Cada vez resulta más evidente que la comunicación efectiva es un activo para el éxito en cualquier organización.

En un entorno tan dinámico como el que nos ofrece el siglo XXI, saber transmitir mensajes contundentes es indispensable para lograr objetivos concretos y metas trazables de largo aliento.

En este sentido, es frecuente que los líderes empresariales se fíen al contratar expertos en materia comunicativa, lo cual, sin duda, es positivo. No obstante, hacer a un lado los conocimientos de comunicación básica y narrativa, desde mi punto de vista, es caer en el error y desaprovechar un amplio dominio de herramientas en la consecución de los planes de trabajo que cada empresa debe tener establecidos.

Disponer de una persona vocera es necesario para organizaciones de cierto tamaño. Entonces, lidiar con cuestiones comunicativas del acontecer diario se torna tarea de estos profesionales de la comunicación, descargando responsabilidades específicas en la materia, pero de gran trascendencia para los fines de la imagen de la empresa.

Empero, suponer que al delegar las funciones de comunicación e imagen el líder de la organización se puede enajenar del tema es sumamente riesgoso dados múltiples aspectos por observar.

En primera instancia, resulta trascendental que la comunicación permee desde arriba hacia abajo, por lo que el más alto directivo de la compañía debiera involucrarse activamente en el proceso, indicando la visión a seguir y generando, en consecuencia, líneas narrativas por comunicar.

Dicho en otras palabras, cuando las directrices de acción se estipulan desde los altos mandos, pasando por los directores o gerentes de área, y llegando a los distintos departamentos y equipos de trabajo, las probabilidades de obtener los resultados esperados aumentan notablemente.

Cuando tal solidez del mensaje no nace desde el punto más elevado de la pirámide jerárquica, con frecuencia se extiende la dispersión en detrimento de la cultura organizacional, debilitándose así la contundencia de la comunicación en las diferentes áreas de la empresa.

A modo ilustrativo, si se pretende comunicar a los potenciales clientes o mercado meta ciertas ventajas competitivas o diferenciadores, como la confiabilidad y la calidad en el servicio, es menester que todos los elementos comunicativos se integren a dicho propósito para construir percepciones favorables en las audiencias.

En segundo término, y en la misma lógica del primer punto, comete una falta por omisión aquella empresa que deja el rubro de la comunicación exclusivamente al departamento de publicidad o marketing, puesto que así como la cultura organizacional, el factor comunicativo es inherentemente transversal.

Cada colaborador debe conocer y comunicar a través de su imagen, lenguaje y conducta los valores y principios de la empresa. Desde luego, ello no será posible sin un esfuerzo profesional de capacitación constante e integración.

En este sentido, tanto el personal como los espacios físicos de trabajo, y más aún la publicidad, deberán ser congruentes con los mensajes que se delineen mediante planeación estratégica desde el mismo núcleo de la organización.

Todo comunica, y conforme las empresas crecen gracias a su éxito, en número de colaboradores y consiguen expandirse, el desafío se vuelve mayor en cuanto a comunicación efectiva corresponde.

Las organizaciones, al adquirir cierta relevancia y presencia comercial, se ven obligadas a invertir más en publicidad, y también debieran redoblar el compromiso de mantener la cohesión dentro de la red de trabajadores, entendiendo que de dicho capital humano depende el óptimo funcionamiento del engranaje.

Poner el foco en la esencia de la corporación nunca cesará de ser fundamental para revalorizar los aspectos torales que fortalecen y sirven de cimiento a cualquier empresa.

Al haber claridad en las respuestas a preguntas primarias como ¿quiénes somos?, ¿dónde estamos?, ¿qué buscamos?, y ¿hacia dónde vamos?, construir narrativas será una labor mucho más sencilla y eficaz.

Como última consideración, las tecnologías digitales del siglo XXI permiten acceder a posibilidades casi ilimitadas en materia de comunicación. Herramientas como la inteligencia artificial y el big data deber ser exploradas para potenciar el trabajo de transmitir mensajes efectivos y llegar a nuestras audiencias.

No obstante, estos instrumentos tecnológicos son un complemento al pensamiento crítico, el pensamiento creativo y el pensamiento ético que jamás deben ignorarse en el proceso de reclutamiento del talento que integrará las filas de la organización.

Las plataformas digitales son grandes aliadas, aunque la brújula del propósito y la misión corporativa requiere permanecer ahí, como el faro que dirige el camino hacia el éxito.— Mérida, Yucatán.

fournier1993@hotmail.com

Licenciado en Derecho, maestro en Administración

 

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