No obstante la pesada carga de caballería, el bombardeo desde el cielo y el fuego desde el mar, desatados —en términos mediáticos— por la oposición y sus adláteres contra el presidente de México, con el fin de debilitar a su gobierno y, eventualmente, desalojarlo y tomar nuevamente el poder, el avance de aquélla es nulo, porque el pueblo ya no está engañado, como lo estuvo antaño.
A AMLO la oposición le ha inventado todos los defectos habidos y por haber e infinidad de actos de corrupción y de autoritarismo que más tardan en ser difundidos que desmentidos por los hechos. Tomemos un ejemplo: el de la queja en su contra de que desobedeciendo al INE y al TEPJF, incurrió en desacato al mencionar en su mañanera encuestas que usó para defenderse de ataques calumniosos.
Los últimos martes y miércoles del mes pasado, el presidente dio a conocer en el espacio diario que le sirve para informar y defenderse de los ataques que a todas horas recibe, que un grupo de comunicadores que sirven a la oposición y uno de los dirigentes de ésta, el presidente del PAN, Marko Cortés, habían desatado una campaña para responsabilizarlo del posible asesinato de la señora Xóchitl Gálvez. Todos a una se habían lanzado contra el presidente acusándolo de un “magnicidio” que, si ocurriera, sólo a ellos beneficiaría.
He aquí algo de lo que diseminaron a través de sus cuentas de Twitter y en editoriales escritos: Beatriz Pages, directora de la revista Siempre: “Yo nada más quiero saber en qué momento alguien le quiere hacer el servicio al presidente de agredir físicamente a algunos de los candidatos opositores, López parece querer parar con balas a la oposición. Un magnicidio tendría un solo responsable político: López Obrador”.
Joaquín López-Dóriga: “De lo peor que le podría pasar en este momento a este país, que le sucediera algo a Xóchitl Gálvez, porque sólo habría un responsable”; Marko Cortés: “De verdad, Palacio Nacional genera violencia, provoca, y puede haber algún ofrecido o puede haber algún mandado”.
Vicente Riva-Palacio: “López Obrador está creando las condiciones objetivas para que asesinen a sus adversarios; el gatillo del presidente puede descarrilar la campaña de la oposición”.
Y así decenas de comunicadores, en periódicos y redes sociales, estuvieron dedicados, de manera coordinada, durante días, a difundir entre la opinión pública la idea de que AMLO tiene en mente mandar a asesinar a la que, con toda seguridad, será la candidata de la oposición a la presidencia, aunque sus impulsores simulen que será fruto de una contienda interna democrática.
Toda una campaña de difamación en contra de una persona que, no por ser presidente del país deja de tener derechos como ser humano, y que, si aprecia su dignidad, está obligado a defenderse de ataques calumniosos.
Una vez que uno del clan de difamadores lanzó el primer golpe, en ola vinieron los demás, orquestados por periodistas al servicio del bloque opositor: Guadalupe Loaeza escribió: “no faltará algún demente adorador de la 4T que quiera asustar, o incluso algo peor, a alguno de los aspirantes a la oposición”.
Javier Lozano —el de “copelas o cuello”— asentó: “‘Lo hago responsable de lo que pueda ocurrir a Xóchitl y a Claudio X. González. Sembrador de odio”. Menos agresivo que los demás pero de todos modos, intrigante, Héctor Aguilar Camín predijo: “El presidente de México se dispone a repetir en Xóchitl Gálvez el desafuero que le practicaron a él”. Todos acusándolo de quererla eliminar de la contienda, la mayoría, mediante un crimen.
¿Tenía o no derecho el presidente de defenderse de un ataque bestial de las dimensiones señaladas que de prosperar debilitaría a su gobierno y le haría más difícil su tarea de reconstruir a un país devastado por los 35 años de corrupción y saqueo? Claro que lo tenía y lo tiene e hizo uso de él. Sin embargo, uno de sus argumentos, el más contundente para demostrar el nulo interés que puede tener como presidente para mandar a asesinar a un candidato de la oposición, ha sido, de inmediato, recurrido, ante el INE por los beneficiarios de la calumnia.
“En el tiempo que llevamos nosotros no ha habido represión y no va a haber represión porque no somos iguales, pero están muy desesperados, Nuestra lucha ha sido, es y seguirá siendo pacífica. Nosotros somos partidarios de la no violencia, somos pacifistas y también somos partidarios del amor al prójimo”, inició su respuesta; la siguió con la exposición de la lista de periodistas que lo atacan y las cantidades millonarias que recibieron en el sexenio anterior, que no reciben hoy y pasó a un argumento irrefutable: ¿Por qué un gobierno al que le está yendo bien, al que el pueblo apoya y que tiene a los partidos que lo apoyan en posición inmejorable para la próxima contienda electoral va a querer asesinar a una candidata de la oposición que no levanta y cuyos partidos están muy rezagados en la competencia que se avecina?
Y para demostrarlo, exhibió dos encuestas, una de Covarrubias y Asociados y otra de Enkoll, contratada por el periódico español “El País”, que muestran la abismal distancia que hay entre las preferencias de quienes apoyan a los partidos de oposición y quienes votarían por los partidos que lo apoyan. En la primera, a la pregunta de “Si las elecciones para presidente de la República fueran el día de hoy, ¿me podría decir, por favor, por qué opción votaría?”, la respuesta fue: “Morena, Verde, PT, 49 por ciento; PAN, PRI, PRD, 19 por ciento; Movimiento Ciudadano, siete por ciento.
En la segunda, a la pregunta de “Si las elecciones fueran hoy ¿usted por cuál partido votaría?”, la respuesta fue: “Morena, preferencia bruta, 54 por ciento, preferencia efectiva, 60; PAN, preferencia bruta, 13 por ciento, preferencia efectiva, 14; PRI, preferencia bruta, 11 por ciento, preferencia efectiva, 12; Movimiento Ciudadano, preferencia bruta 5 por ciento; efectiva, cinco.
Si la derecha no quiere que el presidente use argumentos contundentes para defenderse debe dejar de calumniarlo, pues, como es sabido, el que se lleva tiene que aguantarse.— Mérida, Yucatán.
fipica@prodigy.net.mx
Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa
