María Isabel Cáceres Menéndez (*)

El ascenso al poder de la 4T se sustentó en un voto reactivo y visceral, como contrapartida y venganza de los electores cansados ya de los errores y abusos cometidos durante años por los malos mexicanos que, por desgracia tanto en el partido oficial como en los dos sexenios subsiguientes del PAN, devolvieron al mismísimo PRI a su antiguo reinado, y contribuyeron de manera rotunda a su desprestigio y rechazo popular.

Sin embargo todos estos sucesos han dado lugar a una nueva conciencia democrática mexicana que hace ya un tiempo comenzó a dar sus primeros y firmes pasos.

Tanto la clase alta como la clase empresarial han comprendido finalmente que progreso económico y progreso político van de la mano, uno no puede subsistir sin el otro. De esta manera, la conciencia cívica se ha despertado a todo lo largo y a todo lo ancho de la República, revestida de la textura y calidad de un nuevo voto actuante y pensante.

Se avecinan ya las elecciones. Los partidos políticos con sus candidatos a la cabeza han iniciado ya la campaña en pos del voto popular, tratando de conseguirlo para el grupo que representan.

Los planes de trabajo e ideología de algunos de los candidatos a un puesto de elección popular me han sumido en profunda reflexión, y me pongo a pensar en lo que haría si fuera candidata para representar al pueblo yucateco en el Congreso de la Unión.

Así es que, como tal, me mantendría muy alerta al hecho de ser una representante popular, llevada al Congreso por la libre expresión de la voluntad del pueblo a través de la más democrática de todas las acciones “el libre ejercicio del voto”.

Durante mi campaña conocería muy de cerca los principales problemas de mis electores, con información de “primera mano”, contacto vivo y realista con el problema humano, que es finalmente el que genera el problema económico, político y social.

Mis colaboradores cercanos tendrán la obligación de ayudarme de verdad. No me adularán, no me dorarán la píldora, me permitirán no sólo conocer, si no ser conocida verdaderamente entre mis electores.

Para ello usare un único lenguaje: el de la realidad; realidad sin subterfugios, sin evasiones: “Al pan, pan, y al vino, vino”.

Mi contacto personal con los representantes de los sectores populares sería prioritario. También sé que están cansados de los discursos, que su preocupación principal es la disminución de sus ingresos. Quieren soluciones inmediatas a sus necesidades vitales y a los problemas que los agobian: tarifas de luz, escuela para sus hijos, vivienda económica, agua potable, drenaje, asistencia médica, etc. etc.

La voz de mis detractores sería tan importante como la de mis amigos, para que el poder no me maree y nuble mi visión. No sería jamás una vistante de campaña y después jamás me volverían a ver.

El Congreso de la Unión es ante todo una asamblea política cuyo principal objetivo es pulsar la opinión pública a través de los debates y decisiones, para exponer todo el sentir de los votantes. Inspirarse siempre en las necesidades y deseos del pueblo.

Al ser una servidora pública, consciente de que ha sido elegida por el pueblo, ¿cuál sería mi obligación única e impostergable? Servirlo y atenderlo. ¿Cómo? Estudiando mucho, pues colaboraré nada menos que en las leyes que regirán al país y llevaré al Congreso los problemas reales que observo junto con los electores, y que aquejan a Yucatán como estado.

Entre la nueva terminología que se implanta y maneja sexenio a sexenio, según sea la tónica utilizada por el grupo gubernamental en turno, existe una serie de conceptos tendientes a desdibujar y dar otra coloración a la realidad política que el país y el estado viven en la actualidad. Me concentro en el Estaso. Entre ellos:

1) Económico: la pobreza y el abandono del campo, la desaparición del henequén aunada a las características climatológicas del suelo de la península; aún no tenemos un nuevo programa con diversidad de cultivos que sea exitoso.

Miseria, promiscuidad, alcoholismo, analfabetismo, atenazan al campesinado yucateco, aherrojándolo y esclavizándolo sin misericordia. El alcohol y las drogas amenazan nuestra seguridad y estabilidad como Estado y como familias.

2) Político: falta de continuidad, cohesión, congruencia entre un gobierno y otro, que han resultado en el detrimento y deterioro del crecimiento y desarrollo del Estado; crecimiento económico y crecimiento político van de la mano con el crecimiento democrático.

La pugna por el poder, una visión disminuida e individualista de la verdadera y honrada actividad cívica, de amor y defensa del terruño, han sido gravemente nocivas para la salud estatal.

3) Social: la proverbial falta de unión de los yucatecos, solo sacar adelante “lo mío“, la falta de un verdadero interés porque en el Estado se ejerzan debidamente las garantías individuales; muchos años la indiferencia y apatía de la clase pensante propició que “el sistema” ignorara lo más importante: al individuo, al ciudadano; que los males sociales como la delincuencia, el pandillerismo, el crecimiento anárquico y desorbitado de la urbe, entre otros, aumentara y alargara sus tentáculos en las altas esferas.

Un “laisser-faire, laisser- passser” acomodaticio que amenazaba con ignorar el desarrollo social de la entidad. Y, desde luego, que para yo haber podido llegar al Congreso, si fuera candidata, tendría que estar implicada necesaria y forzosamente un juego limpio electoral, apegada estrictamente a la ley y con base en lo que marca la legalidad y el proselitismo con respeto.

Que la decisión de los yucatecos al emitir su voto en las urnas sea respetada, pues al pueblo le interesaron las opciones que le ofrecí, votó por mí y gané por razonable mayoría, obteniendo mi escaño en el Congreso.

Lo más importante de todo esto es que al respetarse la voluntad de los electores para designarme a mi o a mi contrincante, terminaríamos de entrar de lleno en la sonada “era de la modernidad”, ya que al lograr el cambio económico, social y político, daremos el gran paso ineludible en el concierto de las naciones civilizadas, hacia la madurez política mexicana.

No puedo adentrarme en mi plan de trabajo como diputada, si fuera electa, porque ya sería materia de otro comentario, pero prometo hacerlo a la brevedad posible. Consultaré con algunos de mis asesores, los mejor preparados que encuentre.

La Patria es primero, y mi Estado también. Y para un cargo semejante en el que representaré a todos mis electores, la investigación es no solo materia seria, sino requisito imprescindible para satisfacer en todo lo posible sus necesidades mas urgentes. ¡Enhorabuena! ¡Ay, si yo fuera candidata!— Mérida, Yucatán.

maica482003@yahoo.com.mx

Abogada y escritora

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