Después de múltiples contratiempos, entre ellos la falta de tiempo, el doctor en Astronomía Arcadio Poveda Ricalde y su gran amigo el poeta y cineasta Fernando Espejo Méndez pudieron tener en sus manos el primer ejemplar del libro intitulado “El Cráter de Chicxulub y la extinción de los dinosaurios hace sesenta y cinco millones de años”.

El texto, escrito por ambos distinguidos yucatecos, contiene 200 páginas profusamente ilustradas con nítidas fotografías del universo, pertenecientes a la vasta colección del Dr. Poveda, reunidas a través de su fructífera existencia, consagrada a la investigación y a la divulgación de sus descubrimientos mediante sus cátedras universitarias, sus interesantes artículos periodísticos y en sus múltiples conferencias en instituciones científicas nacionales y en el extranjero.

El reconocido científico y el galardonado escritor hicieron una magnífica mancuerna al acordar un intensivo plan editorial, dada la premura del tiempo, en el cual el primero aportaba sus conocimientos profesionales sobre el tema y, en forma casi simultánea, Espejo Méndez cumplía con su parte al “traducir” y redactar el especializado lenguaje propio de los astrónomos, a un léxico comprensible para el lector promedio.

Con el aderezo de su gustado estilo literario, no exento de cierto humorismo regional, Espejo describe, por ejemplo: “Cómo fue que fue. Y bueno, si, hoy es cosa bien sabida, el meteorito —o cometa, como algunos piensan— habría caído en la península de Yucatán dejando un cráter de 180 a 200 kilómetros de diámetro, cuyo centro se localiza en un lugar de la costa norte llamado Chicxulub”.

Cuando el astrónomo Poveda expone sobre la velocidad a la que entró el meteorito al campo gravitacional terrestre, Espejo, a su manera, nos lo explica así: “los asteroides viajan a setenta mil kilómetros por hora, unos 20 kilómetros por segundo. De la ciudad de Mérida al mar, hay si acaso un chasquido de dedos, cuando mucho dos, rápidos”.

El misterioso origen del universo es explicado en el libro: “Como todas las historias, tendría que comenzar por el principio, mucho antes del impacto de Chicxulub, hace alrededor de 13,700 millones de años. El origen fue sonoro: el Big Bang, o la gran explosión. La astronomía reconoce que el universo nació en ese instante”.

El libro llegó a feliz término, siendo presentado en el teatro Mérida el 8 de junio de 2007. Ese mismo día tuve el honor de tener mis primeras pláticas y entrevistas con tan caballeroso y sencillo personaje.

Posteriormente, el Dr. Poveda me invitó amablemente a su hogar en Coyoacán, un remanso de paz y tranquilidad enjardinado, al margen del bullicio y la contaminación capitalina, donde vivió feliz con su esposa Helga hasta el último día de su existencia, el 24 de marzo, hace un año. Su entrañable amigo Fernando, coautor del libro, ya había fallecido.

Nuestras pláticas giraban en torno al sistema de aislamiento térmico en la construcción de centros de observación en locaciones remotas con muy bajas temperaturas, como el caso del Observatorio Astronómico Nacional de San Pedro Mártir, Baja California, del cual él fue fundador, y en donde se había instalado un potente telescopio y una serie de viviendas modulares prefabricadas en los años setenta, para alojar a los investigadores y estudiantes que ahí, en la sierra nevada, residían durante varios meses cada año con temperaturas bajo cero.

Otro de los proyectos que compartimos fue el del Museo del Cráter, con dicho sistema constructivo, concebido como una institución itinerante mediante la cual se pudiera llevar el conocimiento escolar y del cosmos a las poblaciones de difícil acceso, para lo cual ofrecía en donación todos aquellos documentos e imágenes necesarias para integrar la museografía correspondiente.

Sus méritos y reconocimientos son muchos, mencionaremos solo algunos: Premio Nacional de las Ciencias y Artes 1975, Fundador de la Academia Mexicana de Ciencias e integrante de la Unión Astronómica Internacional de la American Astronomical Society y de la New York Academy of Sciences.

Colaboró en el Observatorio de Tacubaya y en el Leuschner Observatory de la Universidad de California. También fue catedrático en la UNAM y en las Universidades de Nebraska y Nueva York. En su estado natal recibió las medallas Eligio Ancona y Héctor Victoria Aguilar.

Desarrolló el llamado “Método Poveda”, en 1958, para determinar las masas de las galaxias individuales, esféricas y elipsoidales, que hasta entonces eran desconocidas. También hizo importantes aportaciones al estudio de las estrellas dobles, múltiples y supernovas , así como sobre la dinámica de los sistemas estelares y de las galaxias, temas estos de estudio en instituciones del orbe, como el Instituto de Astrofísica de París, en el Kitt Peak de Tucson y el Centro de Astrofísica y Ciencias del Espacio, en San Diego.

Instituciones estas y otras más que expresaron su pesar y condolencias cuando el Dr. Arcadio Poveda Ricalde se desligó de esta dimensión terrena para unirse con sus colegas y amigos, en el más allá, en donde seguramente han aclarado ya sus investigaciones, dudas y asignaturas pendientes sobre la creación de los universos. Lo recordamos con afecto, respeto y admiración.— Mérida, Yucatán.

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Arquitecto, escritor e historiador yucateco

 

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