El domingo pasado se conmemoróa el bicentenario del Congreso de Yucatán. Con poco menos de ocho meses en función, el “Primer Imperio Mexicano” habría fracasado en su intento por consolidar un proyecto de nación, posterior a la consumación de la Independencia de la corona española. Gracias a ello, el Congreso Nacional nombraría un “triunvirato” compuesto por Nicolás Bravo, Guadalupe Victoria y Pedro Celestino Negrete, para que éstos hicieran las veces del Ejecutivo en lo que se encontraba una forma de mantener a las provincias unidas.
Sin embargo, esta situación generaría incertidumbre en algunos Estados, como Jalisco, Oaxaca, Zacatecas y Yucatán. En nuestra entidad, durante abril de 1823, la Diputación Provincial rechazaría la autoridad del Congreso Nacional y llamaría a conformar una Junta Provisional de Gobierno que se encargaría de la administración local; para el 29 de mayo de ese año, la Diputación proclamó a Yucatán como una “república federada” y consideró que solo se integraría a México si se adoptaba la misma forma de gobierno para el país.
Así pues, en lo que se encontraba la tan esperada estabilidad desde la capital del país, en Yucatán la Junta Provisional realizaría las gestiones necesarias para expedir su propio texto constitucional, razón por la que necesitaban conformar un Congreso local sólido.
Fue un 20 de agosto, de 1823, cuando se instalaría el primer Congreso Constituyente, mismo que se denominaría en aquel entonces como “Augusto Congreso Constitucional de Yucatán” presidido por primera vez por el diputado Pedro Manuel de Regil e integrado por 23 representantes.
Fundamento
De manera paralela, el Congreso Nacional promulgaba la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos de 1824, misma que sirvió como fundamento legal para expedir el primer texto constitucional yucateco el 06 de abril de 1825. Para este entonces, los artículos segundo y tercero de la Constitución local ya consideraban a Yucatán como Estado libre y soberano que formaba parte de la confederación de entidades que componían la República mexicana.
Han pasado ya 200 años de aquellos acontecimientos pero algo es claro, Yucatán se ha mantenido en el transcurso de ese tiempo como una de las entidades “de avanzada” en materia de democracia.
Es evidente, después de lo hasta aquí dicho, que la postura de Yucatán durante el siglo XIX fue fundamental para el federalismo mexicano. Asimismo, el fortalecimiento de la actividad parlamentaria ha sido uno de los mayores aportes de nuestro Estado; en 1841 el Congreso del Estado se conformó por primera vez como un órgano bicameral mediante una cámara de Diputados y otra de Senadores como colegisladores; en 1918, el texto constitucional local consideraba a las mujeres con la calidad de ciudadanas, lo cual les permitiría votar y ser votadas, convirtiendo así al Congreso en el primero del país en garantizar la integración de las mujeres en la vida política.
Desde 1823 son 63 legislaturas las que han caminado por el Recinto Legislativo (numerada a partir de 1862). La historia ha propiciado que, actualmente, el Congreso del Estado se erija como un poder público plural, consciente y garante que representa a la sociedad yucateca en su totalidad; un Poder Legislativo que, de acuerdo con datos del Instituto Mexicano de Competitividad (IMCO), es uno de los que favorece en mayor medida la participación paritaria de las mujeres.
Tras doscientos años de trabajo, luchas, aciertos y errores, el Congreso del Estado de Yucatán tiene hoy una importante misión: proteger los derechos e interéses de la sociedad yucateca. Es un momento histórico del cual debemos sentirnos orgullosos todos los yucatecos. Pensar los cientos de legisladores que han pasado por el Congreso no debe llenar de mucha satisfacción, pero sobre todo estar listos para los retos del futuro. ¡Muchas felicidades!— Mérida, Yucatán.
mariomaldonadoe@gmail.com
Especialista en Derecho Parlamentario y Técnica Legislativa
