Sólo era cuestión de tiempo. Se veía venir. “¡No digas que no te lo advertí, chiquito!”, dirían las chichís.

El desdén de las autoridades gubernamentales por la educación, por la buena educación, iba a abofetear en cualquier momento a la sociedad, en donde más duele: la niñez. La bofetada ha llegado fuerte y sonora.

¿Qué se podía esperar de gobiernos que ven a las secretarías encargadas de la educación, el área fundamental y más sensible para la formación de mexicanos y yucatecos, como carteras para sus fines electorales y proyectos trasnochados, que poco o nada tienen que ver con la verdadera educación del pueblo mexicano en su versión más delicada?

Nos gustaría saber, con interés genuino y urgente, qué nos pueden decir los titulares de la educación en el país y el Estado sobre la polémica que gira en torno a los libros de texto. Nos referimos a los secretarios encargados de esas carteras, no a sus voceros, tampoco a sus áreas de comunicación, boletines y comunicados y menos a otros funcionarios que se lanzan al tercio para interceder por ellos.

El nombre de la funcionaria que debe salir a dar la cara y explicar cómo piensa que el nuevo modelo educativo contribuirá a la formación de ciudadanos que en veinte años empezarán a tomar decisiones que impacten a otros ciudadanos es Leticia Ramírez Amaya.

Tenemos, realmente, un interés auténtico por escuchar sus argumentos con atención y afán constructivo. Después de todo, de lo que se trata es de cimentar el futuro del país desde las aulas.

El momento actual se le presenta a la secretaria Ramírez Amaya como una ocasión extraordinaria para demostrar de qué está hecha y sacarse la espina de la mala imagen que dejó al asumir el cargo. Que muestre al pueblo de México que sí está preparada y sólo fue un mal momento el que tuvo en la entrevista con la periodista Danielle Dithurbide en septiembre de 2022:

—Cómo va a aprender un niño las matemáticas en segundo de primaria que ya esté dentro del nuevo modelo educativo —preguntó la periodista.

Después de una pausa que levantó expectación del público en espera de la respuesta a una pregunta tan básica como importante para la formación de la niñez, la nueva titular de la SEP —de la SEP, insistimos, la dependencia columna vertebral de la formación de mexicanos—, emitió una respuesta que dejó a todos atónitos:

—Mmm… no podría contestar eso.

Cuatro palabras y una vacuidad total.

Así que era sólo cuestión de tiempo.

Como mexicanos y ciudadanos que debemos participar en la formación de otros mexicanos, merecemos respuesta a las siguientes preguntas: ¿cuál es la finalidad del nuevo modelo educativo? ¿Quiénes participaron en su definición? A juzgar por lo que han dicho padres de familia y otras asociaciones, no fueron consultados como marca la norma. ¿Por qué no se les consultó? ¿Acaso porque las normas establecidas no aplican para el actual régimen? ¿O sí se les consultó y alguien miente?

Y ya en el plano del contenido, ¿por qué a los creadores de los libros les da igual que Querétaro y Guanajuato estén en un lugar u otro del mapa? ¿Carece de importancia en este modelo instruir una barrabasada como que la Tierra está en la misma órbita de Saturno y Urano, y que Júpiter y Marte están más cerca del Sol que nuestro planeta? ¿Acaso ya no es importante que la niñez tenga información correcta? ¿Se piensa que las nuevas generaciones no necesitarán esa información puntual y acertada? ¿Se cree acaso que son vaciladas eso de saber con precisión datos básicos?

¿O acaso todo se explica porque los creadores del contenido actual tienen la intención de adoctrinar más que de educar, y quieren sembrar su propia versión de la historia, como lo hicieron los liberales juaristas del siglo XIX? ¿Por qué, entonces, no lo hacen a golpe de cultura como Ignacio Manuel Altamirano, Guillermo Prieto, Ignacio Ramírez y Justo Sierra, entre otros?

Por el contrario. Con el contenido de los nuevos libros de texto parece que la intención es crear un ejército de clones, como me dijo alguien en referencia a la película La guerra de los clones, de la saga Star Wars, donde todos los monigotes son iguales y responden al mismo estímulo de quien los gobierna. Me aterra pensar que la analogía no luce tan descabellada.

Pienso también en el vídeo oficial del tema “Another Brick in the Wall”, de Pink Floyd, que —al margen de la magnífica música— muestra cómo las escuelas van creando robots sin criterio ni voluntad propia. ¿A eso apuntamos en nuestro México, que ya de por sí se va alejando de elementos indispensables para la convivencia humana, como lo es la educación básica?

Si bien pedimos que la secretaria Ramírez Amaya exponga con claridad meridiana los objetivos del nuevo modelo educativo, a fin de que tal vez comprendamos lo que quizás hoy no entendemos, en el plano estatal la petición no es menor.

Esperamos con ansia periodística y ciudadana que el encargado de la educación en el Estado nos exponga cómo ese modelo impactará en la formación de ciubdadanos yucatecos, ¿de qué manera se aplicará? ¿Qué resultados esperar? ¿Por qué aplicar un modelo que al parecer deconstruirá lo que tantos años ha costado construir, que es una ciudadanía participativa y exigente?

¿Devolverán los libros? ¿Acatará Yucatán el nuevo modelo y lo aplicará con singular sumisión? ¿Ha tenido reuniones el secretario Liborio Vidal Aguilar con las sociedades de padres de familia y de escuelas particulares? ¿A qué acuerdos han llegado? Y muchas preguntas más de temas que se deben atender desde la secretaría de Educación estatal. De EDUCACIÓN estatal. Claro, si la promoción electoral lo permite.

Exigimos como sociedad conocer qué están haciendo nuestras autoridades educativas para que los niños no sean otro ladrillo en la pared.— Mérida, Yucatán.

olegario.moguel@megamedia.com.mx

@olegariomoguel

Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia

 

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