A menos de un año de las elecciones del próximo presidente, la mayor preocupación de los colaboradores de López Obrador es quién será el candidato, no cómo sacar del hoyo a la economía.
Una deuda interna y externa creciente, aumento de la violencia, que en Tijuana obligó a la alcaldesa a vivir en el campo militar, inflación, mayor presión fiscal a contribuyentes y aumento del número de mexicanos que quieren pasar a EE.UU., exponiendo su vida, por falta de empleo en México. Esos hechos reflejan que la economía va de mal en peor.
La expropiación de tramos del ferrocarril a un empresario trajo como consecuencia una mayor inseguridad para la inversión. El creciente riesgo país de México se refleja en altas tasas de interés, más del doble que las de Estados Unidos. A pesar de las altas tasas de interés, los fondos financieros más serios advierten a los inversionistas extranjeros el riesgo de invertir en México.
Los que invierten son especuladores a corto plazo que, en un minuto, por medios electrónicos pueden sacar su dinero de México.
Aunque el gobierno lo niegue, varias ciudades ya las gobierna el crimen organizado. Miles de pequeños y medianos productores, y comerciantes, son víctimas de extorsión. Los carteles y el SAT compiten en sacarles dinero al sector productivo de la sociedad, que sostiene a la mayoría de los trabajadores y es base de la actividad económica.
Todo eso pasa mientras gran parte de los funcionarios de MORENA dedican casi todo su tiempo a “grillar” y analizar con cuál de los precandidatos se acomodan, sin importarles que cada día se agrava la actual situación económica del gobierno.
Eso no solo pasa en el ámbito federal, la mayoría de los gobernadores de MORENA también le entran al “relajo de la sucesión”.— Ciudad de México.
Economista
