Hubo un día en las profundidades de los tiempos que marcó el devenir de la humanidad. Fue posterior a cuando cielo y tierra retumbaron por la ira de Zeus, padre de hombres y dioses que, al enterarse que fue engañado por Prometeo, montó en una cólera monumental.

En ese día aciago, que vino a causa de la ira del hijo de Cronos, una mujer semejante a las diosas inmortales esparció un cúmulo de males y miserias a la humanidad. Su nombre: Pandora.

El olímpico Zeus montó en cólera al verse engañado por Prometeo cuando éste robó el fuego que tan celosamente guardó el retumbante padre de los hombres, para evitar que éstos conocieran el reposo. Los hombres, decían los dioses, debían trabajar, por eso les ocultaron el sustento de la vida que es el fuego. Prometeo, osado como ninguno, lo robó en una caña hueca para dárselos a los hombres, despertando así la ira tempestuosa del padre de los dioses.

Zeus ordenó a Hefesto mezclar tierra y agua para crear a la bellísima Pandora. A continuación, hizo que la pléyade olímpica otorgara a la nueva criatura dones y oro, pero también le confirieron las mentiras, los halagos y las perfidias.

Prometeo estaba bien advertido de que recibiría un obsequio malévolo de los dioses y se cuidó de no aceptar nada. Precavido, alertó a su hermano Epimeteo. Pero cuando éste recibió a Pandora como obsequio, olvidó la advertencia de Prometeo y la aceptó. Craso error.

El de Pandora es uno de los mitos de los que echa mano Hesíodo para referirse a la importancia del trabajo de los hombres, en su obra precisamente llamada “Trabajos y días”, uno de los primeros clásicos de la literatura griega. Hesíodo (s. VIII a.C.) es el primer poeta de cuya existencia se tiene certeza.

“Y aquella mujer, levantando la tapa de un gran vaso que tenía entre sus manos (posteriores versiones la llaman caja), esparció sobre los hombres las miserias horribles. Únicamente la esperanza quedó en el vaso, detenida en los bordes, y no la echó a volar porque Pandora había vuelto a cerrar la tapa por orden de Zeus tempestuoso que amontona las nubes”, relata Hesíodo.

“Y he aquí que se esparcen innumerables males entre los hombres, y llenan la tierra y cubren el mar; noche y día abruman las enfermedades a los hombres, trayéndoles en silencio todos los dolores porque el sabio Zeus les ha negado la voz. Y así es que nadie puede evitar la voluntad de Zeus”.

Llegados a dos mil veintitrés, nos encontramos en los linderos de un agosto en el que se destapará de nuevo ese gran vaso o caja del cual, si los ciudadanos lo permitimos, pueden salir todos los males que nos azoten como no lo hemos visto. Después de ese destape vendrán dos más, y también, si nos dejamos, nadie podrá evitar la voluntad de Zeus.

Ante un INE debilitado y pusilánime —que si bien no fue triturado por la 4T, fue tomado por asalto hasta convertirlo en un ente permisivo—, una pléyade no de dioses olímpicos, sino de políticos gandallas se pasa las disposiciones por el arco del triunfo y burdamente le da la vuelta a la ley, con una desvergüenza que alcanza niveles nunca vistos.

Todos esos políticos, y muchos más, están ahora en la línea de salida en espera del disparo del próximo 15 de agosto, día en que se conocerá (no públicamente) a quien llevará la bandera del PAN al gobierno del Estado. El método de selección será una encuesta estatal, los días 11, 12 y 13, encargada por el Comité Ejecutivo Nacional blanquiazul.

A partir de ahí vendrán encuentros y desencuentros, acuerdos y confrontaciones, acercamientos y alejamientos.

Y mientras el xux local se esté zarandeando, dieciocho días después, el tres de septiembre, se conocerá al coordinador del Frente Amplio por México. Y tres días más tarde, al de la 4T. De esto último se derivarán las definiciones de muchos aspirantes en todo el territorio nacional. Esto es, como parte de un efecto cascada, de ahí se desprenderán las candidaturas a las senadurías, diputaciones federales y locales, y regidurías.

Se vienen días difíciles, días serios y, probablemente, días aciagos. En ese período será el crujir y rechinar de dientes y quizás, como en el mito de Pandora, sólo nos quede la esperanza.

Será, pues, con la esperanza nada más que la ciudadanía debe construir el proyecto que encabece quien quede al frente de cualquier agrupación política. Es tiempo de, verdaderamente, no dejar la política sólo en manos de los políticos, sin importar partidos, simpatías y antipatías.

Los ciudadanos estamos por tener frente a nuestros ojos una rebatiña de puestos y candidaturas que se convertirá en una lucha en la que no habrá técnicos; sólo rudos. Será un error de lesa ciudadanía dejar que sólo ellos guíen los destinos de la elección y después del gobierno.

El arranque de un período electoral no es sólo para marcar los tiempos a que deben apegarse los partidos políticos; debe ser también el arranque del despertar ciudadano. De hecho, debe ser principalmente el arranque del despertar ciudadano. Lo demás debe ser lo de menos, si logramos que así sea.

Si nos sumamos al proceso electoral desde ahora, con exigencias, con vigilancia, levantando la voz, exponiendo las necesidades ciudadanas, llamando a los aspirantes a cuentas, dando a conocer a voces las carencias del pueblo… nos haremos partícipes y protagonistas del proceso electoral, no únicamente espectadores que desde “ring side” ven cómo otros se tunden a moquetes para definir un ganador que después nos tundirá a nosotros.

Si alcanzamos el protagonismo que nuestra ciudad, estado y país demandan de nosotros quizá logremos que lo que viene no sea la apertura de la caja de Pandora, sino tiempos de esperanza.— Mérida, Yucatán.

olegario.moguel@megamedia.com.mx

@olegariomoguel

Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia

 

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