cambiado en forma radical en un siglo, no percibir que las condiciones socioeconómicas y políticas repercutan en temas de salud, es no ponderar el gran valor que en esta materia han tenido las decisiones que sobre salud pública se han implementado en gobiernos anteriores.

Como siempre muy interesante la indagación que recaba el Inegi, organismo que recopila información que es ajena al escrutinio, al análisis o la correcta aplicación de los datos.

Por cierto, en Dinamarca la primera causa de defunción la ocupan también las enfermedades cardiovasculares, pero los siguientes lugares se lo llevan procesos degenerativos como el Alzheimer, varios tipos de cáncer y aparece hasta un décimo puesto la diabetes. Bueno, esto lo señalamos por el aquello del modelo de salud que nos prometieron a fin de año.— Mérida, Yucatán.

arredondo61@prodigy.net.mx

Médico y escritor

 

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