Erica Millet Corona (*)

Por fin se ha definido que será Renán Barrera quien “coordine la estrategia política de Yucatán”; en otras palabras, que se convertirá en el candidato del PAN a la gubernatura, a pesar de que todavía no puede ser nombrado como tal.

Después de un vaivén político truculento —y que para muchos ha parecido innecesario— la dirigencia nacional decidió internamente que su abanderado sea el hoy alcalde de la ciudad de Mérida, bajo una imagen de unidad partidista que se antoja simulada.

Gente cercana al círculo político, analistas, así como ciudadanos y ciudadanas con interés en estos procesos, hemos atestiguado durante semanas los forcejeos entre los aspirantes blanquiazules, quienes han intentado disfrazar sus ambiciones de piezas editoriales, asambleas y reuniones con la militancia.

De nuevo es necesario señalar la cargada en favor del actual secretario de Educación, Liborio Vidal Aguilar, permitida por el gobernador y sus principales operadores políticos, y patrocinada por nuestros impuestos. Una permisividad grosera e inexplicable.

Bajo la mesa de la unidad panista, los adversarios, militantes del mismo partido, se propinaron puntapiés al por mayor, lo que provocó especulaciones sobre los deseos de la dirigencia estatal —controlada por Mauricio Vila—, quien consintió estos excesos.

Por su parte, el exclavadista olímpico y diputado federal, Rommel Pacheco Marrufo, parece haber sido el más reticente en aceptar que la candidatura de Barrera se venía encima de manera contundente. A todas luces, él era el eslabón más débil, a pesar de los esfuerzos de su esposa, la influencer Lylo Fa, por enaltecer su trayectoria hasta el grado de victimizar a Pacheco para ganar simpatías.

En dicha faramalla, ambos evidenciaron sus carencias y su falta de objetividad. Dejaron muy claro que todavía carecen de la madurez necesaria (personal y política) para plantarse en estos escenarios en los que lo mediático ha cobrado relevancia, pero de ningún modo es suficiente para subsanar la falta de oficio y experiencia.

Renán Barrera contra el tsunami morenista

Será, pues, Barrera Concha quien, con el evidente respaldo de la mayoría del partido, tenga que enfrentarse al tsunami morenista en las urnas en 2024.

Las encuestas más recientes han mostrado una ventaja discreta entre el panista y el potencial candidato de Morena a la gubernatura, todo esto debido —en gran parte y a mi parecer— a los jaloneos antes mencionados.

Cuatro meses quedan aproximadamente para que el ahora nombrado “coordinador del equipo Yucatán” decida si dejará el Ayuntamiento en manos de su secretario (para lo cual seguramente habrá un gran apremio por cuenta de la oposición) y, al no haber proceso de elección interna, no será sino hasta abril que comience oficialmente la contienda electoral.

El tiempo se antoja corto si lo contrastamos con los meses que han transcurridos en medio de campañas con disfraz, pero largo si se piensa en una figura como la de Barrera, que ha tenido que resistir embates internos y tendrá que enfrentarse ahora a la guerra sucia de sus adversarios.

Tal y como lo comenté en una pasada entrega en estas mismas páginas, aún está por verse qué tanto estas actitudes permisivas de la dirigencia estatal, orquestadas y solapadas desde Palacio de Gobierno, pesarán en la elección del año entrante.

Indudablemente, las fisuras internas se magnifican bajo la lupa que representa la fuerza de los seguidores de cada uno, además de que —presiento— no hemos visto el final de los desplantes de los protagonistas de esta historia, a pesar de haber sido llamados al orden. En otras palabras, el daño ya está hecho y, como dicen, esto no se acaba, hasta que se acaba. Al tiempo.

Un PAN desdibujado y lleno de abolladuras celebra, cual si de una victoria se tratara, el haber definido una candidatura que era más que lógica (si se piensa, sobre todo, en términos de los contendientes a obtenerla).

La fotografía celebratoria los pinta de cuerpo completo: un Renán feliz, un Rommel con cara de regaño sostenido, literalmente, por la secretaría general del partido (la única mujer involucrada en la toma de decisiones en la cúpula partidista); un Liborio Vidal con una sonrisa que delata el poder que ostentan quienes siempre han tenido la mejor mano a la hora de negociar, y un Julián Zacarías pleno, porque sea como sea logró una visibilidad que nunca pensó tener. Al frente, en primer plano, el gobernador sostiene la cámara al tiempo que el dirigente nacional del PAN ordena: ¡sonrían!— Mérida, Yucatán.

Correo: erica.millet@gmail.com

*) Licenciada en periodismo y maestra en relaciones públicas; exfuncionaria del Ayuntamiento de Mérida y del gobierno del estado

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