Rodrigo Llanes Salazar (*)

Tradición y deseos de transformación; música, baile y ciencia; denuncia y esperanza; y solidaridad, mucha solidaridad, se dieron cita ayer, 20 de agosto, en Santa María Chí, en la “Kermés comunitaria en defensa del agua y de la vida”.

La Kermés se inició al mediodía, con una ceremonia de apertura y gratitud por el agua por una integrante de Hunucmá del Consejo Ciudadano por el Agua de Yucatán. Al igual que muchas otras ceremonias mayas e indígenas, la ceremonia invocó y saludó a los cuatro puntos cardinales y enfatizó el carácter sagrado del agua.

Al finalizar la ceremonia, las personas participantes corearon la consigna “El agua no se vende, se ama y se defiende”, expresión que se repitió a lo largo de la kermés.

Como en muchas otras kermeses, en la de Santa María Chí se vendió comida, desde tamales, polcanes, tacos, elotes y aguas frescas para obtener recursos para apoyar a la comunidad.

También, la comunidad se volvió un escenario de fiesta, con el ballet folclórico, las Chicas Fit Cub y el grupo musical Son 7, todos de Santa María Chí; también con el grupo musical Siguanaba, de la comunidad vecina de Sitpach, y el rapero Rapech.

En todos estos actos musicales y dancísticos destacó el papel de las y los jóvenes de la comunidad y de la región.

Junto a los carteles en oposición a la granja porcícola San Gerardo que se han instalado en la comunidad desde hace cuatro meses, en la calle en la que se realizó la kermés también se colgaron tendederos con imágenes muy diversas: desde carteles que anunciaban la presencia y solidaridad de comunidades como Sitilpech, Yaxnic y Hunucmá, hasta imágenes a favor de los derechos de los animales, que denuncian las condiciones en las que se encuentran los cerdos en las granjas o fábricas (“La educación de los niños debe incluir amar y respetar a los animales”, rezaba un cartel).

Al otro lado de la calle se colgaron lonas y carteles sobre el karst de Yucatán, incluyendo un mapa sobre la vulnerabilidad del acuífero kárstico del estado. En una de las mesas de la kermés se encontraba la doctora Yameli Aguilar, presidenta de la Asociación Mexicana de Estudios sobre el Karst, en la que se exhibían piedras —lajas, conchuelas, sascab— que nos ayudan a entender la diversidadd de suelos de Yucatán.

En otra mesa se exhibieron muestras de agua de un pozo de Santa María Chí, las cuales mostraban un color amarillo y turbio.

Al inicio del taller “Pinta con los suelos de Yucatán. La fragilidad del sistema kársitco de Yucatán”, la doctora Aguilar señaló que existe un mito de que en Yucatán no hay suelos. Más bien, explicó Aguilar, en Yucatán los suelos son muy jóvenes, delgados. En su mayoría, son suelos compuestos por rocas solubles, altamente filtrables. Por esta razón, el acuífero de Yucatán es altamente vulnerable y los gobiernos no deben promover ni autorizar proyectos que no sean adecuados para los tipos de suelos que tenemos en el estado.

“Así como no le puedes dar las mismas vitaminas o medicinas a los niños que a los adultos, los suelos no pueden recibir las mismas sustancias”, explicó la doctora Aguilar.

Cuauhtémoc Jacobo, integrante del Consejo Ciudadano por el Agua de Yucatán, expresó a propósito de este taller que megaproyectos, como las megagranjas porcícolas, no son compatibles con nuestro suelo y acuífero.

En su mensaje de bienvenida, una joven de Santa María Chí expresó que los jóvenes ahora tienen más conocimiento sobre el problema de la granja porcícola, la cual lleva operando treinta años en la comunidad. También agradeció todo el apoyo que han recibido de personas y organizaciones de fuera de la comunidad. Por su parte, el subcomisario expresó que son una “pequeña comunidad” (de alrededor de 500 personas), pero con “grandes amigos”, como el Consejo Ciudadano por el Agua de Yucatán, el Frente Campesino en Defensa de la Tierra y de la Vida y comunidades como Sitlpech, Yaxkukul, Hunucmá y Mérida. “Con la salud de los jóvenes y los niños no se juega”, enfatizó el subcomisario.

En las mesas de diálogo de la kermés se dio a conocer el problema que vive Santa María Chí: desde la proximidad de la granja a las viviendas (a menos de 300 metros), la contaminación del agua —“ya no se puede regar con ella, bañarse, darle a los animales”, explicó una vecina de Santa María—, las enfermedades relacionadas con la contaminación y los incendios, las denuncias infundadas en contra del sub comisario —“una injusticia, porque él estaba viendo por su comunidad”, señaló la vecina—, la magnitud de la granja —78 naves con 600 cerdos cada una, para maternidad, destete y engorda—, el incumpimiento de las normas por parte de la granja, el constante tráfico de camiones llenos de cerdos, entre otros problemas.

Vecinos de Sitilpech, Yaxnic y Hunucmá también expusieron los problemas que están atravesando en sus comunidades. “Ya empezó la política”, pronunció un vecino de Sitilpech a propósito de los tiempos electorales, “ya comenzaron a repartir carne”, pero “lo que queremos es el agua. Estamos luchando por nuestros nietos”.

El subcomisario de Santa María Chí denunció la falta de respuesta del gobierno municipal de Renán Barrera. “¿Si no puede apoyar a una comisaría de 500 habitantes, cómo va a gobernar para 2 millones de personas?”, cuestionó a propósito de las aspiraciones del alcalde a la gubernatura del estado.

No obstante, no todo fue denuncia. Se celebró el logro de una suspensión parcial de la granja. “Como pueblo, hemos ganado que se cierre el acceso”, manifestó el subcomisario de Santa María.

Una de las mesas estuvo dedicada a la importancia de la participación ciudadana para la defensa del agua. Una niña de Santa María Chí expresó que “como niños queremos un planeta limpio, no más olor a cerdo (…) no más contaminación, no más agua sucia”. Teresa Vaught, Rosario May y Sofía Lázaro, integrantes del Consejo Ciudadano por el Agua de Yucatán, enfatizaron la importancia de la Iniciativa ciudadana de la Ley General de Aguas. Ya sea por los problemas de escasez de agua en el norte o la contaminación del acuífero en la península, es necesario actuar. “No podemos seguir haciendo como si no pasara nada”, señaló Vaught. “Todos podemos participar”, invitó Rosario May, “lo único que puede marcar una diferencia es la participación ciudadana”.

Por su parte, Sofía Lázaro expuso algunos mitos en torno al tema: la idea de que todos somos culpables del problema de la contaminación —“todos contaminamos”—, cuando, en realidad, existen actores con mayor responsabilidad. “No es lo mismo [los desechos de] una granja de 40 mil cerdos que los de una persona”. También criticó la idea de que el problema es demasiado grande y de que no se puede hacer nada al respecto. “Existen alternativas”, señaló, pero “primero tenemos que informarnos, conocer nuestro territorio kárstico”.

La kermés, con un notable trabajo de organización por parte de las y los vecinos de Santa María Chí —para la preparación y venta de alimentos, las instalaciones técnicas para la música y el baile, entre otras cuestiones logísticas— es un ejemplo en sí mismo del cambio posible.

El 20 de agosto, las calles de Santa María Chí no fueron la zona de tránsito de camiones llenos de cerdo, sino que fue el espacio en el que familias —incluyendo muchas niñas y niños, quienes también tuvieron algunas actividades coordinadas por Citlalli Canul y Nicte Ha Canul, estudiantes de Desarrollo y Gestión Interculturales— pudieron comer comida saludable, conocer más sobre el territorio kárstico de Yucatán y sobre los problemas que atraviesan diversas comunidades del estado. Fue un espacio de fiesta, música y baile, de celebración del agua y de la vida. Una demostración de lo que es posible cuando las personas se organizan.— Mérida, Yucatán.

rodrigo.llanes.s@gmail.com

Investigador del Cephcis-UNAM

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